EL OTRO MUNDIAL: UN GRUPO ARGENTINO DE ROBOTS TAMBIÉN SALDRÁ A LA CANCHA
El laboratorio arde. Los estudiantes programan estrategias. Se viene el Mundial y hay que estar listo para enfrentar a los cucos: Estados Unidos, Austria, China, Japón. No, no se trata de fútbol. En Alemania, en el mes del mundial, un par de argentinos participará en las dos ligas de campeonatos mundiales de fútbol de robot. No van vírgenes: son los campeones nacionales, tienen un subcampeonato mundial en su haber y una historia que contar.
En el Centro de Altos Estudios de Tecnología Informática de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), en Barracas, nueve estudiantes de esa universidad y de otras, como la UBA, programan movimientos de defensa y ataques. Como parte del proyecto de investigación de la Facultad de Tecnología Informática de la UAI, traducen a código, al software, las ilusiones de un DT. En el verde césped sintético, los robots responden y empujan la pelota. La de junio será la primera vez que robots físicos argentinos participen en este tipo de torneos.
Esta vez irán primero al torneo organizado por una de las dos grandes ligas de deportes robóticos, la RoboCup, en Bremen, del 14 al 20 de junio. Hay varias categorías, desde humanoides hasta simulado. Los argentinos participarán en la categoría Junior y Rescate Real.
La Junior es una categoría muy simpática, robots económicos, entre 200 y 300 dólares. En una mesa parecida a la de ping pong, pero con paredes en los costados, se ponen dos equipos integrados por dos pequeños robots. A un equipo le toca la identificación azul; al otro, la amarilla. Las banderitas de los países suelen aparecer en los arcos. El color en degradé del piso le indica a los robots donde están parados. Siguen a la pelotita infrarroja con obsesión. El fútbol robótico es puro software, cero manipulación. Así juegan dos tiempos de 6 minutos.
Si los aceptan, competirán también en la categoría Medianos, bichos de hasta 65 centímetros. El sistema es más complejo; son 5 robots por equipo, que se comunican entre ellos por ondas de radio. Sobre ellos, una cámara capta lo que sucede en la cancha. En base a la situación, el robot decide. En este caso, tienen los dilemas de un DT: ¿velocidad o precisión?
Esta categoría es la más floja que puede presentar el equipo argentino. Cuestión de presupuesto. A más grande el robot, más aplicaciones puede llevar. Luego, quien más invierte (y seguro que no es Argentina) tiene más posibilidades de procesamiento en tiempo real, más memoria, mejores cámaras… “Acá podemos ir a perder 14 a 0. Pero no importa. ¿Si no es así, cómo vamos a empezar?”, dice una de las almas detrás de los robots, Néstor Balich, especialista en Sistemas Informáticos. La otra, o tal vez el cerebro, es el licenciado en Computación Gonzalo Zavala, quien no se olvida lo primordial de esta historia: su componente educativo. Ambos son profesores e investigadores de la UAI, y organizan el campeonato nacional (www.vaneduc.edu.ar/cafr/).
Uno de los robots más queribles en esta categoría es “La Aspiradora”, montado en la carcaza de una vieja aspiradora negra. Esta servidora puede llegar a competir contra robots de 20.000 dólares, que cargan una notebook de última generación en la espalda y portan en su cabeza potentes cámaras.
También en Alemania, pero en Dortmund, se hará del 30 de junio al 3 de julio el mundial de fútbol de robots de la otra liga internacional, la FIRA. En este caso irán en la categoría Simulación, donde llegaron a ser subcampeones mundiales hace tres años (Ver “Sin la ayuda de la mano….”).
Acá se tienen fe, como en la categoría Rescate. El robot tendrá que detectar y rescatar a heridos, siluetas marcadas con distintos colores. Habrá que alentarlos, a la distancia a estos robots. O habría que decir a “éstas”: desde que existen, Zabala las bautizó con nombre de mujer. Paulina, Alicia, Clarisa, Maga. Adelante, chicas, hagan lo que puedan.
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