EL OTRO TORNEO
Es tiempo de descuento para cinco equipos del fútbol argentino. Tiempo de hacer cuentas. Tiempo de esperanzas, de creer hasta el último minuto que salvarse es posible. En esa delgada línea roja están Atlético de Rafaela, Chicago, Chacarita, Talleres y Olimpo. De los cinco, solamente uno se asegurará la permanencia en Primera. Otros dos tendrán que jugar la Promoción y dos descenderán directamente a la B Nacional. Estas son las reglas del juego que más se juega y que más le gusta a la gente. Un sistema que muchos defienden pero que también ha recibido innumerables críticas. Pero que cada fin de temporada, como si fuera una película de Pedro Almodóvar, tiene a todos al borde de un ataque de nervios.
Es la esperanza lo último que se pierde. Es el concepto que mejor manejan los protagonistas. No importa en la situación que se encuentren. “Nos salvamos; me veo en la Promoción”, asegura Ezequiel Medrán, arquero de Rafaela, equipo que actualmente ocupa el último lugar en la tabla de promedios pero cada punto que logre vale por tres. “Estos 15 días nos vinieron bien para cargar pilas. Ahora hay que ganar o ganar, no nos queda otra. Si lo logramos y Chacarita no suma, estaremos otra vez en la pelea”, advierte Martín Mandra, delantero de Chicago, el equipo más comprometido de todos. “Lo único que quiero es que nos quedemos en Primera”, dice casi como un rezo Sebastián Pena, de Chacarita. “Ahora queremos salir de la Promoción”, aclara Julián Maidana, de Talleres. “Llegamos de la mejor forma a este tramo. Ganando uno de los tres partidos que nos quedan, no deberíamos tener inconvenientes para estar a salvo”, agrega Jorge Vivaldo, arquero de Olimpo, el equipo que más oxígeno tiene del resto.
“Si me voy al descenso, al equipo que vaya ganaré la mitad de lo que gano acá o hasta no sé si conseguiré trabajo. Por eso esto es dramático. En la Argentina se lo toma así, porque todo es exitismo y resultados. Irse al descenso es una mancha negra para cualquier futbolista”. Así, duro y sincero, fue Fernando Clementz, defensor de Olimpo. “Mientras nos den las matemáticas vamos a pelear a morir”, enfatiza Leandro Testa, de Chicago. “El descenso para nosotros fue un karma, porque nos persiguió permanentemente”, agrega Maximiliano Salas. “Es una situación muy difícil. No sólo salir a la cancha, sino vivir la semana, no dormir bien, vivir con nervios. Es una sensación muy rara y muy fea”, recalca Mariano Mignini, de Chacarita. Dramatismo, pelear hasta morir, karma, nervios. Estas son las sensaciones de los jugadores que tienen que defender los sentimientos de los hinchas. Esos que sufren cada descenso como situaciones sin retorno y que gozan cada ascenso con el sueño de no bajar nunca más. En este juego, el límite se sobrepasa cuando el drama genera esa indeseable palabra llamada violencia.
Mientras jugadores e hinchas sufren, los dirigentes hacen cuentas y también se lamentan. “Descender no es la muerte pero sí, en el plano económico, es muy poco redituable. Sólo en TV, un equipo puede recibir casi 2 millones y medio de pesos, mientras que en la B Nacional son 150.000”, afirma Sergio Marconetto, vicepresidente segundo de Talleres. También coinciden en este aspecto Armando Capriotti, vicepresidente de Chacarita, y Juan Manuel Guerra, presidente de Chicago, quien acota: “Con el dinero que se maneja en la B Nacional es muy difícil armar un equipo competitivo”. Para Gabriel Carlucci, vicepresidente segundo de Rafaela, “la diferencia es muy notoria. Mejores recaudaciones, mayores ingresos por sponsors y publicidad. Los gastos operativos, traslados y hotelería, son iguales en cualquier división contra una muy diferente posibilidad de ingresos”. El fantasma de lo que les sucedió a Platense, Español, Ferro o Los Andes, que perdieron la categoría y luego bajaron a Primera B, está latente. “Hay que ser coherente en el proyecto político e institucional y tener una meta”, dice Marconetto. “Esos equipos no tuvieron una correcta administración financiera”, acusa Capriotti. También coincide Carlucci: “Para evitarlo hay que tener una base propia en cuanto a plantel, una infraestructura adecuada y un presupuesto acorde, que sustente el objetivo”.
Pero la meta actual de todos la resume Guerra, presidente de Chicago: “Ahora pensamos sólo en que tenemos tres partidos para salvarnos y tenemos la esperanza de salir adelante. Después se verá que pasa, si sucede lo que no deseamos”.
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