El mate
Hace 40 años que Willy vive en el monte misionero, donde llegó un día para ser maestro rural. El único ratito que Willy dejó el monte fue cuando los milicos del proceso lo vinieron a buscar para que se deje de joder con enseñar -justamente en el monte- quien era ese mocito que nació ahí, en ese lugar que se ve desde donde ahora Willy ceba unos amargos, ese tal Ernesto Guevara.
A Willy lo llevaron sus alumnos el 24 de marzo del ’76. Lo más lógico. En Montecarlo todos los pobres -hasta los que se hicieron policías- fueron alguna vez alumnos de Willy.
Willy es generoso. Como el Tío Alberto de Serrat ‘da todo lo que pueda dar, su casa está de par en par’ y como el maestro que homenajeó el vasco Patxi Andion, sufrió que ‘las buenas gentes del pueblo, han escrito al Ministerio porque dicen que no está claro cómo enseña este maestro’. Pero eso sí, por nada del mundo Willy se desprende del mate, ese mate, un mate entre los mates que integran su colección de mates.
Ese mate porongo, todo escrito con palabras indescifrables, no es cualquier mate. Ese mate acompañó a Willy en su celda, en la prisión de Candelaria.
Los perros de la dictadura no se contentaron con apartarlo a Willy del monte, de sus alumnos, de su Morena y su Chango. Le tomaron la libertad y un día también le secuestraron el mate.
Todos los milicos de la prisión de Candelaria se creían que Willy escondía palabras subversivas en la piel de madera de su viejo mate. Fueron a buscarlo y se pasaron el mate unos a otros. Leyeron y releyeron pero no entendieron.
“parturium montis nascetur ridiculus mus”. “Cartago delenda est”. “Intribulaciones potientis”. “Per áspera at astra”. “Omnis cuid petit accipite et cuid querid invenit et pulsanti aperietur”. “Duc in altum”. “In hoc signos vincis”. “vae victis!”. “fugit irreparabile tempus”. “ama et fac quod vis”. “estote sobrius”. “sursum corda”. “guta cavat lapidem”.
“cogito ergo sum”.
Willy había llenado su mate de proverbios en latín. Una forma de insuflarse ánimo, de abrazarse a una idea de victoria posterior que racionalmente se sabía lejana pero que el corazón andaba necesitando para no aflojar.
Ahora Willy lee sin rencor. que “parturium montis nascetur ridiculus mus” es decir “parieron las montañas y nació un ridículo ratón”.
“Cartago delenda est”. (Traduce porque no se ven milicos en la zona): “Cartago debe ser destruida”, era la frase de Catón. Y Cartago tenía una milicada de mierda, como la nuestra. Por eso Willy hace hincapié en el “debe”, como si fuera una obligación. Y luego se dice “Intribulaciones potientis”, que es “en tribulaciones, potencia!”. Hacéte fuerte cuando hay tribulaciones, dice Willy, rememorando a San Pablo. Y sabe más. “Per áspera at astra”. “Por el camino más escarpado se llega los astros”, anotó de un diccionario latino. Y se aferró a Jesús. “Omnis cuid petit accipite et cuid querid invenit et pulsanti aperietur”. “Todo lo que pidieres se os dará. Y si buscas encontraréis y si golpeas la puerta se os abrirá”.
“Duc in altum”. “Guía la nave al centro del mar”, porque hay que tener coraje, como les reclamó Cristo a los Apóstoles. Y anotó “In hoc signos vincis”, que es que “con este signo vencerás”; éste, el símbolo de la cruz, que significa dolor, sufrimiento y sacrificio. Y siguió anotando “vae victis!”. “Ay de los vencidos!, que es una sentencia popular que usaba Perón, ese criollo reivindicador que él supo abrazar y por el que también iban presos muchos maestros del monte.
Y los milicos seguían pasándose el mate, sin cebar y sin leer que ” El tiempo huye irremediable”, que “ama y haz lo que quieras”, que “sé sobrio”, que “arriba los corazones”, que “la gota horada la piedra”, y que “pienso, luego existo”, hasta que, abrumados, se lo devolvieron.
Willy Maerker, a los 67, se cree que se jubiló pero continúa enseñando. 29 años después sigue en el monte, apurando amargos con su mate y rememorando al Che Guevara. Si hubieran estudiado latín, los milicos de Videla habrían aprendido que ridículos ratones no acaban con ningún maestro del pueblo.
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