EL MAL ESTADO DEL CORRALÓN MUNICIPAL AFECTA LAS PROPIEDADES VECINAS
Silvia García vive pegado al corralón municipal, por calle Ituzaingó, y hace años que tramita un expediente en el que reclama por el deterioro de su propiedad. Tuvo que arreglar el techo 5 veces, y el viernes se le volvió a caer un bloque de mampostería, sobre la heladera.
Como ella, la mayoría de los vecinos que están sobre calle Sarmiento, se quejan por el traspaso de humedades, olores, ratas, gatos y alacranes, además del inminente peligro de derrumbe que compromete algunos sectores del histórico edificio.
Para Silvia “no es posible que todos los años tenga que estar gastando plata en mejoras para la casa”, sobre todo cuando el problema no es suyo. Ahora está sin trabajo y sus padres reciben una jubilación que no les da demasiado margen para refacciones.
“El viernes se cayó un bloque del techo de la cocina”, en la parte que linda con las cámaras del mercado, y la preocupación de la mujer se debe a que “se está cayendo todo el revoque de la pieza de mi mamá. Aflora humedad del piso de madera, porque al lado hay un sótano que está lleno de agua”. El avance de las humedades se observa en la fachada, que “también se está viniendo abajo”.
Con la boca tapada
No son sólo daños materiales por los que reclama la señora García, sino que la salud de su familia está en juego. Contó que vive en esa casa desde que nació, y sus padres la habitan desde hace 60 años. “Mi papá tiene problemas de pulmones y duerme en la pieza donde hay humedad”, relató la dueña de casa, y contó que el hombre se pone una tela en la boca para evitar la tos que le provoca el polvillo que hay en el dormitorio.
Respecto de las respuestas del organismo de gobierno, declaró que “una vez vinieron a arreglar el patio, porque fui a la municipalidad con los ladrillos que se habían caído”. Por ese entonces sus hijos tenían 2 y 3 años y jugaban en un lugar peligroso. El expediente que inició en el año 2000 no le sirvió de nada, porque “los inspectores nunca solucionaron el problema”.
Si bien es cierto que las viviendas más afectadas son las que están sobre calle Ituzaingó y comparten la medianera con el ex Mercado Progreso, las humedades también se filtran para el lado de calle Sarmiento, donde hay una casa a la que se le está hundiendo el piso.
¡Peligro, ruinas!
Andrés Capellini, vive en Sarmiento al 3300 y fue el encargado de juntar firmas y hacer el reclamo frente a las autoridades, el mes pasado. En la recorrida a la manzana, ofició de intermediario entre El Litoral y algunos de los vecinos afectados.
Además del problema edilicio, se plantea el de la vereda de calle Ituzaingó, “que está destruida”. Por ahí pasan chicos para la escuela, y personas mayores que van a misa, lo que representa un peligro muy grande porque la mampostería de los balcones que dan a la calle corren serio riesgo de derrumbe.
Para argumentar sus dichos mostró el corralón por dentro. Una vez traspuesta la entrada del ex Mercado Progreso, posibilitada por la “ausencia, desde hace tiempo, del portón principal”, se puede observar una porción de las ruinas urbanas que existen en la ciudad.
Una viga a punto de desmoronarse, la fosa que da al sótano está tapada con maderas podridas, y los desperdicios acrecientan el mal olor que por sí solo provoca la humedad.
Los empleados se quejan, pero por lo bajo. El temor a las sanciones o pérdida del empleo, no les permite denunciar que en vez de baño tienen una letrina; el sitio carece de agua corriente, hay cables cortados, mugre, y en algunos recintos el aire se torna irrespirable. Los días de viento deben mirar al cielo (faltan partes del techo), para que no los sorprenda la caída de alguna chapa suelta.
Fauna urbana
Otra queja refiere a la fauna del corralón, porque como había ratas, dejaron proliferar los gatos, y ahora son varios los que se disgustan con la llegada de estos animales trasnochadores que invaden patios y techos. Como si fuera poco, los días de calor pululan los alacranes.
Pero aparentemente no son sólo los gatos los que aprovechan la oscuridad para merodear los tapiales y techos del barrio. Capellini marcó una por una las casa que fueron asaltadas en los últimos tiempo, y de su cuadra sólo quedaron unas pocas sin señalar.
Al faltarle el portón principal de calle Ituzaingó, la entrada al corralón es accesible para cualquier transeúnte. Una vez adentro sólo queda ingeniarse la forma de trepar por las paredes, y alcanzar las banderolas -algunas fueron selladas-, que dan a los patios y tejados de los vecinos.
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