EL PAPA VOLVIÓ A INTENTAR HABLAR SIN ÉXITO
Después de varios días de silencio oficial, el Vaticano confirmó ayer el agravamiento del estado de salud del Papa, al revelar que le fue insertada una pequeña sonda en la nariz –baja directamente al estómago– para mejorar su nutrición y favorecer “una válida recuperación de sus fuerzas”.
El vocero del Pontífice, Joaquín Navarro Valls, dio a conocer esta noticia poco después de una nueva aparición de Juan Pablo II desde la ventana de su estudio, otra vez dramática.
Como sucedió el domingo de Pascua, visiblemente demacrado y sufriente, el Papa bendijo y saludó a la multitud congregada en la Plaza de San Pedro y volvió a fracasar en su intento por pronunciar algunas palabras cuando sus colaboradores le acercaron un micrófono.
“Para mejorar el aporte de calorías y favorecer una válida recuperación de las fuerzas, se ha iniciado una nutrición mediante el posicionamiento de una sonda nasogástrica”, dijo Navarro Valls, en una declaración meticulosamente estudiada por el pequeño grupo de purpurados que hoy controla el Vaticano, que desde hace días, pese a la alarma mundial y los rumores, no se expedía oficialmente sobre la salud de Juan Pablo II, un icono del dolor.
“Las audiencias públicas siguen suspendidas”, añadió el vocero, que detalló que es el doctor Renato Buzzonetti, médico personal del Santo Padre, quien está encabezando el equipo que sigue, las 24 horas, su “asistencia sanitaria”.
Marcada por el optimismo oficial que siempre caracterizó a los partes médicos de las últimas semanas -en las que Juan Pablo II debió ser hospitalizado dos veces por un total de 28 días-, la declaración de Navarro Valls por primera vez admitió que su convalecencia es “lenta”. “El Santo Padre continúa su lenta y progresiva convalecencia”, dijo el vocero del Pontífice, en una frase que causó gran irritación en la Curia romana.
“¿De qué convalecencia se trata?”, dijo un alto prelado a LA NACION, sin ocultar sus críticas al manejo de este final de pontificado que un restringido grupo de cardenales está teniendo.
En un nuevo intento por tranquilizar a quienes se preguntan quién está gobernando la Iglesia visto el evidente deterioro físico del Pontífice, Navarro Valls agregó que “el Papa transcurre muchas horas de la jornada sentado, celebra la santa misa en su capilla privada y está en contacto de trabajo con sus colaboradores, siguiendo directamente las actividades de la Santa Sede y de la Iglesia”.
Esta frase también hizo crecer el malestar de la Curia romana, donde muchísimos cardenales se sienten totalmente excluidos, a raíz del “muro de acero” que se ha levantado en torno del Pontífice.
Lo cierto es que la admisión de que al Papa se le ha colocado una sonda nasogástrica confirmó las crecientes dificultades de deglución de Juan Pablo II -que fue sometido a una traqueotomía el 24 de febrero-, que le impedían alimentarse y que, por lo tanto, lo estaban debilitando cada vez más.
La gran pregunta ahora es si este nuevo tubo logrará que el Papa realmente pueda recuperar energías y algo de peso y, después, la voz.
Justamente anteayer la prensa italiana había escrito que el Pontífice iba a ser hospitalizado por tercera vez la semana próxima para ser sometido a una nueva intervención, denominada PEG, por medio de la cual se le colocaría una pequeña sonda en el estómago para que pudiera ser alimentado en forma artificial.
Evidentemente, como el Papa no quiso volver al hospital para ello, en el Vaticano se decidió optar por la sonda nasogástrica. Esta por lo general sólo requiere una pequeña y simple operación, que se le pudo practicar en su departamento, de forma ambulatoria y menos traumática (ver aparte).
La sonda nasogástrica -un tubo de plástico que ingresa por la nariz, pasa por la garganta y desciende al estómago- sirve para proveer de alimentación y prevenir la deshidratación y es un recurso que se emplea con pacientes que tienen dificultades para ingerir alimentos por vía oral, como los enfermos de Parkinson.
Muchas veces, según se subrayó, sirve de antesala a la colocación, mediante intervención con anestesia, de otra sonda de carácter permanente.
El presidente de la asociación italiana de Parkinson, el neurólogo Gianni Pezzoli, explicó a la agencia ANSA que “la inserción de una sonda nasogástrica para mejorar la alimentación habitualmente precede a la aplicación de una PEG” (gastrostomía por endoscopia percutánea, según sus siglas en inglés). La PEG consiste en la introducción de una sonda de un centímetro de diámetro que se aplica en una pared del estómago para hacer pasar los alimentos.
Desgarradora aparición
En un clima de creciente alarma mundial, la noticia de que ahora se está alimentando artificialmente llegó tan sólo dos horas después de una nueva y desgarradora aparición pública del Papa.
Esta duró cinco minutos y ocurrió contra todos los pronósticos, ya que los médicos le habían recomendado al Papa “reposo absoluto”, después del estrés y el esfuerzo que hizo durante los 12 minutos que estuvo expuesto a las corrientes de aire el Domingo de Pascua.
Pero el Papa, obligado últimamente a estar en una virtual burbuja, sin contactos con el mundo exterior, quiere aprovechar cualquier mínima ocasión para estar cerca de sus fieles, y evidentemente ayer volvió a imponer su voluntad sobre la prudencia de los médicos, que temen que un mínimo resfrío pueda resultarle fatal.
Así las cosas, una vez más al Papa que quiere cumplir su misión hasta el final, y que recupera energías al estar en contacto con su grey, se lo vio sufriente. Y, nuevamente, no pudo hablar.
Debido al avance progresivo e inexorable del Parkinson, sumado a la traqueotomía, tenía el rostro contraído, demacrado, con sus músculos faciales en movimiento, como si estuviera masticando.
Como sucedió el Domingo de Pascua, pese a que sus colaboradores le acercaron un micrófono, el Papa no logró decir nada inteligible. Fue un nuevo golpe psicológico para un gran comunicador.
La multitud congregada en la Plaza de San Pedro -donde una hora antes se había anunciado en las gigantescas pantallas que el Papa iba a asomarse a la ventana-, sin embargo, lo aclamó como un verdadero héroe, profundamente emocionada.
Fuentes vaticanas afirman que en privado el Papa es capaz de hablar y que justamente por ello ayer le acercaron el micrófono. Insisten en que no logra emitir palabra porque se emociona al estar en público. Sin embargo, Marco Politi, vaticanista del diario La Repubblica, dio otra explicación.
“Es difícil creer que la emoción traiciona al Pontífice: Wojtyla tiene nervios de acero y no es una persona que cae en nerviosismos”, escribió.
Y agregó un detalle inquietante: “Es más probable pensar que está comenzando a pesar el edema pulmonar (con la frecuente acumulación de bolsas de agua) y por esto Juan Pablo II no logra extender suficientemente los tejidos pulmonares, con el efecto de que no llega suficiente aire a las cuerdas vocales”.
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