El Mundial de Baile de Tango convocó a miles de personas
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Unas 5000 personas, muchas de ellas provistas de mate y sillas plegables, aprovecharon el feriado de ayer para ir al Centro de Exposiciones y asistir a la final del Mundial de Baile de Tango. Antes, tuvieron que hacer fila durante poco menos de tres horas para conseguir entradas, pero por la cara de satisfacción con la que salían de las boleterías todos sintieron que la espera valió la pena.
Gracias a esos madrugadores que no dudaron en levantarse temprano aunque no tuvieran que ir a trabajar, en menos de tres horas se repartieron las 12.000 localidades disponibles. Las entradas les garantizan un lugar para ver las dos finales de la competencia, que se disputan en las categorías Tango de Pista y Tango de Escenario, el lunes 26 y el martes 27, en el estadio Luna Park.
"Llega agosto y en Buenos Aires se respira tango. Yo hace cuatro años que vengo a ver el Mundial, y cada vez se ve más gente, incluso jóvenes y extranjeros. Es algo que me llena de orgullo", comentó a LA NACION Norma Filgueira, una jubilada que esperaba en el Centro de Exposiciones.
El Tango Buenos Aires Festival y Mundial es organizado por el Ministerio de Cultura porteño. En su competencia se dan cita 556 parejas de 37 países de todos los continentes, y las rondas clasificatorias y las semifinales se realizan todas en el Centro de Exposiciones, con entrada libre y gratuita para todos los amantes del 2×4. Además, se realizan exhibiciones y espectáculos, también gratuitos, en la Usina de las Artes de La Boca.
La diversidad del público interesado en asistir a alguna de las dos finales se hizo evidente en la fila de ayer. Allí había gente de todas las edades, desde niños y grupos de veinteañeros hasta jubilados, parejas de porteños y turistas. Entre estos últimos se encontraba Yulia Smotrova, una joven rusa de 28 años que vino a Buenos Aires especialmente para el Mundial. "Yo empecé a bailar en Moscú hace unos tres años y no me quería perder este evento. En Rusia el tango es cada vez más popular, y yo me volví una fanática", explicó.
Mientras el público esperaba el turno para conseguir las ansiadas entradas, se organizó una milonga en la calle. Ahí, muchos se animaron a practicar unos pasos y matar el tiempo con lecciones exprés. Sin embargo, a pesar de las evidencias, no todos los que trataban de conseguir boletos eran bailarines.
"Nosotros no sabemos nada de tango, pero nos dio curiosidad y nos pareció que podía ser divertido. La idea es conseguir más entradas y venir con varios amigos", explicaron Juan Perrecat y Teo Casarotti, dos estudiantes de 21 años.
A pocos pasos de ellos también aguardaba Milagros Zelaya, de sólo 10 años. "Yo empecé a escuchar tango cuando mi hija empezó a bailarlo en el colegio, y ahora me contagió el entusiasmo", señaló la madre de Milagros, Lidia Cardoso.
"Estimamos que vendrá un 20% más de gente que el año pasado. En un mundo donde la vecina del séptimo no se conoce con la vecina del octavo, el tango es conexión y cercanía. Por eso creemos que convoca tanto", señaló el ministro de Cultura, Hernán Lombardi.
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