EL IMPERIO DEL SOL
Acaso sospechando que los apurados zombis que recorren las calles de Potsdamer Platz yendo de un cine a otro estén a punto de convertirse en su alimento, cuando cae la noche sobre esta ultramoderna área, enormes bandadas de cuervos sobrevuelan las avenidas y se depositan sobre los árboles haciendo un sonido propio de una película de terror. Los cuervos, el frío y la nieve dan al lugar un aspecto tenebroso.
Y dentro de los cines la cuestión no mejora. Los cuervos ya no están, pero los zombis seguimos allí, atosigándonos con oscuras pinturas de un mundo en permanente estado de descomposición. Los filmes que se vieron ayer confirman de algún modo que hay lugar para el horror y la violencia en todas las épocas y lugares.
Tal es el caso del maestro ruso Alexander Sokurov, quien —con su acostumbrada rigurosidad— arrancó aplausos de la platea y transformó a El sol, en claro candidato a los Osos. La película es la tercera en su saga sobre figuras históricas del siglo XX , tras Moloch (sobre Hitler) y Taurus (sobre Lenin), y se centra en el Emperador de Japón Hirohito, en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, cuando debe asumir la derrota y evitar que sus connacionales sean masacrados.
Centrándose en sus momentos íntimos, en sus obsesiones (la biología marina, las estrellas de Hollywood) y sus encuentros con MacArthur, el filme describe el estado mental y la personalidad de un hombre (descendiente de dioses, según la liturgia japonesa) que debe asumir la responsabilidad por las acciones de su pueblo y evitar que corra más sangre, aún a costa de abandonar su “divinidad” y soportar lo que muchos consideran humillación y vergüenza.
Otro notable y duro filme fue el thriller francés El latido que mi corazón se salteó, de Jacques Audiard. Romain Duris es un hombre que hace el trabajo sucio de echar a “okupas” que no pagan sus alquileres. En paralelo, es un pianista frustrado que retoma la práctica. Con ritmo y nervio narrativo, Audiard hace propia esta remake de Fingers (James Toback, 1977) transformándolo en un policial negros francés que disfrutarán quienes gustan del género.
Otras dos películas que pasaron por la competencia fueron prácticamente ignoradas por la crítica: el filme Sometimes in April, de Raoul Peck, nueva exploración sobre la masacre de Ruanda; y lo nuevo de Alain Corneau, Les mots bleus, drama sobre la relación entre una madre y su hija, que provocó un rechazo casi unánime.
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