EL MIEDO A UNA CRISIS PROVOCÓ UN DERRUMBE EN LOS MERCADOS
La Bolsa porteña se derrumbó ayer un 8,36%, con lo que sufrió su peor caída en 13 meses y encabezó el ranking mundial de las bajas, al cabo de otra jornada aciaga para los mercados. Los nuevos bonos argentinos (emitidos después del default) también sufrieron el impacto y se desvalorizaron hasta un 4,5 por ciento. La magnitud del derrape demuestra que el mercado local no sólo refleja sino que incluso amplifica la corrida que se registra en todas las plazas del exterior.
Si bien la ola bajista es mundial (las pérdidas llegaron al 4,9% en Asia, al 3,19% en Europa, al 1,26% en Wall Street y al 5,46% en Brasil), las fuertes pérdidas registradas aquí entre el viernes (el Merval cayó ese día un 4,65%) y ayer parecen certificar la idea de que el fenomenal vuelco tiene algún componente local, aunque los analistas no se ponen de acuerdo sobre cuál es.
Mientras algunos ponen el acento en los temores que causa la crisis energética y el impacto que puede tener sobre el devenir de la economía, otros mencionan los escasos avances en la renegociación de la deuda pública en default, mientras se acortan los tiempos para llegar a un acuerdo en un escenario condicionado por tasas en alza; otros refieren a una corrida accionada por inversores que habían financiado sus compras y, ante la magnitud y persistencia de las bajas, optan por vender sus papeles para ponerles un piso a las pérdidas.
La crisis es producto de la inminente decisión de EE.UU. de aumentar sus tasas de interés, que hoy están en el 1% anual (el menor nivel desde 1958) y comenzarían a subir desde junio. Esa medida, que pondrá fin a la era del dinero barato que se extendió por dos años, produce un cambio en el escenario financiero internacional y en los flujos de capitales, algo que los mercados intentan anticipar.
Pero, además, obliga a muchos de los tenedores de acciones y bonos a sincerar sus números, ya que se estima que muchas de las posiciones que en los últimos años habían tomado en mercados emergentes estaban financiadas con dinero tomado en EE.UU. y a tasas muy bajas, por lo que ahora se apresuran a desarmar esas posiciones para hacerse de dólares, una tarea que se les complica porque, además, el dólar tiende a revalorizarse, producto de esta misma situación. Por esta razón, por tercera jornada consecutiva no hubo plazas bursátiles en el mundo que registraran ganancias.
En la región, a su vez, la inquietud se acrecienta porque se teme que el inminente proceso de suba en las tasas dispare una crisis como la vivida a fines de 1994 con centro en México, el llamado efecto tequila. El mayor miedo es que la versión 2004 (de ocurrir) tenga centro en Brasil y, por lo mismo, particular impacto sobre la Argentina. Por eso algunos operadores ya hablan del efecto caipirinha.
La situación es seguida con atención desde el Ministerio de Economía, aunque los funcionarios relativizan sus alcances. Según la evaluación oficial, el mercado local aprovecha el impacto del reacomodamiento internacional para corregir su propia “burbuja”, en alusión a las fuertes ganancias que venía acumulando el mercado hasta mitad de marzo. Por esos recalcan que “no hay temor”, según la frase que utilizó la fuente oficial.
Lo cierto es que la Bolsa porteña no sufría una baja de esta magnitud desde el 28 de abril de 2003, cuando el mercado mostró su desilusión con el resultado electoral de la primera vuelta presidencial que dejó mal parados a sus dos candidatos preferidos: a López Murphy fuera del ballottage y a Carlos Menem adentro pero en condiciones que parecían anticipar una derrota que luego se confirmaría en la realidad.
Incluso, ayer la baja fue mayor que la verificada cuando el gobierno decretó el control a los capitales golondrina (junio de 2003, cuando perdió el 6,84%) y a la del 7,88% de febrero pasado, cuando la relación con el FMI se tensionaba.
El nerviosismo entre los operadores quedó reflejado además en las fuertes fluctuaciones que mostró la cotización del dólar. Tras orillar los 3 pesos en la primera parte de la jornada, retornó a los valores del viernes pasado, es decir a 2,90 y 2,94 pesos para la compra y la venta, respectivamente.
El peso se desenganchó así del fuerte proceso devaluatorio que enfrenta el real en Brasil, pese a que aquí el Banco Central mantuvo su habitual ritmo de intervención, al adquirir otros 45 millones de dólares.
La ola de ventas afecta también los bonos de la deuda, aunque los que están impagos parecen soportar mejor el vendaval (el Global 08 ganó 0,11%). Entre los que se pagan, el Boden 2012 quedó a $ 178,25 la lámina de US$ 100, y su paridad cayó al 60,6 por ciento.
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