EL PAPA CRITICÓ EL CONSUMISMO
Cuando faltan dos semanas para su primera Navidad como papa, Benedicto XVI denunció ayer la “contaminación comercial” y el consumismo desenfrenado que alteran la conmemoración del nacimiento de Jesús. “En la actual sociedad de consumo, este período sufre lamentablemente una suerte de «contaminación» comercial, que corre el riesgo de alterar su auténtico espíritu, caracterizado por el recogimiento, la sobriedad y una alegría no exterior, sino íntima”, dijo el Papa durante la oración del Angelus.
El Pontífice aludió así a la realidad que reina en estos días en muchos países de Occidente, donde la Navidad ha perdido su significado religioso y se ha transformado en sinónimo de negocios millonarios. En las calles del centro de Roma, por ejemplo, pese a ser domingo -las tiendas estaban todas abiertas-, ayer podían verse mareas humanas haciendo compulsivas compras navideñas.
Además de lamentar esta “contaminación” -en línea con sus constantes denuncias en contra de la secularización de la sociedad occidental-, el Papa continuó la tradición comenzada por Juan Pablo II, y bendijo los aquí denominados bambinelli. Es decir, las estatuillas del niño Jesús que miles de chicos de las parroquias romanas llevaron a la Plaza de San Pedro. El ex custodio de la ortodoxia católica, de hecho, durante el mismo Angelus también pidió a las familias que armaran el pesebre en sus casas, “un modo simple, pero eficaz” de explicar a sus hijos este momento.
“El pesebre nos ayuda a contemplar el misterio del amor de Dios, que se reveló en la pobreza y en la simplicidad de la gruta de Belén”, dijo el Papa, que luego recordó que San Francisco de Asís, tan impresionado por el misterio de la Encarnación, fue quien inició la tradición popular de los pesebres vivientes.
“El pesebre puede, en efecto, ayudarnos a entender el secreto de la verdadera Navidad, porque habla de la bondad y de la humildad misericordiosa de Cristo, que «de rico que era, se hizo pobre» por nosotros”, explicó. Acto seguido, tras bendecir como hacía “el amado” Juan Pablo II las estatuillas del niño Jesús, según evocó, pidió la ayuda del Señor “para que todas las familias cristianas se prepararan a celebrar con fe las próximas fiestas navideñas”, y de la Virgen María “para entrar en el verdadero espíritu de la Navidad”.
Al margen de las palabras del Papa, en la Plaza de San Pedro, llena de fieles, reinaba un clima navideño. Como todos los años en esta época, acaba de llegar un gigantesco árbol de Navidad, esta vez regalado por Austria, a cuyos pies se está construyendo un pesebre gigante. Una tradición que impuso Juan Pablo II al comienzo de su largo pontificado, que atrae a miles de peregrinos.
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