EL OSCAR ES MÍO, MÍO, MÍO
El Oscar que ganó Orson Welles por El ciudadano en 1942, uno de los más ilustres objetos de la cinematografía norteamericana, debió ser retirado de una subasta de la casa Christie’s cuando la Academia de Hollywood reclamó su derecho a adquirirlo por sólo un dólar.
Entre otras pertenencias del gran director, la estatuilla debía ser el gran atractivo; hasta hace unos días, incluso ilustraba la tapa del catálogo para un remate de memorabilia del espectáculo en el que se esperaba su venta por unos 350.000 dólares.
“El Oscar ha sido retirado -anunció una vocero de Christie’s-, por lo que no podremos ofrecerlo a la venta.”
Aunque varios de estos premios han salido al mercado en los últimos años, incluyendo el de Ronald Colman como mejor actor por Doble vida (1947), que se vendió meses atrás por 174.000 dólares, la Academia ha impuesto ciertas restricciones. De hecho, Bruce Davis, director ejecutivo de la Academia, se manifestó sorprendido ante el anuncio de la venta del Oscar de Welles, ya que “habíamos recibido una carta de Christie’s asegurándonos que no se ofrecería hasta que las cuestiones legales se resolvieran.”
Desde 1950, la Academia les ha pedido a todos los premiados que firmen un acuerdo en el que se estipula que si alguna vez deciden vender su estatuilla, la institución tiene prioridad para adquirirla por apenas un dólar. Y, según Davis, esto es justamente lo que se argumentó para detener la subasta de la de Welles. El Oscar de la discordia había sido ofrecido por Beatrice Welles, la menor de las tres hijas de Welles (fallecido en 1985) y su única heredera. Beatrice es hija de la tercera mujer del gran director, Paola Mori, que murió en 1986.
Perdido por perdido
No es la primera vez que este Oscar sale a la venta. En realidad, la estatuilla ya tiene una historia compleja y oscura, comparable con la del famoso pájaro de El halcón maltés, de John Huston (1941).
Por muchos años, se lo creyó perdido, víctima de Welles y de su vida de frecuentes mudanzas transatlánticas desde que abandonó Hollywood en 1948. Tanto que, en 1988, Beatrice Welles le solicitó a Robert Wise, entonces presidente de la Academia, un duplicado. “Era algo inusual, pero lo hicimos: le dimos una réplica -reveló Davis- y afortunadamente le hicimos firmar una nueva versión del acuerdo con los ganadores en ese momento, que también alcanzaba al original, si alguna vez reaparecía.”
Efectivamente, en 1994 la talla original volvió a escena en una subasta de Sotheby’s en Londres. Había estado en la colección de Gary Graver, un ocasional director de películas de bajo presupuesto que había trabajado (sin cobrar) en varios de los últimos proyectos de Welles.
El director de Sed de mal dejó un enredado legado de derechos, totales y parciales, tanto de películas terminadas como incompletas. Durante la filmación de una de estas últimas, El otro lado del viento, en 1974, Welles utilizó la estatuilla como elemento de utilería para su personaje central, un aventurero de Hollywood muy parecido a él, interpretado por John Huston. Cuando terminó la escena, según posteriores testimonios, Welles le dio el Oscar a Graver y le dijo “Tomá, guardalo”.
Graver ha declarado que por estas palabras interpretó que se trataba de un obsequio. Sin embargo, Beatrice Welles y sus abogados respondieron que se trataba de una simple instrucción para poner el premio a salvo.
“Me lo dio y me dijo que lo guardase -se defendió Graver en una entrevista reciente -. Ella nunca lo había visto en su vida. Orson me lo dio a mí y ella fue a la Justicia y dijo Lo quiero, como si yo fuera ante un juez y le pidiera que me diera tu auto.”
Y el ganador es…
El Oscar, según Graver, fue uno de los muchos regalos que Welles le dio en lugar de efectivo. “También me dio varios posters. Nunca sabías qué iba a hacer. Tuve muchas cosas, pero no lo decía por temor a que quisieran sacármelas. Lo cual es ridículo, porque Orson no era un comerciante: era un artista y la verdad es que no había mucho dinero para sacarle.”
En 1994, Graver, financieramente ajustado, vendió el Oscar a una compañía llamada Bay Holdings por 50.000 dólares. Bay Holdings, a su vez, le ofreció la pieza a Sotheby’s .
Cuando Beatrice Welles se enteró de la existencia del Oscar, denunció a Graver y Bay Holdings ante la Corte Suprema de California.
Ganó el caso y detuvo la venta. La estatua, después de pasar algún tiempo a cargo del sistema judicial californiano, le fue entregada, por lo que ahora tiene en su poder la original y la réplica.
No es difícil distinguir una de la otra. “Los que se entregaban en 1941 tenían una base muy diferente, de mármol belga -explica Davis-. Fue durante la guerra que se comenzó a usar una base más alta de aluminio. Además, a partir de 1950 se empezó a inscribir el número de serie.”
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