EL IMPUESTO A LA RIQUEZA CADA VEZ SE EXTIENDE MÁS A LA CLASE MEDIA
Juan Ramírez compró en abril de 2001 un departamento de tres ambientes por el cual pagó 90.000 pesos, que en esa época eran lo mismo dólares. Como no posee otras propiedades ni tiene auto, ni depósitos bancarios, no está alcanzado por el impuesto sobre los Bienes Personales, que sólo afecta a quienes tienen un patrimonio superior a 102.300 pesos. Este tributo, también es llamado “impuesto a la Riqueza” porque en su origen el objetivo era gravar a quienes más tienen.
En cambio, en agosto de 2005 Mónica López compró un departamento de 2 ambientes y lo pagó 45.000 dólares. Con el nuevo precio del dólar, ese inmueble le costó el equivalente a 130.500 pesos. Por eso, debió anotarse en el impuesto a la Riqueza y pagar 141 pesos.
¿A qué apuntan estos ejemplos? A destacar que López, aunque tiene inmueble de menor valor, paga el impuesto, mientras que Ramírez no lo paga, aunque su departamento es más caro.
¿Por qué se produce este fenómeno? Es por el efecto combinado de factores económicos y también ingredientes políticos. Por un lado, el valor de los bienes fue subiendo por los mayores costos, la devaluación, la mayor demanda y la presión inflacionaria general. Y por otro lado, está la decisión del Gobierno de mantener sin actualización el monto base a partir del cual se debe pagar el impuesto, que se mantiene en 102.300 pesos.
Por ahora el Gobierno evitó comprometerse a revisar ese tope de Bienes Personales, ni tampoco el que rige para determinar el nivel a partir del cual los trabajadores en relación de dependencia pagan Ganancias. Entonces, por la inflación cada vez más gente estará alcanzado por estos impuestos. Y los que ya los están pagando, pagarán más aunque el poder adquisitivo del salario o el valor de sus bienes en términos reales, sean inferiores a los que tenían antes de la devaluación.
Si una persona tenía en 2001 bienes por 102.300 pesos no pagaba el impuesto porque no superaba el monto mínimo. Si esa persona conserva actualmente los mismos bienes su patrimonio nominal creció: por la inflación valen en pesos un 50% más. Así, los mismos bienes pasarían a valer 153.450 pesos. Y su dueño tendría que pagar 255,75 pesos.
Esta es una situación similar a la que ya detalló Clarín con el impuesto a las Ganancias, que no grava los bienes sino los ingresos, ya sea salario, jubilaciones o rentas. Ahora hay medio millón de empleados en relación de dependencia que pagan Ganancias. En 2001 eran 300.000. Y los que vienen pagando el impuesto, ahora pagan más.
Lo que pasó es que el Gobierno no fue ajustando por la inflación o por la suba nominal de los salarios el mínimo no imponible y las deducciones del Impuesto a las Ganancias. Entonces cada aumento nominal de los salarios, aunque no compense la suba inflacionaria, obliga al trabajador a pagar más Ganancias.
En otras palabras: ganando lo mismo o menos en términos reales, el impuesto se lleva una proporción mayor del ingreso del asalariado. Entonces una parte de las mejoras salariales nominales no va al bolsillo del trabajador sino es absorbida por Ganancias.
Según la opinión de los expertos, esto genera una situación de injusticia tributaria, ya que no se cumple la premisa de dejar afuera del impuesto a los que menos tienen o ganan.
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