EL MERCADO NORTE ESTÁ SUMIDO EN EL ABANDONO
Lomo: $ 5,70. Pulpa especial: $ 4,50. Brazuelo: $ 4,10. íNo corra a comprar estas ofertas! Así quedaron, congeladas en el tiempo de esplendor del Mercado Norte, las pizarras de precios de las carnicerías.
Hace tres años que cerró sus puertas definitivamente. Y la decadencia se apoderó de un espacio que supo ver la gloria. Hoy funcionan un par de oficinas municipales y algunos comercios frentistas que sobreviven de aquella época.
Vacío, oscuro, sucio. Así está hoy. Envuelto en una maraña de telarañas.
Construido entre los años 1927 y 1930 del siglo pasado, fue un acontecimiento para los vecinos del barrio Constituyentes. Hasta el tranvía ingresaba desde el Matadero Público, con sus vagones cargados de reses. Los pollos se desplumaban adentro, mientras los changarines descargaban la mercadería, los carniceros elaboraban exquisitos chorizos y los puesteros ordenaban la fruta y la verdura fresca.
Algunos de los que construyeron su historia junto al Mercado, permanecen allí, añorando el murmullo de las amas de casas (y sus niños) que lo elegían cotidianamente para llevar productos frescos al hogar. “El movimiento era incesante”, aseguran mientras comparan con nostalgia el caminar pausado de los pocos vecinos que hoy transitan por las calles Santiago del Estero y Urquiza.
Historias con nostalgia
El kiosco de revistas de Rubén Gervasio Rodríguez es una marca registrada en la vereda que corre de este a oeste. Lleva el nombre de su mujer, Belkys, con quien desde hace 45 años comparte el trabajo. El cierre del mercado implicó un antes y un después para el pequeño comercio: “Teníamos un movimiento continuo de clientes, ahora sólo reparto las revistas que tengo encargadas y nada más”. Mientras Rubén dedicaba varias horas del día a su trabajo de mozo en el bar de la esquina, ella se encargaba de las ventas del kiosco. “Cuando llegaba había largas colas de gente esperando para entrar a comprar”, recordó la mujer.
Desde hace un cuarto de siglo, Marta Quaglia atiende su negocio de plantas a mitad de la cuadra. “El mercado abría a las 7.30, pero el movimiento terrible comenzaba desde las 4 de la mañana cuando venían los matarifes y los muchachos ayudaban a descargar las verduras y la carne”.
Hasta la irrupción de los supermercados ése era el lugar por excelencia para abastecerse con productos frescos. Sin olvidar los Mercados Central (Plaza del Soldado) y Progreso (frente a la plaza Pueyrredón).
“Venía muchísima gente. Era una maravilla porque se vendía todo lo que uno buscaba en alimentos frescos: carnes, pescados, pollos, fiambres, verduras, pastas, pan. Era un mercado de comestibles y tenías puestos de distinta categoría, cada uno se caracterizaba por su producto”.
Y llegó la decadencia
Poco a poco, los negocios se fueron esfumando. Cada año eran menos los puestos en actividad, hasta que en 2003 el último apagó la luz.
“La gente se fue poniendo grande, sus hijos no quisieron tomar las riendas del negocio y abandonaron. Los puestos fueron quedando vacíos”, contó Marta, quien al principio no entendía por qué no volvían a ocuparse.
“Hasta que quise alquilar uno de los locales para agrandar mi negocio y fui a la Municipalidad. Me explicaron que tenía que pagar la deuda que había dejado la inquilina anterior, lo cual me pareció un absurdo. Pero estaba decretado así”.
Además de una buena limpieza, los techos reclaman arreglo porque las grandes goteras dejan penetrar el agua de lluvia. El sótano “es enorme, sería la mejor playa de estacionamiento de Santa Fe, pero hoy está mugriento porque allí tiran toda la mercadería que decomisan los inspectores municipales”.
