El Papa cumple tres meses en el trono y medita su primera encíclica
Camina horas por los maravillosos senderos montañosos y los bosques de Les Combes, en el valle de Aosta, en la frontera alpina entre Italia y Francia, toca en el piano a Mozart, lee mucho, revisa documentos y trabaja tanto entre sus amados libros. Escribe a mano y en alemán, pero no se ha informado sobre qué temas. Sin embargo, algunos de sus más cercanos colaboradores han adelantado que se trata de la primera encíclica de su pontificado. Mañana se cumplen tres meses desde que Joseph Ratzinger, de 78 años, fue elegido Papa, con el nombre de Benedicto XVI.
Las mayores expectativas se concentran en que, con su caligrafía diminuta, el Papa esté escribiendo su primer trabajo como jefe de la Iglesia, que daría los parámetros de su programa pontificio. Por las cosas que ha dicho hasta ahora Joseph Ratzinger como Papa, no se han visto las sorpresas que algunos altos prelados —casi todos del alicaído sector progresista— anunciaron apenas fue elegido. Al contrario, Benedicto XVI ha confirmado el pensamiento tradicionalista, agostiniano, del cardenal Joseph Ratzinger en sus 23 años como colaborador de Juan Pablo II.
En el chalet de los salesianos de Les Combes donde se aloja, el Pontífice es asistido por su secretario Georg Gaensweing, de 48 años, alemán de Bavaria como Benedicto, apuesto y deportista (maestro de esquí), teólogo, profesor en la Universidad de la Santa Cruz , del Opus Dei, cuyo rector es el argentino Mariano Fazio.
Ratzinger ha heredado el mayordomo personal de Karol Wojtyla, Angelo Gugel, y al influyente director de la Sala de Prensa y portavoz pontificio, Joaquín Navarro, miembro del Opus Dei.
En la residencia de Les Combes están también Carmela y Loredana, dos monjas de la rama religiosa femenina del movimiento Comunión y Liberación, encargadas de las tareas domésticas, a las que se agregarán pronto en el Vaticano Emanuela y Cristina, también del grupo apostólico de Don Luigi Giussani. El Opus Dei y Comunión y Liberación son los movimientos conservadores católicos favoritos del actual Papa, como lo eran también de Juan Pablo II.
Hasta el jueves 28, cuando concluirán las vacaciones de Benedicto XVI, seguirán a todo vapor las obras para completar la restauración de los aposentos pontificios en el tercer piso del Palacio Apostólico. Allí se encuentran las gobernantas secretarias del Papa, las alemanas Ingrid Stampa y Birgit Wansing.
Joseph Ratzinger maneja en estos días varios dossier que contienen los nombres de su nuevo equipo de gobierno en la Curia Romana, el gobierno central de la Iglesia. Todo Papa confirma al “ministerio” de su predecesor y se toma un tiempo para elegir a los suyos.
Para el reemplazo del cardenal Angelo Sodano, el secretario de Estado, circulan varios nombres, como el presidente de la Administrador del Patrimonio de la Santa Sede, cardenal Attilio Nicora, el arzobispo de Vilnius, Audrys Backis, y el “ministro del Interior” del Vaticano, el arzobispo argentino Leonardo Sandri.
Dicen que el Papa, en la lógica de “promover para remover” que siempre ha tenido vigencia en la Iglesia, quitaría al cardenal polaco Zenon Grocholewski de la Congregación para la Educación Católica y lo mandaría a Varsovia, a sustituir al cardenal Joseph Glem, en edad de jubilación. Pierde cada vez más peso el “partido polaco”, cuyo líder durante el reinado de Karol Wojtyla era su secretario, monseñor Stanislaw Dziwisz, a quien el nuevo Papa ya despachó con todos los honores como arzobispo de Cracovia, la vieja sede residencial polaca de Juan Pablo II.
Los rumores señalan además que el poderoso “Papa rojo”, como llaman al prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, cardenal Crescenzio Sepe, sería derivado por Benedicto XVI a la arquidiócesis de Nápoles. Pero algunos contrarrumores afirman que Sepe saldrá de la ex “Propaganda Fide” para sustituir al cardenal Sodano en la Secretaría de Estado, y que en el sillón de Sepe se sentará el cardenal indio, arzobispo de Bombay, Ivan Dias.
Otra promoción—remoción resonante sería la de monseñor Piero Marini, maestro de ceremonias litúrgicas de Juan Pablo II. El ex cardenal Ratzinger tiene ideas muy claras de volver a las tradiciones y considera demasiado “creativas” las ideas de monseñor Marini. Benedicto XVI quiere más latín en las misas, a su vez más vinculadas a la tradición mediante importantes cambios restauradores. Cuando era cardenal, Joseph Ratziger nunca ocultó su hostilidad a la reforma litúrgica de Pablo VI en las épocas tumultuosas del posconcilio Vaticano II.
En la operación de volver a los viejos buenos tiempos litúrgicos, al puesto de maestro de Ceremonias Litúrgicas llegaría monseñor Francesco Camaldo, asistente eclesiástico del Círculo de San Pedro, que sintoniza con los cambios hacia la tradición que se propone instaurar en las misas, las ceremonias litúrgicas y la música sacra, de la cual es un reconocido especialista, el nuevo Papa.
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