El mes de la nieve
Siete meses después de Santa Fe, acá estamos, mitigando las ausencias de los más queridos con la hermosura de la naturaleza. En ese sentido, es probable que el mes que acaba de transcurrir haya sido el más cautivante. Neuquén, que acaparó la mayor cantidad de nuestros días de setiembre, es una de las provincias más dotadas. Y además, a su panorama de montañas nevadas y ríos serpenteantes de deshielo, le agrega la impronta de la cultura mapuche que subyace en cada nombre de localidad, o en cada carita de mirada profunda y escrutadora.
La nieve, que este año cayó a raudales, fue protagonista excluyente del viaje. Esperando la primavera aprendimos los del litoral que la nieve, sostenida, es capaz de acabar con la paciencia de un monje y porqué los lugareños la quieren pero con ciertas reservas. Pero más allá del paisaje, hubo un aspecto excluyente a considerar en el recorrido: el roce con las comunidades mapuches. Fue inevitable no compararlo con otras experiencias con pueblos originarios que habíamos tenido en otras provincias. Y fue bien diferente.
La cuestión mapuche no es menor para los que viven en Neuquén. De hecho, todos la miran con atención, muchos con diferentes apreciaciones. En primer lugar, está claro que es la comunidad de pueblos originarios más organizada de la Argentina. Más luego, vale destacar también que de esa organización que les permitió la supervivencia, surgen posturas radicales que se aparecen como mínimo como controvertidos.
El derecho a la tierra es legítimo, claro. Pero lo es para todos, sean o no mapuches. Y en esas discusiones transcurren los días entre los más ortodoxos de la comunidad y otros emigrados al sur, porque la mayoría de la gente con la que uno comienza a toparse, ha venido de otros lugares. Otra cuestión que aparece casi como excluyente de este mes, es –a propósito de la tierra- la compra de grandes extensiones del capital extranjero y la vana protesta de las minorías.
En el balance final, los ojos vieron hasta el hartazgo y, cuando parecía que se embelesaban demasiado, ahí aparecieron las orejas para oír el ruego de los de siempre y ponerlos a estos sobre la tierra. Junto a Neuquén, setiembre nos dio algo del Río Negro cordillerano y algunas grajeas de la situación de los Parques Nacionales, que aquí abundan. Igualmente, eso pasará a formar parte del próximo inventario, cuando los días para el regreso bajen a los dos dígitos.
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