EL MUNICIPIO ROSARINO LANZA UN PLAN DE PREVENCIÓN DE ADICCIONES
La secretaría de Salud Pública de la Municipalidad de Rosario trabaja en un Programa de Prevención y Asistencia de Adicciones que incluye a la población que no consume drogas, la asistencia a las personas en tratamiento y la prevención secundaria para los usuarios de drogas. “En cuanto a la persona que ya es consumidora, se puede prevenir que se acentué el consumo, genere mayores daños a su salud o que incorpore una enfermedad infecciosa. Incorporarlos a un tratamiento es sacarlos del circuito del consumo”, afirmaron la directora general de Programación de Salud, Beatriz Martinelli y la coordinadora del Programa, Silvia Varona. Se presenta así una importante diferencia entre esta acepción de usuario de drogas y la que plantea la directora de la Asociación de Reducción de Daños de Argentina (ARDA) en Rosario, Silvia Inchaurraga.
Desde el Programa de Prevención y Asistencia de Adicciones, se propone la prevención primaria y secundaria. La primera, está pensada para que el que no consume, no consuma. Mientras que la segunda es para el usuario que puede ser ocasional, o no. Eso es caso por caso”. La prevención, se señala, “puede abarcar distintos aspectos” y en referencia a los modos de implementarla, se explicó que una persona puede consumir una sustancia por diferentes motivos, pero que en “lo que tiene que ver con las condiciones económicas, sociales, laborales, puede articularse ‑desde el programa‑ con lo que pueda hacer el estado municipal en relación a espacios como el Centro de la Juventud, la Dirección de Deportes o el área Niñez de la Secretaría de Promoción Social”.
Martinelli y Varona remarcaron que para la segunda parte del programa, se proponen “un convenio de asistencia para las modalidades de atención que no cubra nuestro servicio ‑internaciones prolongadas, hospital de día media jornada o jornada completa‑ a través de convenios con ONGs de la ciudad que tienen estos dispositivos”. Esto abarcaría a “aquellos pacientes que no tengan obra social o que no tengan recursos para financiar este tipo de tratamientos, entonces la Secretaría les otorgaría becas para recibir los tratamientos en estas instituciones”.
Otra cuestión fundamental en el programa es la realización de un estudio socioepidemiológico de sustancias adictivas en la ciudad, que según explicó Martinelli, “no va a ser sólo para caracterizar a los pacientes, sino también para relevar a las instituciones que pueden cumplir las actividades de prevención y de asistencia, tanto del estado municipal como del provincial, y de las instituciones de la sociedad civil”. Además de caracterizar a las personas que consumen sustancias, en cuanto a su nivel educativo, laboral o social, y determinar qué tipo de consultas de salud hace. “A veces -agregó- puede pasar que alguien no consulte en salud mental, pero que sí vaya a un centro de salud en relación a los efectos que esta sustancia le produce. Entonces lo que nosotros hacemos es captar a ese sujeto que no va a una asistencia específica, pero sí concurre al centro de salud”.
Cuando Rosario/12 preguntó a los miembros del Programa de Prevención y Asistencia en base a qué datos realizarían los estudios, debido a que se trata de un sector de la población que se encuentra en la clandestinidad, respondieron: “No todos están en la clandestinidad. Hay muchos usuarios que se atienden en los servicios municipales y en las ONGs”, y agregaron que en los servicios municipales “el 5 por ciento de las consultas en salud mental, están vinculadas a problemáticas de adicción”.
Si bien coincide con plantear la prevención inespecífica para aquellos que no consumen drogas y el uso de tratamientos para los que quieran modificar su situación respecto a los estupefacientes, Inchaurraga planteó que “entre medio hay una gama de cosas que tienen que tener un lugar fundamental que no tienen, y que son la reducción de daños y la prevención específica”. “Hacer prevención inespecífica a la gente que no consume drogas o trabajar con pacientes -agregó-, son dos polos con los que coincidimos, pero hay que reconocer que hay tres pilares con el mismo nivel de importancia: prevención, reducción de daños y asistencia”.
“El concepto clave desde el que pienso al usuario de drogas es el de ciudadano con derechos y obligaciones igual que todo el mundo. Estas personas tienen una estructura de personalidad y conductas asociadas que no necesariamente lo transforman en un enfermo, un delincuente o un asesino. En todo caso la droga ocupa un lugar en su vida con la función de hacerle soportar algún malestar o dolencia”, declaró la directora de ARDA.
Y agregó: “Hay un fenómeno de cierta discriminación que a veces se disfraza en la especialización. El consumo de drogas puede ser algo circunstancial en la vida una persona. A veces las personas mismas llegan con la etiqueta de drogadependiente. Lo que se intenta con esa persona que quiere plantearse un tratamiento, es no tratarlo como un drogadicto, sino verlo, como un sujeto con nombre propio y una historia individual”.
Aunque difiere con el Programa en el modo de conocer cuáles son realmente los actores a los que apuntar, ya que en gran parte se trata de un grupo de personas que no participan de la actividad de los centros de salud, Inchaurraga no descarta la posibilidad de formar parte del mismo.
Este contenido no está abierto a comentarios

