EL MUNICIPIO ROSARINO PREFIERE A LOS CHICOS "EN LA CALLE ANTES QUE HACINADOS EN BOLICHES"
“Prefiero a los chicos en la calle antes que hacinados en los boliches”, aseguró ayer a La Capital el subsecretario municipal de Gobierno, Horacio Ghirardi. De esta manera, el funcionario dejó en claro que el Ejecutivo mantiene la firme postura de obligar a los bolicheros a que respeten la cantidad de gente que puede ingresar a sus locales fijado por ordenanza (tres personas cada dos metros cuadrados). Lo cierto es que el fin de semana pasado los noctámbulos deambularon durante horas para poder entrar a una disco: tres de las más concurridas estuvieron clausuradas por distintos motivos y en las que funcionaron se vieron largas colas por la gran afluencia de gente y la escasa capacidad de los locales.
De hecho, en el boliche para menores Sonic (Maipú al 1000) el sábado por la noche quedaron “más de mil chicos en la calle que tuvieron que ser custodiados por la policía y la Guardia Urbana Municipal”, admitió el titular de la Dirección de Inspección, Claudio Canalis. Es que el dueño de la disco dejó entrar un máximo de 750 chicos, como lo determina una ordenanza municipal, y debió cortar la entrada.
“A las 21 empezaron a hacer cola para poder entrar. Y después, cuando vieron que había más gente afuera que adentro, querían salir y hasta me pedían que les devolviera la plata porque se aburrían”, contó ayer el dueño del único local para menores que hay en la zona centro de la ciudad, Marcelo Groisman. La misma versión se escuchó de la concejala Luisa Donni, quien el fin de semana hizo una recorrida por algunos boliches (Sonic, Gitana y El Eterno): “La calle era un mundo de gente, mientras que el local estaba semivacío”.
“¿Qué es mejor: los chicos afuera, con el tránsito cortado, abajo de la lluvia y esperando por sus padres; o que los bolicheros, más allá de los metros del local, garanticen una evacuación segura ante cualquier emergencia?”, se preguntó la justicialista, que ayer presentó un proyecto de ordenanza que propone, entre otros puntos, llevar la capacidad ocupacional de las disco a cinco personas por cada dos metros cuadrados.
Apretujados en la cola
La postal de los jóvenes paseando por las zonas nocturnas más concurridas de la ciudad se repitió en la madrugada del sábado y domingo pasados. “A los 15 años sí me bancaba que me apretujaran en la cola de un boliche, pero a esta altura de mi vida ni loca espero media hora para entrar a un lugar”, dijo indignada Marianela, quien a sus 27 años ya no está dispuesta a repetir experiencias de la adolescencia.
Martín, de 24 años, salió con su novia y otra pareja con destino a un bar de Güemes y Oroño. Allí no pudieron entrar por la cantidad de gente que había y después de deambular por distintas zonas terminaron en una pizzería de calle Pellegrini que está abierta las 24 horas. “El lugar estaba lleno de personas que habían tenido el mismo destino que nosotros, o sea, terminaron comiendo una pizza en un bar”, contó el joven.
La posibilidad de entrar a un boliche o a un bar estuvo limitada porque tres de las disco más concurridas, como lo son Blue Velvet y Soul Parador (en la zona norte) y Madame (en Pichincha), estuvieron cerradas el fin de semana. Si a eso se suma que se clausuraron otros siete bares, entre ellos Berlín y Sabina, el ingreso a otros locales nocturnos se tornó por demás de complicado (ver recuadro).
Más allá de la postal que se vio el fin de semana, la postura del municipio se mantiene firme. “Vamos a seguir con los controles como lo venimos haciendo. De ninguna manera queremos que este tipo de situaciones perjudique a los jóvenes sino todo lo contrario. Pero tenemos que velar por su seguridad”, sostuvo ayer el intendente Miguel Lifschitz, quien no se mostró partidario de modificar la ordenanza que regula el funcionamiento de los boliches.
En esta misma línea, el subsecretario de Gobierno dijo que “el factor ocupacional es exigente pero oportunamente se debatió y no somos partidarios de cambiarlo aisladamente”. Si bien aclaró que el Ejecutivo no enviará ningún mensaje sobre este tema al Palacio Vasallo, dijo que estarán al tanto de lo que suceda allí porque en definitiva los concejales son quienes tienen la potestad de modificar una ordenanza.
Claro que la discusión no será nada fácil: el bloque socialista ya dejó sentado que se “insistirá en el cumplimiento de la norma vigente”. El radical Jorge Boasso ya había anticipado su negativa en la edición de La Capital del sábado pasado, cuando señaló que “si no hay informes técnicos de expertos, de la policía o los bomberos, ni loco levanto la mano”.
Después de que más de mil chicos quedaran afuera del boliche Sonic desde las 22 del sábado hasta las 2.30 del domingo, el debate sobre el factor ocupacional quedó instalado públicamente. Pero por esta semana no se debatirá en el Concejo. Donni pedirá en la sesión de pasado mañana que su proyecto sea tratado en la comisión de Gobierno del próximo martes.
La noche rosarina tiene más de un debate pendiente. Al reclamo de los bolicheros por aumentar la ecuación del factor ocupacional y también la cantidad de metros útiles habilitados, entre otros ítems, el Ejecutivo le suma el propio: pide que se permita aumentar las multas. Es que de acuerdo a la ley orgánica de municipalidades se estipula que el máximo para las faltas de este rubro es de poco menos de mil pesos.
Tanto el Ejecutivo como los concejales de distinto signo político admiten que ese monto es bajo y que por lo tanto no tiene valor sancionatorio ya que les permite a los empresarios infringir las normas una y otra vez. “Estamos estudiando el mensaje del Ejecutivo, hoy el máximo que se paga es mil pesos, lo que significa una cifra irrisoria para los montos que manejan los empresarios”, dijo la socialista Silvia Augsburger.
Por su parte, el independiente Gustavo Gerosa fue el autor de una normativa para que caduquen las habilitaciones de los bolicheros cuando se los clausuraba dos veces por la misma causa. “El Ejecutivo quiere aumentar las multas pero la verdad es que esta norma es superadora. Yo no quiero empresarios que no velan por la seguridad de las personas, que no cumplen las medidas de seguridad. A ese señor que no tiene las puertas de emergencias y se le advirtió y sigue en lo mismo, que se vaya; no puede ser empresario”, bramó Gerosa.
Pero la polémica en el Concejo no pasa ahora por los montos de las multas, que el municipio quiere elevar hasta 5.000 pesos, sino por una cuestión jurídica. Así, para el justicialista Arturo Gandolla la única posibilidad de que esto se reforme es modificando directamente la ley orgánica de municipalidades. “Son ridículas las multas, pero si votamos esto, los bolicheros lo van a recusar y la Municipalidad va a tener que afrontar juicios memorables”, aseveró Gandolla.
El propio presidente del cuerpo, Agustín Rossi, afirmó que a partir del proyecto de Gerosa los empresarios de la noche se arriesgan directamente al cierre del negocio, sin embargo reconoció que “si tienen que pagar mil pesos, efectivamente al comerciante le conviene cometer la infracción”. Pero Rossi se inclinó por la postura de Gandolla de no discutir ahora el mensaje del Ejecutivo.
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