EL MINISTRO ROBERTO ROSUA TRAZA SU ESTRATEGIA HACIA LA REFORMA DE LA CONSTITUCIÓN
Cuando se reformó la Constitución provincial, Roberto Rosúa era uno de los más jóvenes convencionales. Desde su banca –por el MID– defendía el caracter de “soberana de la Constituyente”. Ahora, 43 años después, desde su poltrona en el Ministerio de Gobierno sostiene que “los años y la experiencia pueden llevar a modificar criterios” y se carga sobre sus espaldas el proyecto de reforma constitucional que la oposición calificó de “acotado”. “Esta no es la reforma de Obeid, es la reforma del consenso”, sostiene, argumentando que “sobre la autonomía y otros puntos hay acuerdo” y deja abierta la puerta para que se incluyan otros temas: “habrá más, pero si decimos eso nos meten un vagón”. A partir de mañana comenzará la consulta a los partidos políticos que según sus cálculos “no durará más de 10 días” y aunque reconoció que “personalmente puedo estar a favor de la unicameralidad” sostuvo que “no tiene consenso” y agregó un elemento lapidario: “ningún Senado vota su liquidación”.
Con el diploma de convencional constituyente de 1962 en su portafolios, Roberto Rosúa sale al ruedo anteponiendo al principio de representatividad –que esgrime la oposición– el de gobernabilidad. “Así lo vimos nosotros por entonces y el tiempo nos dio la razón”, sostiene. Ciertamente hay elementos para refutar esa posición, pero el que se suba al ring deberá enfrentarse con un peso pesado.
–Revisando los archivos de la época encontramos los dichos de un joven convencional que reclamaba “la soberanía de la convención constituyente para tratar la reforma”. Era 1962 y el nombre del constituyente era Roberto Rosúa.
–Sí, fui convencional por el MID. En primer lugar le quiero decir que en 42 años, uno puede cambiar de opinión, sobre todo por la experiencia que se va acumulando y eso puede llevar a modificar criterios.
–Pero sucede que usted ahora tiene que pilotear una reforma que la oposición ya ha calificado de “acotada”.
–Yo me atengo a la necesidad de que en un proyecto de reforma, tenga el especialisimo cuidado de sujetarse a las normas que la propia ley que la propicia ha determinado. De lo contrario se correría el riesgo de encontrar más problemas que soluciones. Para ser claro, el apegó a la teoría constitucional puede resultar interesante pero inconducente, la constituyente se debe manejar dentro de los márgenes que la ley la convocatoria estable.
–Si bien todas las reformas tienen un marco de referencia –la de 1853 eran los “pactos pre-existentes”, la reforma de 1994 el “núcleo de coincidencias básicas”– esta reforma es la que quiere Jorge Obeid, sin más.
–Esta reforma de Obeid, no es lo que quiere Obeid, esta reforma es lo que Obeid recogió como que tiene consenso en todos los sectores. No hay un solo sector de la política ni de la sociedad santafesina que no crea que haya que consagrar la Autonomía Municipal. Lo mismo sucede con el tema de los jueces, los mecanismos de democracia semidirecta…
–El problema no es lo que está, sino lo que falta.
–Es que en eso que usted dice que “falta” no hay consenso. Que yo sepa no hay unidad de criterio total –como si lo hay en los temas que le decía cuando me interrumpió– en cuanto a la unicameralidad o bicameralidad o a la representatividad.
–Pero no hubiera sido mejor convocar al diálogo con los partidos antes de definir el contenido de la reforma, y no al reves, que es poner el carro delante del caballo?
–El problema es así: nosotros estamos abiertos a incorporar al proyecto original todo aquello que tenga consenso, si hay propuestas superadoras no habrá problemas. Lo que no estamos dispuestos a incorporar son algunas cuestiones que no tienen consenso y que la experiencia nos demuestran que tenemos razón.
–Darle una mayoría automática de 28 diputados sobre 50 al partido que gana así sea por un voto no se sostiene, no hay lugar en el mundo que tenga un sistema de este tipo.
–Mire, en Estados Unidos la primera presidencia de George W Bush, sacó menos votos que Al Gore y ahí esta, ahora reelegido.
–Y eso le parece que está bien?
–Juzgado así, sin análisis es criticable, sin embargo como no hay ningún sistema electoral puro, perfecto, sin resquicios, lo que hay que establecer es el principio que se debe privilegiar. Para ser más claro; cuando en 1961/62 veníamos de salir del golpe de la Libertadora y de la inestabildad, hemos aprendido a apreciar y a privilegiar el principio de la gobernabilidad sobre el de la representatividad, pero generando una suerte de válvula que no vulnerara la presencia de las minorías que seguían representadas proporcionalmente.
–Pero una cosa no necesariamente debe excluir a la otra.
