EL OBISPO DE RAFAELA RECLAMÓ A LOS GOBERNANTES “NO CAER EN MERAS DECLAMACIONES”
El obispo de la Diócesis hizo referencia a temas de actualidad en el país y nuestro suelo, y en un momento se refirió a que la Patria se construye cotidianamente en el aula y el taller, en la escuela y en el campo, en el hospital y en el templo, en los tribunales y los cuerpos legislativos, en la prensa y en el cuartel. Una definición de la que, sin dudas, nadie debería no sentirse aludido.
La parcial transcripción de la homilía permite leer “Queridos hermanos: ante todo quiero agradecer la presencia de todos ustedes en este día en la Iglesia Catedral. En este gesto reconocemos que ser ciudadanos y creyentes no son realidades que se oponen. Muy por el contrario, la fe -cuando es vivida con madurez- es estímulo e iluminación en la construcción de la patria terrena. Así mismo, quienes comparten nuestra celebración aún sin ser creyentes, manifiestan la respetuosa valoración de la dimensión religiosa en la vida de las personas y de los pueblos.
“¡Qué estrecha es la mirada que cercena al hombre y a los pueblos su dimensión religiosa! ¡Qué mezquina compresión del corazón humano y qué falta de perspectiva histórica! Mis queridos hermanos, no temamos abrir el corazón a Dios y dejarlo entrar en nuestra vida personal, familiar y social. No pretendamos vivir como si Dios no existiera. Tengamos la certeza de que El es capaz de responder a nuestras más legítimas búsquedas.
“Por ello queremos darle gracias en este día. La liturgia de este domingo nos ofrece unos textos bíblicos muy apropiados para ayudarnos a reflexionar sobre la fecha que hoy nos convoca. Su palabra es lámpara que ilumina nuestra vidas y por eso acudimos a ella (…).
“Jesús, el hijo del carpintero, no es reconocido como el profeta esperado, el mesías del Señor, porque su vida es demasiado ordinaria, limitada, vulnerable… No está rodeado de un halo de luz, de fama o prestigio mediático. De él no hablan las encuestas ni los formadores de opinión. Sencillo trabajador, que viene de un poblado periférico y despreciado, que se rodea de gente común y vive como todos los demás.
“Sin embargo, hay en El algo distinto. Su total identificación con la misión recibida del Padre le da una coherencia y una firmeza que no necesita de los aplausos y reconocimientos humanos. Se trata de una fuerza interior que se proyecta y cautiva a los sencillos y desprejuiciados, a los que están dispuestos a recibir algo a los demás, a los que no se sienten satisfechos y seguros de sí mismos. «No hay peor ciego que el que no quiere ver», dice la sabiduría popular. Sus paisanos no lo reconocieron porque esperaban un dios a su medida, según sus proyecciones y preconceptos. (…).
“Iluminados por esta palabra volvemos ahora nuestra mirada a la fecha Patria y advertimos que también ella se construye en lo cotidiano. No es al ritmo de campañas electorales, de grandes convocatorias populares o de megaproyectos nunca concretados, que se construye la grandeza de la Nación.
“La «nueva política», la justicia independiente, el crecimiento con equidad, la transparencia en la gestión, el respeto de las instituciones, no deberían ser meras declamaciones sino hechos concretos vividos en las opciones de cada día por todos los ciudadanos, sobre todo por quienes tienen la grave responsabilidad de conducir, en distintos niveles, los destinos de la Nación.
“El espíritu patriótico no se manifiesta en actos formales o en fervores efímeros que se desvanecen por una derrota deportiva. La Patria se construye cotidianamente en el aula y el taller, en la escuela y en el campo, en el hospital y en el templo, en los tribunales y los cuerpos legislativos, en la prensa y en el cuartel. La Patria la construimos todos y cada uno de nosotros: los simples ciudadanos y los dirigentes. Quienes hemos recibido mucho y quienes han recibido poco.
Quienes comparten nuestra ideas y quienes piensan distinto. Todos tenemos algo para darle cada día a nuestra Patria. (…)
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