EL LOCO DE LA ESCOPETA VOLVIÓ A ATACAR
El “loco de la escopeta” volvió a atacar. Esta vez repitió su escenario: el viaducto Avellaneda, al igual que en el ataque anterior del mes de febrero, aunque en el otro extremo: a la altura de avenida de la Travesía. Y también su blanco preferido: una unidad del transporte urbano de pasajeros.
El tercer elemento que lo señala como el autor es el calibre del arma utilizada: una escopeta 12.70. Todo se desató a las 16.45 cuando el interno 20 de la línea 107 circulaba de norte a sur por bulevard Avellaneda en dirección al centro y el atacante viajaba hacia la zona norte por el carril contrario.
Esta vez el impacto de la perdigonada destrozó la segunda ventanilla del lado izquierdo detrás del chofer, haciendo estallar el vidrio que terminó lastimando levemente a dos mujeres.
El detalle singular de este ataque es que el conductor de la unidad declaró en sede policial que había visto un vehículo al momento del impacto que circulaba de frente: “un utilitario Mercedes Benz 608, color gris o blanco con una franja roja”. Esta es la primera vez que se aportan datos tan precisos de un supuesto agresor, que alentó a los investigadores que siguen desde hace tiempo las andanzas del desconocido “por la altura que tiene este vehículo”, confesaron teniendo en cuenta que muchos de los impactos anteriores fueron efectuados desde unidades de una altura tal que permiten que los impactos ingresen casi en forma perpendicular al colectivo.
Una vez más el loco de la escopeta le disparó a un coche del transporte urbano de pasajeros. En la tarde de ayer atacó a un colectivo de línea 107 en Avellaneda y Humberto Primo, a metros de avenida de la Travesía. El tiro impactó en una de las ventanillas del colectivo mientras ascendía por el viaducto con dirección al centro de la ciudad.
La perdigonada dejó rastros en el marco superior de la segunda ventanilla izquierda, donde viajaba sentada Graciela, una joven de unos 30 años que solo tuvo algunos cortes en sus manos, fruto de las astillas en las que se convirtió el vidrio que recibió el impacto. Visiblemente conmovida por lo ocurrido, y mientras era asistida en una ambulancia del SIES, confesaba que había tenido “un Dios aparte”.
En la unidad también venía una mujer policía con su bebé en brazos. Su relato fue sumado al expediente pero según confió ante las cámaras de medios locales no pudo ver mucho.
En tanto el chofer de la unidad, un hombre de unos 50 años de apellido Bravo, relató ante los medios de prensa y luego lo ratificó en sede policial que había visto a un utilitario circular en sentido contrario descendiendo el viaducto, en el momento de la explosión. “Era un 608 blanco”, alcanzó a decir a la prensa local. Después aclaró ante la policía que era “de color blanco o gris, y que tenía una franja roja”.
El modo de identificar la marca y el modelo tan claramante despertó el interés entre los pesquisas. El hecho que sea un conductor acostumbrado a ver este tipo de vehículo en la ciudad es un punto a tener en cuenta. El otro es la altura que tiene el utilitario señalado ya que en anteriores ataques las pistas llevaban a sospechar de unidades de gran porte como camionetas, furgones y hasta camiones. Las sospechas se centraban en la forma que en otras oportunidades, al igual que en ésta, las pericias balísticas arrojan un trayecto prácticamente perpendicular de las municiones, lo que evidencia que se hicieron desde una altura importante.
El último ataque se produjo el 20 de febrero pasado. Un colectivo de la línea 101 que circulaba por el viaducto Avellaneda, a escasos metros del lugar que eligió para atacar ayer, recibió una ráfaga de perdigones que destrozó el vidrio de la última ventanilla trasera, sobre el lado de los asientos individuales. La lluvia de cristales rotos lesionó levemente a un joven de 21 años que viajaba sentado.
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