–Mire, tenemos ejemplos prácticos. Si no hubiera habido mayoría del PJ cuando se voto la “Ley de reparación económica por las inundaciones”, –yo todavía era diputado antes de asumir el Ministerios– hubiéramos corrido el riesgo de desmanes y violencia en la ciudad, porque si bien en las reuniones todos los bloques habían acorado en sacar rapidamente la Ley, a la hora de votar los únicos que levantaron la mano fueron los legisladores del oficialismo, y en la calle había miles de personas que avanzaban sobre la legislatura. Sin la mayoría no hubiera habido ley, y si en cambio un problema tremendo. Es decir el principio de gobernabilidad nos permitió solucionar el problema.
–Un ejemplo contrario a ese podría ser la privatización del Banco de Santa Fe, cuando “la mayoría”, y nadie más, voto para que se lo dieran a los hermanos Röhn, y así nos fue.
–El ejemplo no me parece adecuado, cuando se voto la privatización del banco nadie sabia que los Röhn eran delincuentes. Y en términos políticos, había una opinión generalizada de que el banco debía venderse, que era deficitario…
–Bueno, había sido depredado por la interna peronista…
–Había sido depredado por algunos santafesinos, yo no se de que partido eran.
— …
–Le quiero hacer una aclaración sobre el tema de la mayoría y la gobernabilidad: no es para el Justicialismo, es para el partido que gane las elecciones. El peronismo lo tiene, y si alguna vez gana otro partido, también la tendrá.
–El otro punto conflictivo es la unicameralidad que reclaman los socialistas.
–Sobre este tema hay opiniones muy variadas, y hay un principio que nosotros sostenemos y es el del respeto a la territorialidad.
–En la práctica eso no se respeta.
–Y creo que si, hay que caminar la provincia, el Senador de Vera se siente representante de Vera y trata sus problemas con el Ejecutivo, lo mismo que el de General López, y los otros, lo que sucede es que no siempre se trasunta en la tarea legislativa. Yo personalmente no estaría en desacuerdo con la unicameralidad siempre y cuando hubiera consenso, pero no lo hay.
–Porque el peronismo no quiere.
–No hay consenso. Y lo que no podemos hacer es poner el peligro la reforma constitucional de lo más importante, de lo central, por discusiones en las que no habrá acuerdo. Sería un error político, el nudo de la reforma es la adecuación de la Constitución de la provincia a la reforma de la nacional de 1994. El tema más importante es de la autonomía municipal, y eso está en lo que mandamos a la legislatura.
–Insisto en que el problema no es lo que hay sino lo que falta. Obeid dijo “es ésto o nada”.
–Va haber algo más, pero si el Gobernador no dice eso de entrada nos van a querer meter un vagón…va a haber algo más.
–Pero ni la mayoría automática ni la unicameralidad serán ese “algo más”.
–Eso seguro, de ninguna manera.
–Pero veo que usted filosóficamente está con la unicameralidad…
–Prescindamos de los términos filosóficos-doctrinarios: no hay Senado que vote su liquidación. Ahora yo le pregunto a usted: ¿ vamos a tener consenso ?
–No.
–Entonces si es un escenario inexistente pasemos a otro tema.
–Usted se vino antes de las vacaciones para iniciar el dialogo con los partidos.
–Así es, pero por más que se ofendan, Eduardo Di Pollina del socialismo me llamó desde Villa Gesell y dice que el celular allí no le funciona, así que hablé con Juan Carlos Zabalza para ver como hacemos.
–¿Empieza con los socialistas?
–No, yo quiero empezar con el PJ, pero no se quienes están.
–¿Después?
–Los radicales, porque son el segundo partido en importancia de la provincia, tienen un diputado más y varias comunas que lo socialistas.
–Intentarán reeditar el “núcleo de coincidencias básicas” del Pacto de Olivos, teniendo en cuanta que si los legisladores de la UCR votan la necesidad de la reforma alcanzarían la mayoría especial ?
–Podría ser…pero como le vengo diciendo si encontramos consenso.
–Pero Obeid ya sacó la cuenta y con los votos radicales les alcanzaría.
–Yo creo que también podría votarla el ARI que seguramente podría hacer importantes aportes doctrinarios, con legisladores muy trabajadores.
–¿Cual es el plazo ?
–El reglamento de la ley electoral debería estar listo a fin de abril, porque las consultas son 10 días, no hace falta más, se sabe pronto que va y que no va.
–¿Y usted como lo ve ?
–Yo soy naturalmente optimista, y creo que lo que hay que definir es si estamos dispuestos a sacrificar las 6 o 7 instituciones sobre las que hay consenso, en función de otros aspectos sobre los que no hay coincidencias. Hay que preguntarse si la calidad institucional de la provincia mejoraría o no con esta reforma. En la respuesta está la definición, y yo no tengo ninguna duda de que la calidad institucional de Santa Fe se vería mejorada. Nosotros vamos a abrir la posibilidad de incorporar más instituciones en la medida en que no sean meras tautologías constitucionales, es decir la repetición de cosas que ya está consagradas. Por ejemplo; ¿ quieren discutir el tema del ministerio publico fiscal, porque no ? En definitiva no creemos que haya que solucionar el problema de un partido o de un dirigente sino mejorar la calidad institucional de la provincia. Si la mayoría piensa así, seguramente habrá reforma.
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