Parque Alberdi :¿Qué están mirando?
Este comentario no hubiese sido escrito si no me llegaran, al menos, diez mensajes por día en Facebook pidiéndome que adhiera a la causa “Salvemos al Parque Alberdi”. Nada de lo que abajo explicaré hubiera sido necesario si no existieran provocadores que me instan a tomar posición, mientras los que reclaman, prefieren el anonimato. Por Coni Cherep
¿Es verdad que Santa Fe entregó un espacio verde público a un grupo de particulares para que hagan una playa de estacionamiento? Es una media verdad y una media mentira: El Estado municipal, a instancias del Gobierno de Corral y con la aprobación unánime del Concejo Municipal, ergo, con el apoyo de todas las fuerzas representativas de los ciudadanos, decidió concretar un proyecto de estacionamiento en las profundidades subterráneas del Parque Alberdi. La explotación del estacionamiento será privado, la plaza seguirá siendo pública.
¿Es esta una medida inconsulta? No la es. La ordenanza se sancionó a finales de 2012 y la licitación, que debió ser convocada dos veces, se concretó a mediados de 2013. Ambos actos fueron públicos y basta repasar los archivos de los medios gráficos y virtuales de la ciudad para corroborar esta condición.
¿El Parque Alberdi perderá una parte importante de su arboleda? Sí. De hecho un importante porcentaje de las especies serán trasplantadas o directamente eliminadas. ¿Es esto un perjuicio ambiental? Podría discutirse en el corto plazo, pero no menos cierto es que el proyecto sancionado y la obra que está comenzando a ejecutarse contempla una remodelación de la plaza que seguirá siendo pública, que mantendrá su cuota arbórea y que redundará en una refuncionalización del paseo.
También es cierto que no existen antecedentes, al menos en las últimas cuatro décadas, de un proceso de arbolado como el que lleva adelante la actual gestión. Suponiendo que de los 6.500 árboles que se publicitan apenas la mitad de ellos concreten su proceso de crecimiento, en diez años Santa Fe habrá casi duplicado su caudal de verde con una planificación por especies que tampoco registra antecedentes.
¿Es un negocio la explotación del estacionamiento? Lo es. Ningún capital privado se compromete a invertir millones de pesos si no prevé que detrás de esa inversión habrá una ganancia. ¿Es ilegal que una empresa gane dinero después de invertirlo? No. Vivimos en un mundo de capitales y ningún estado está en condiciones de financiar con recursos propios una obra como la planteada en el Parque Alberdi.
¿Hacen falta 300 plazas de estacionamiento en esa zona? Sí, definitivamente sí. Y si se estudia un poco más, harán falta 1.000 o 2.000 más. Y aunque uno podría plantear un cambio de políticas con respecto al tránsito en el microcentro, de sobra están los intentos por desalentar el uso del automóvil en esa zona, con ticketeras y controles a veces agobiantes que no modificaron los hábitos del conductor.
El único perjuicio que se genera, y a corto plazo, es la pérdida de algunos árboles. Pero la plaza subsistirá, incluso en mejores condiciones que la actual, y la obra supone una solución para un problema serio. Mejorar el tránsito también es mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y, en caso de choques de intereses como en este caso, es obligación del Estado definir cuál de los bienes en juego debe prevalecer.
Del otro lado, sí, una legítima protesta en el nombre del Medio Ambiente. Un reclamo que puede o no ser atendido y que ofrece la peor de las caras que pueda ofrecer una protesta dentro de las reglas de la democracia: la violencia y el anonimato.
¿Por qué violencia? Porque avanzar sobre un espacio público, pero por los meses que dure la obra de uso privado, es una ocupación ilegal. ¿Por qué anónima? Porque nos hemos cansado de recibir por parte de los manifestantes la negativa de expresar quiénes son. Los periodistas, como en este caso, opinamos y nos “mojamos”, frente a los hechos de interés público. Lo mismo, o con mayor intensidad, deben hacer los que dicen representar una causa. Esconderse detrás de una “causa” sin ofrecer identidades es también un acto de individualismo. Y me supone, al menos tengo derecho a pensarlo, que detrás de estas acciones pueden existir grupos u organizaciones que especulan política y partidariamente con el asunto. No lo afirmo, pero lo sospecho.
Finalmente, y para no dar más vueltas, todas las ciudades que crecen tienen este tipo de dificultades. Todas las ciudades. Y aunque existan manuales de planificación, existen distintos manuales, y los gobiernos definen cuál de ellos es el que cuaja con sus expectativas de ciudad y de progreso.
¿Cuáles son la soluciones que propone este grupo a los otros problemas que se plantean en esta encrucijada para la ciudad? ¿Dónde están las alternativas superadoras? ¿Cuál es el aspecto de la protesta, además de la defensa de unos pocos árboles, que merezca una lectura seria y una adhesión al reclamo? ¿ Dónde está la mirada global?
Ya nos equivocamos una vez, y vale recordarlo:
Yo fui uno de los que me opuse a que sacaran árboles de la Avenida Alem mientras se hacía su remodelación. Hoy, gozando a diario de los beneficios de esa arteria imprescindible para miles y miles de santafesinos que viven en la Costa o en la zona noroeste de la ciudad, o viendo el alivio que significó para el tránsito pesado que proviene de las rutas 19 y la autopista a Rosario, entiendo que aquel reclamo era desmesurado. En estos años han crecido decenas de árboles por cada uno de los que perdimos en aquella oportunidad. Ganamos todos.
Lo mejor será que los ciudadanos estemos atentos a las decisiones públicas, que nos informemos y que reaccionemos si creemos que existen razones, en la oportunidad que corresponda. Reclamar, y de forma indebida, dos años después de la ordenanza y un año después de la licitación, es cuanto menos extemporáneo. Y las sociedades (y las organizaciones que la componen) también definen su seriedad en la medida de la información que tienen y la capacidad de reaccionar cuando corresponda.
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