EL MACRISMO VUELVE A ENVIARLE SEÑALES POLÍTICAS A LAVAGNA
Desde un sector del macrismo insistieron ayer en enviarle señales políticas al ex ministro de Economía, Roberto Lavagna, convertido —aún sin que de su boca haya salido una confirmación— en un posible candidato presidencial para 2007. Curiosamente, ese mismo status tiene Mauricio Macri, quien sí ha dicho que se siente en condiciones de disputar la Presidencia el año próximo.
La jefa del bloque macrista en la Legislatura porteña, la diputada Gabriela Michetti, sostuvo que, efectivamente, considera “necesario” el diálogo con Lavagna. Textualmente le dijo a la agencia oficial Télam: “Hoy no se puede hablar de alianzas y aunque Mauricio Macri se presentó como posible candidato a presidente, creo que los diálogos con Lavagna son necesarios”.
Michetti integra la mesa chica de Compromiso Para el Cambio, el partido del empresario boquense que ha conformado un alianza electoral-institucional con Recrear, la fuerza de Ricardo López Murphy. Esa alianza es PRO. Por esa cercanía, la de Michetti no es cualquier voz macrista. Su frase puede ser aplaudida por aquellos referentes de CPC que piensan que sería clave un acercamiento político a Lavagna en el caso de que el propio Macri termine jugando en la Ciudad de Buenos Aires en vez de dar la pelea nacional y se postule a jefe de Gobierno porteño.
Un dato: hasta ahora, las elecciones en la Ciudad serán separadas de las nacionales porque así lo dice la normativa vigente. El kirchnerismo ya inició una ofensiva para cambiar eso.
El macrismo está dividido en relación a qué debe hacer su líder y aún no ha resuelto esa contradicción interna. Así como Michetti cree que Macri debería jugar la elección local, otro referente de peso en CPC, Horacio Rodríguez Larreta, encabeza la ofensiva del grupo que piensa que el empresario debe ser candidato a presidente y consolidarse como jefe de la oposición a nivel nacional. Eso sí: parece haber consenso en que si se da ese escenario, Larreta sea el postulante al sillón porteño.
“Por el momento, descarto cualquier alianza con Lavagna”, había dicho Macri desde Alemania, donde asiste al Mundial de fútbol, justo cuando estalló esta polémica interna en su partido. En verdad, no le cerró la puerta a un acuerdo con el economista.
Poco después de esa frase, el radicalismo hizo un movimiento más contundente, que se leyó como el inicio de su encolumnamiento detrás de la candidatura de Lavagna: decidió orgánicamente preservarse como una “alternativa opositora” a Kirchner, descartando así sumarse al frente que impulsa el Gobierno y que tiene elementos radicales.
Consultada por este diario, Michetti, que se autodefine como partidaria de los liderazgos no confrontativos, reafirmó sus dichos. “No me parece irracional ni contraproducente mantener diálogos con los dirigentes que quieren ser candidatos a presidente. Incluso con Lavagna y con Elisa Carrió”, dijo.
Explicó que es una forma de enfocarse en temas no electorales pero vitales para el país. “Argentina necesita una dirigencia política que se respete y se reconozca en acuerdos y consensos básicos sobre reglas de juego y políticas de Estado para que los proyectos en común suenen más naturales y no sean vistos como una traición”, sostuvo.
Es difícil sacarles la connotación electoral a esas charlas posibles, aun cuando ésa sea la verdadera intención de Michetti. Es que toda la carrera presidencial fue prematuramente largada por Néstor Kirchner, primero —con aquel acto multitudinario en Plaza de Mayo—, por la irrupción de Lavagna después y, finalmente, por la aparición del propio Macri diciendo que se ve a sí mismo como candidato a Presidente.
Lo que en el macrismo, en voz baja, se da ya como un hecho consumado es la cada vez más desinflada relación política con el gobernador neuquino Jorge Sobisch con quien, se admite, prácticamente no hay vínculo.
Macri y Sobisch habían ensayado una alianza política de centroderecha según la cual alguno de los dos sería el candidato presidencial del sector en 2007, encuestas mediante. Eso parece hoy improbable y en CPC insisten en la necesidad de privilegiar la sociedad con Murphy, por cierto muy enfrentado a Sobisch.
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