José Negrete tiene su carnicería y chanchería sobre Santiago del Estero. “Desde el ’80 y hasta el ’98 estuvimos adentro. Los primeros años estaba lleno de comercios y venía mucha gente porque en ese tiempo no había supermercados y todos compraban acá”.
Para él, gran parte de la culpa de la decadencia la tiene el municipio “porque desde 1996 no permite la adquisición de puestos entonces cierra uno y nadie puede abrir otro comercio en su lugar. Debe haber unas 20 solicitudes por puesto”. Por el lugar que ocupa su comercio paga un canon de 151 pesos. “En algún momento fue caro, ahora es barato, se compensa. Hace 15 años que estamos con el mismo alquiler”.
Negrete también recuerda la época de gloria del mercado con nostalgia. “Vengo de una generación de familia que trabajó en el mercado desde hace 85 años. Mi abuelo, mi padre, yo empecé en el Central hasta que Coquet en el ’80 lo cerró y nos mandó acá”.
Silencio y soledad
Los comerciantes reconocen que es notable la cantidad de interesados en reactivar la actividad comercial del edificio: “Mucha gente se acerca a consultar adónde tiene que ir para abrir un negocio adentro, no sólo del rubro comestible, sino de todo tipo”.
Es que por naturaleza, “esto es un mercado” que supo ser “un paseo para toda la familia”. El único día que permanecía cerrado era el lunes. “El fin de semana era cuando más se trabajaba, el domingo era el paseo de la gente, era un hervidero de gente”, recordó Marta sin poder acostumbrarse al silencio en el que sucumbió su entorno.
“Nunca te acostumbrás al vacío, eso le hace mal a cualquiera. Lo recuerdo con nostalgia y tengo la esperanza de que vuelva a surgir, que vuelva el movimiento con cualquier tipo de comercio”.
Los primeros puestos
Entre 1927 y 1930 se construye el Mercado Norte, antes ubicado en la manzana limitada por 25 de Mayo, Hipólito Yrigoyen, San Martín y Crespo. Esto fue un acontecimiento para el barrio: genera un polo comercial con la llegada de habitantes de distintas partes de la ciudad. Los primeros puestos fueron de Agúndez, Miranda, Bultini, Bugliolo, Fulchini, Bellegoti, Fáez, Ravazola, Lequi, Racagno, Serra, Calamanti, Ferreira, Bolzico, Bergaña, y Macagno. Hasta entonces, en el barrio Constituyentes, no existían carnicerías, por lo tanto el centro distribuidor era el mercado. Recibía desde el Matadero Público el tren de la carne con sus vagones cargados de reses que ingresaban por las vías que corrían por su centro. La mayoría de los changadores y obreros de carga y descarga del mercado estaba constituida por pobladores de los barrios Barranquitas, Villa del Parque, y Santa Rosa de Lima.
Del libro “Barrios Roma y Constituyentes” de Miguel Ángel Dalla Fontana
Un destino para el Progreso
El secretario de Planeamiento de la Municipalidad, Gustavo Giobando, informó que entre las prioridades de su agenda para los próximos 15 días figura iniciar las gestiones para recuperar el deteriorado edificio del Mercado Progreso, restaurándolo para que pueda ser reutilizado. Uno de los proyectos es reunir en su interior varias propuestas culturales que actualmente se encuentran dispersas en la ciudad.
A mediados del año pasado, tras un enfático reclamo de vecinos de barrio Candioti, el funcionario dijo que estaban haciendo estudios para elaborar un pliego de licitación que permita intervenir sobre el mercado convocando a inversionistas privados. Aseguró que la premisa es la recuperación patrimonial del edificio y el uso público de las instalaciones, aunque no descartó que el proyecto combine actividades privadas.
El edificio está emplazado en barrio Candioti, frente a la plaza Pueyrredón. Albergó una pujante actividad comercial, con puestos de frutas, verduras y carnicerías. Desde 1961 pertenece a la Municipalidad y actualmente se utiliza como corralón de depósito de autos en infracción.
Lía Masjoan
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