EL NENE AL QUE HALLARON MUERTO JUNTO A LA AUTOPISTA FUE ENTERRADO CON VIDA
Juan Eduardo Rodríguez, el nene de 6 años golpeado hasta la agonía por su padrastro delante de su madre y sus hermanitos, aún estaba con vida cuando aquel quiso ocultar el cuerpo bajo tierra para garantizar que su crimen quedaría impune. Es la conclusión a la que arribaron los médicos forenses en la autopsia del cadáver del chico, que apareció enterrado en un terreno baldío de Coronda, junto a la autopista Rosario-Santa Fe, a mediados de septiembre pasado. La pareja de su mamá lo había maltratado hasta dejarlo moribundo y probablemente creyó que ya no vivía cuando decidió enterrarlo en la ciudad penitenciaria, a 120 kilómetros del lugar donde vivían, en el sur rosarino.
“El chico aún respiraba cuando lo enterraron. Es lo que dijeron los forenses después de hacer la autopsia del cadáver. Los médicos llegaron a esa conclusión porque encontraron oxígeno en los pulmones”, reveló ayer a La Capital el fiscal de Cámaras rosarino José María Peña.
El funcionario había pedido informes al juzgado de Instrucción de Santa Fe donde se investiga el caso porque quería conocer el motivo por el cual la pesquisa no está a cargo de un juez de Rosario, que es donde vivía el chico y donde hasta ahora se creía que lo habían asesinado. Quien investiga el episodio es el juez de Instrucción santafesino José Manuel García Porta.
“El dato aportado por los forenses revela que el nene murió en Coronda. Por eso la causa se tramita en la capital provincial y no en Rosario”, dijo Peña a este diario. En efecto, si la muerte se produjo allí, técnicamente el homicidio se consumó en aquella jurisdicción.
“Es como si hubiera un secuestro. Por más que a la víctima la liberaran en otro lugar, la causa quedaría radicada en el sitio donde se produjo el rapto”, explicó el fiscal. Peña se ocupó del tema porque le hubiese tocado intervenir en caso de que la pesquisa estuviera a cargo de un magistrado rosarino.
El nene se llamaba Juan Eduardo Rodríguez y en su casa le decían Nino. Era uno de los hijos de Delia Albarracín, de 28 años. Vivía con ella, sus hermanos y la pareja de la mujer en una casa de Lituania al 5200, en la zona sur de Rosario. El hombre se llama Alberto Armando Gómez, de 41 años, y ahora está detenido, al igual que su compañera.
Nino había desaparecido en septiembre y luego su cadáver fue hallado en Coronda. El cuerpo estuvo sin ser identificado hasta el jueves de la semana pasada, sin que nadie reclamara o denunciara la desaparición de un nene de 6 años. La verdad tardó en descubrirse y salió a la luz recién cuando la Brigada de Homicidios de la policía rosarina profundizó la pesquisa, luego de que los vecinos de barrio Saladillo informaran que en la familia de Gómez faltaba un niño.
Quien finalmente confirmó esta hipótesis fue la propia Albarracín, que se quebró al ser interrogada por los detectives. La mujer contó con detalles qué había ocurrido con el chico y reveló aspectos escalofriantes en torno a su muerte. Así se supo que Gómez lo había golpeado salvajemente delante de ella y de sus otros hijos y que luego había llevado el cuerpo hasta Coronda para ocultarlo. Allí lo enterró delante de toda la familia bajo la amenaza de que les ocurriría lo mismo en caso de que lo delataran.
“Probablemente pensó que estaba muerto y por eso decidió enterrarlo”, explicó el fiscal Peña. “Pero eso no cambia para nada su situación, que ya es muy comprometida”, dijo.
Careo
Gómez y Albarracín fueron detenidos la semana pasada. Están imputados de homicidio calificado y ya fueron indagados por el juez de Instrucción santafesino José Manuel Porta. El magistrado incluso los sometió a un careo ante las contradicciones en las que incurrieron durante sus declaraciones. Si la evidencia recogida hasta ahora por Homicidios se confirmara y llegaran a condenarlos a ambos bajo esa figura penal, a los dos podrían darle prisión perpetua.
Gómez, un enfermero de la marina mercante que trabajaba como embarcado, ya había estado envuelto en un episodio policial el 15 de noviembre pasado. Ese día, los vecinos del Fonavi de Sánchez de Thompson 150 bis lo denunciaron porque quiso arrojar del balcón a la hija de dos años que tuvo con Albarracín. Entonces también golpeó a uno de los hijos de la mujer, que además de Nino tiene a un nene de 9 años y a una nena de 8 de una relación anterior. En ese momento Gómez, quien no gozaba de buen concepto entre sus vecinos, acabó en la comisaría por golpeador.
Allí se supo que llevaba una doble vida: con Albarracín aparentaba ser un hombre normal en Saladillo; mientras que al mismo tiempo convivía con su esposa desde hace 13 años, una profesora de historia que también era víctima de sus maltratos. A ese departamento Fonavi Gómez solía llevar a los hijos de su otra pareja diciendo que eran chicos de orfanato que sacaba a pasear.
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