EL PAPA REALIZÓ UNA HISTÓRICA Y EMOTIVA VISITA A AUSCHWITZ
El papa Benedicto XVI realizó una histórica y emotiva visita al campo de exterminio nazi de Auschwitz, donde se reconoció como “hijo de aquel pueblo en el que un grupo de criminales alcanzó el poder mediante falsas promesas” y que “con la fuerza del terror y la intimidación” lo usó “y se abusó de él como instrumento en la locura de destrucción y de dominio”.
En su primera visita como Papa a ese campo de concentración nazi –ya había estado allí en 1979 acompañando a Juan Pablo II y un año más tarde junto a un grupo de obispos alemanes-, Joseph Ratzinger dijo que buscaba “implorar la reconciliación, con Dios, con los hombres que han sufrido y con todos aquellos que en esta hora de la historia sufren de nuevo bajo el poder del odio y bajo la violencia fomentada por el odio”.
El Pontífice ingresó caminando al campo de exterminio en el que fueron asesinadas un millón y medio de personas acompañado por un grupo de cardenales y obispos. “Estoy aquí como hijo del pueblo alemán y por ello tenía que venir. Era y es un deber frente a la verdad y al derecho de cuantos han sufrido, un deber ante Dios”, expresó.
Durante su visita, Benedicto XVI saludó frente al “muro de la muerte” a un grupo de 32 sobrevivientes y se tomó unos segundos para realizar una breve oración. Minutos más tarde, ingresó al bloque 11, en cuyo sótano está la celda donde murió el padre polaco Maximiliano Kolbe, beatificado en 1982.
Después se trasladó al Centro de Diálogo y Plegarias, una institución católica levanta en el campo para potenciar el diálogo, la reconciliación y la paz, y que fue objeto de críticas hace años por los judíos, que no querían que se instalará un centro católico donde murieron más de un millón de hebreos.
Posteriormente, en el lindante Birkenau, pronunció el discurso ante las 22 lápidas que recuerdan a las víctimas y cuyas inscripciones, señaló, “dejan intuir el cinismo de aquel poder que trataba a los hombres como material y no los reconocía como personas”.
Por la mañana, Benedicto XVI habló en Cracovia ante 900 mil personas y le pidió a los polacos que defiendan el cristianismo en Europa y en el mundo. “Les pido compartir con los otros pueblos de Europa y del mundo el tesoro de la fe”, dijo el Pontífice casi al final de su misa.
Durante su homilía, Benedicto XVI subrayó que con el pontificado de Juan Pablo II, Polonia “se convirtió en una tierra de especial testimonio de la fe en Jesucristo” y reiteró que la canonización de su antecesor ocurrirá en “un futuro próximo”. La celebración de Cracovia tuvo lugar en el cuarto día de la primera visita de Ratzinger a Polonia como Papa.
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