El monólogo del aceite
“Soy de Tinogasta. Estudié en un colegio donde se aprende el oficio y bueno, cuando la aceitera vino aquí, fuimos a hacer unos cursos de capacitación a Pomán y empezamos a trabajar. Yo antes trabaja en la cosecha de la uva o la aceituna, después en la poda. Hacía changas. Pero ahora tengo mi sueldo y mi obra social”.
Daniel forma parte de un grupo de chicos que se empleó en uno de los pocos proyectos productivos de la zona. Dicen que muchos no prosperan porque los empresarios, en sociedad con el gobierno, aprovecharon los beneficios de las leyes de promoción para enriquecerse y no hicieron inversiones. En la aceitera, parece que sí.
“La cosecha mecánica no da buenos resultados para los próximos años. O sea, se saca la aceituna pero una especie de ´dedo´ mecánico que tiene la máquina, estira la planta y la deja mala para la próxima cosecha. Por eso hay que hacerla manual. Y eso sirve para dar más trabajo. Además, con la cosecha manual se recoge todo y con la máquina siempre algo queda”.
Un cosechero de aceitunas, el trabajo que Daniel hacía antes de egresar en una escuela que forma en oficios, algo que en la zona es imprescindible, cobra 3 pesos por cada cajón de 20 kilos que recoja. Si es guapo para trabajar diez horas al día, podrá recoger 13 cajones y habrá de ganar casi cuarenta pesos, bastante más que lo que pagan, por ejemplo, por la uva o el algodón.
“Cuando el cosechero deposita la aceituna, ésta se pasa por una cinta transportadora, luego a una deshojadora, que limpia la aceituna, después un filtro imantado saca todo, luego cae y se la lava en otra máquina. En una rejilla se gradúa la cantidad que pasa y cuando queda todo lo que sirve, es probable que de 30 mil kilos, 3 mil hayan sido de tierra y piedra. O sea que se pierde el 10%”
El trabajo que Daniel explica en cinco minutos requiere de 12 trabajadores. Todos son egresados de la escuelita y coinciden en que, de no mediar este emprendimiento, su destino hubiera sido changuear o emigrar. Claro que nadie fue a preguntar porqué las empresas que fueron incentivadas con prebendas legales, no se quedaron a producir en la zona. Pero sigamos escuchando, que pronto tendremos aceite virgen de oliva.
“Después la aceituna va a tres amasadoras, durante dos horas y media, para que se desprenda el aceite. Una vez que se cubre todo de aceite en un recipiente grande, empieza a trabajar una bomba extractora, ya con la masa separada del aceite. Lo que queda vuelve a la tierra, para ararla luego y volver a producir. El 20% del kilaje será aceite, en este caso, extra virgen”.
El aceite que Daniel acaba de producir será envasado por algunas empresas multinacionales que luego lo colocarán como exportación en –por ejemplo- el mercado brasileño. Pero hay muchas otras posibilidades, como la Unión Soviética o Asia. Si Daniel, que ya nos despide tras didáctica charla, quiere comprar en la góndola 1 litro del aceite que acaba de producir, tendrá que pagar entonces 30 pesos. Casi lo que ganaba por día cuando era un cosechero.
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