EL MATADOR DE CARRERAS FUE DENUNCIADO PERO ESTÁ LIBRE
Miguel Esteban Carreras tenía 23 años, era padre de familia y, mientras aprendía el oficio, trabajaba con entusiasmo en un taller de electromecánica. La opinión que de él tenían sus familiares, patrones, compañeros de tareas y vecinos es coincidente. Era, desde todo punto de vista, un buen muchacho. Ayer, tras una penosa agonía, Carreras falleció en el hospital público y esta tarde sus restos fueron inhumados en el Cementerio Municipal.
La muerte de este joven, a quien el 2 del corriente descargaron a quemarropa una perdigonada fulminante, es algo que subleva. En Santa Fe, departamento La Capital, suman 42 los homicidios registrados en lo que va del año, pero éste es un caso singular, que tiene tanto de absurdo como de gratuito. Fue decididamente injusto que Carreras cayera herido cuando con los brazos en cruz salió a pedir que cesara una acción violenta.
El muchacho regresaba a su casa después de festejar junto a sus compañeros el día del trabajo, cuando se involucró en un incidente. Algo le dijo que debía interceder en favor de un chico de la vecindad a quien dos desconocidos, cubiertos por un tercer hombre armado de escopeta, golpeaban brutalmente. Carreras entró en escena para pedir a unos que cesaran con el castigo y a otro que bajara el arma. Un disparo fue la respuesta.
Cerca de casa
Los hechos referidos ocurrieron en los primeros minutos del 2 de mayo en el barrio Sarmiento. Más precisamente, el infortunado muchacho cayó herido en la esquina que forman las calles Arseno y Padre Genesio. A no más 300 metros de ese lugar, en Ignacio Crespo al 7600, la compañera de Carreras aguardaba su regreso junto a su pequeño hijo, de apenas seis años de edad.
Es curioso, pero de este nuevo suceso criminal no se tuvo noticia hasta ayer a la mañana cuando tras la muerte de Carreras, sus familiares llamaron a este diario. Entonces dijeron que los asesinos, denunciados en la Seccional 10a. con nombre y apellido, aún siguen en libertad. “En la Comisaría nos dijeron que no iban proceder hasta tanto Esteban no concurriera a declarar”. Y Carreras no declaró, porque dada la gravedad de su estado, nunca estaría en condiciones de hacerlo.
Nuestros entrevistados, atentos al tratamiento que la policía dio al caso, temen que lo ocurrido el 2 de mayo en las calles del barrio Sarmiento sea interpretado por los vecinos de la ciudad como uno de tantos crímenes que resultan de enfrentamientos armados entre pandillas rivales.
Como un hijo
Los empleadores de Carreras reforzaron con sus dichos la imagen que de él guarda el vecindario. Dijo uno de ellos: “Hace un año que estaba con nosotros. Excelente persona. Era educado y buenito. Lo siento como si esto le hubiera pasado a un hijo mío”.
Dijo otro: “No se metía con nadie. Era amigable. Aprendía el oficio, pero lo orientábamos porque le teníamos fe y lo queríamos mucho. Sabíamos que tenía un nene de 6 años y que vivía con una chica. Todo era para ese chico. Vivía para esa criatura. Cuando lo hirieron volvía de pasar el día con los compañeros de trabajo. El 1° de Mayo vio esa pelea, intervino y le tiraron a matar”.
Sobre este punto, el que refiere la desafortunada decisión de Carreras de poner fin al conflicto, recordó un testigo de los hechos: “El muchacho fue con los brazos abiertos pidiéndoles que dejaran de golpear a ese chico. También le pidió al otro que bajara la escopeta, pero ése le tiró a matar”.
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