EL MÚSICO QUE SABÍA DEMASIADO
El 29 de junio de 1911, la ciudad de Nueva York, cuna de grandes artistas del siglo XX, fue testigo del nacimiento de un niño llamado: Bernard Herrmann. Los Herrman eran inmigrantes judíos de origen ruso, muy aficionados a la música. Según cuentan las biografías, Abraham, el padre de Bernard, asistía asiduamente con sus hijos a la ópera y a todo tipo de conciertos. Era tan la pasión que sentía Abraham por la música, que le regaló a su pequeño Bernard un violín. Aquel obsequio consolidó el destino del compositor.
Durante su época de estudiante en La Escuela Pública de Nueva York, Herrmann cultivó el gusto por la lectura y a los trece años descubrió el libro que le hizo decidir su futuro profesional: “Tratado de orquestación” de Héctor Berlioz.
A finales de la década del 20’, Bernard Herrman comenzó a formalizar sus estudios musicales en la Universidad de Nueva York, donde estudió composición y dirección, y también asistió como oyente a diversas clases de la prestigiosa Juilliard school of music. Durante aquella época, Herrmann entabló relación con grandes compositores americanos contemporáneos, como Aron Copland y George Gershwinn, de los que intentó aprender todo lo que pudo acerca de su profesión.
Por aquellos años, su capacidad para la dirección musical ya era destacada y formaba junto a Aron Copland y Russell Bennet lo que acabó por conocerse como el “Grupo de los Jóvenes”. Al poco tiempo, llegó a dirigir una muy reconocida orquesta en el mundo de la vanguardia musical neoyorquina, La New Chamber Orchestra.
Durante este periodo se relacionó muy estrechamente con el mundo del teatro y consiguió trabajo en la Columbia Broadcasting System, donde inició su camino como compositor incidental para buena parte de la programación de aquella prestigiosa radio norteamericana. Estando en la dirección artística de la CBS Orchestra, conoció a quien sería su “maestro de ceremonias” en el mundo de la música cinematográfica: Orson Welles.
La sociedad artística entre Orson Welles y Bernard Herrmann comenzó casi por casualidad. En el año 1937 el por entonces ignoto actor y conductor radial le solicitó al músico la banda sonora para la famosa emisión de “La guerra de los mundos”. Aquel programa radial que conmocionó al país, catapultó a la fama a ambos artistas. Con aquel antecedente, Orson Welles volvió a convocar a Bernard Hermmann. Pero en este caso, fue para musicalizar su opera prima, aquel film, fue nada más ni nada menos, que una película titulada: “El ciudadano Kane”.
La satisfacción lograda por ambos en el “Ciudadano Kane” fue tal, que para su siguiente film, llamado “El Cuarto Mandamiento”, Orson Welles, no dudó ni un instante en volver a llamar a Herrmann. Sin embargo, el compositor vio su enorme ego herido, cuando comprobó que el estudio había mutilado su trabajo en la edición definitiva de la película. Este, fue el fin, de la brillante sociedad que formaban Bernard Herrmann y Orson Welles.
Durante la década del 40’, Herrmann, continuó trabajando para el cine gracias a los contratos que el director musical de la 20th Century Fox le conseguía. Luego de realizar unas cuantas bandas sonoras para películas menores, en el año 1955, la historia del cine fue testigo de uno de los momentos más fecundos del séptimo arte. Alfred Hitchcock convocó al compositor y juntos, formaron una de las duplas creativas más inquietantes de todos los tiempos. Aquel período, comenzó con el film: Pero… ¿Quién mató a Harry?.
A pesar de la conflictiva relación personal entre Alfred Hitchcock y Bernard Herrmann, la dupla creativa funcionó a la perfección. Entre los mejores trabajos que realizaron juntos se encuentran: “Con la Muerte en los Talones”, “Marnie, la ladrona”, “Vértigo” y “Psicosis”. Así como el rostro de Alfred Hitchcock solía aparecer en sus películas unos pocos segundos haciendo un personaje intrascendente, en el “El hombre que sabía demasiado”, podemos reconocer a Bernard Herrmann interpretando al director de la orquesta de la Royal Albert Hall de Londres.
Pera esta fecunda sociedad llegó a su fin en 1966, cuando Alfred Hitchcock, le rechazó a Bernard Herrman la banda sonora que había preparado para el film “Cortina rasgada”.
Herrmann ya se había ganado una nefasta reputación en Hollywood y el rechazo de la música de aquella película, fue la gota que colmó el vaso. De esta manera, el compositor decidió trasladarse a Inglaterra. Hasta la isla británica, se llegó un gran admirador de la obra de Hermmann, un tal Francois Truffaut, quien lo convocó para su inolvidable film “Fahrenheit 451”.
Para la década del 70’, no sólo lo buscaban cineastas consagrados como Francois Truffaut sino también jóvenes prometedores como Brian De Palma. Para aquel cineasta, Bernard Hermmann, realizó la música de “Cabo de Miedo” y “Hermanas”.
Su última obra maestra también fue con un joven talentoso. El inquieto Martin Scorssese convocó a Bernard Herrman para completar su genial “Taxi driver”. Para este film, Herrmann, abandonó todo su sustrato musical y dio mayor realce al jazz y al blues, para reforzar el sentido urbano de la película. Algunos días después de finalizar aquel precioso trabajo, el 25 de diciembre de 1975, Bernard Herrman, murió mientras dormía. Y de esta manera, el cine, perdió al compositor más alucinante de su historia, a aquel hombre que consagró a la música para el cine como un género mayor del arte musical.
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