“EL PERONISMO ES EL HECHO MALDITO DEL PAÍS”
León Rotzichner es uno de los intelectuales argentinos contemporáneos más lúcidos de nuestro país. Hombre que se perfeccionó en la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de París (Sorbonne), y que fue parte del rico debate intelectual de los años ‘60 que se generó en las páginas de la revista “Contorno”, junto a David Viñas, Oscar Masotta y Noé Jitrik. Actualmente es profesor de la Universidad de Buenos Aires y entre sus numerosas obras sobresalen: “Ser Judío”, “Freud y los límites del individualismo burgués”, “Las Malvinas: de la guerra sucia a la guerra limpia”, “Perón, entre la sangre y el tiempo” y “La cosa y la cruz: cristianismo” (en torno a las Confesiones de San Agustín).
_ León ¿Usted tiene recuerdos de cuando tomó la decisión de dedicarse a pensar?
_Creo que fue a los cuatro años. Cuando le pregunté a mi madre si los judíos no se morían nunca. Quizás lo que yo quería preguntar era si iba a estar con ella para siempre. Pero no recuerdo qué me contestó. Te voy a contar una curiosidad, Sigmund Freud en uno de sus libros dice: “Mi madre para enseñarme lo que era la vida, se refregaba las manos y me mostraba el polvillo, y me decía, ves, esto es la vida”. Y mi mamá hacía lo mismo, seguramente porque ambas mujeres pertenecían al mismo lugar de la Europa judía y a una misma tradición. Pero con esto te quiero explicar cómo la madre judía acepta la vida y la muerte.
_ ¿Y cómo era su hogar familiar?
: Mis padres llegaron cuando eran muy pequeños a Entre Ríos; eran judíos que venían huyendo de los cosacos. Mi abuelo tenía una bola en el cuello que le había provocado una piedra en un progrom. De modo tal que no venían solamente para calmar el hambre, sino también para salvar sus vidas. Mi padre era un hombre de revolver al cinto, de los que cuenta Guerchunoff, un gaucho. Ellos vivían y trabajaban en el campo, pero mi madre le exigió ir a la ciudad para tener hijos. Y después de peregrinar por varios lugares, llegaron a Chivilcoy, lugar donde nací.
_ Y aquel chiquilín de cuatro años que preguntaba sobre la eternidad ¿Me imagino que nació en un hogar con biblioteca?
_ Mis tres hermanos y yo estudiamos en la universidad, pero no creas que fui un alumno ejemplar. A mí me echaban del colegio, yo terminé la secundaria cerca de los veinte años. Lo que pasa es que era un tipo de la calle, recuerdo que a los quince años iba al club infantil socialista, en la calle Austria, y ahí encontré una pareja de hermanos que nos enseñaban a leer. Allí leí mis primeras obras literarias, me llevaban al teatro. Pero eran otra épocas, había revistas que circulaban como “La novela semanal”, que publicaban la grandes obras de la literatura universal, no era las mierdas que vemos hoy en televisión o en la revistas. Borges escribía en la revista “Para ti”. Si bien mi padre no era un tipo leído, de pronto aparecía en casa con una colección de escritores argentinos. Y cuando yo comencé a estudiar en la universidad, a pesar de que no tenía mucho dinero, me abrió una cuenta corriente en la librería “El ateneo” de la calle florida, para que sacara los libros que quisiera.
_ ¿Cuando ingresó a la universidad comenzó su formación sistemática?
_ Más o menos. En realidad yo entré a dos carreras, ingresé a medicina por una noviecita que tenía y, por convicciones personales, comencé filosofía. Pero como sabía que las minas no duran mucho me quedé con filosofía. Y unos años después, como no aguantaba el peronismo me fui a Europa, en el ’48, en los años de la posguerra.
_ ¿Recuerda el terror a qué Hitler ganara la guerra?
_ Sí, por supuesto, de todas maneras nosotros estábamos en la platea. Pero todo aquello se vivió muy intensamente. Además sufríamos los golpes militares en nuestro país. Recuerdo que cuando iba a la escuela secundaria me negaba a desfilar marcando el paso al son de la marcha militar. Yo me negué llevando un certificado médico que decía que no podía marcar el paso (risas).
_ ¿Y cuando se fue a Europa, en que le cambió la vida?
_ Lo que me cambió la vida fue la angustia que sentí cuando llegué a París, sin saber el idioma. Primero viví la aventura de viajar en un barco que tardó un mes en llegar. Pero el primer impacto fuerte fue cuando me desperté la primer mañana en París y subí al ascensor y todos hablaban en francés. Fue tal la angustia que tuve que contenerme a mí mismo y animarme.
_ Y a partir de ahí a estudiar francés.
Así como hay saberes que uno los aprende de sobre mesa, al francés lo aprendí de sobrecama (risas). Las mujeres son una fuente formidable de sabiduría. Que sé yo, lo aprendés de mil maneras. Saliendo un poco de su historia personal, hay un par de preguntas que quiero hacerle sí o sí. La primera tiene que ver con el peronismo. A lo largo del tiempo el peronismo se fue trasformando como la Argentina, yo no sé si el peronismo transformó a la Argentina o viceversa,
_ ¿Cómo hace para seguirle el tranco a la Argentina y al peronismo?
_Estoy asistiendo a la verificación de mis primeras hipótesis sobre el peronismo. El peronismo llegó a una degradación tal, que en nombre de la Argentina potencia, la convirtieron en este país miserable, por obra de los peronistas. El peronismo en la lucha contra la oligarquía destruyó lo que los oligarcas habían hecho de bueno, y lo que se esperaba que hagan de bueno ellos lo convirtieron en lo más terrible, que fue la entrega del país. Porque no me digas que fue Menem el que lo hizo. Jhon William Cooke decía: “El peronismo es el hecho maldito del país burgués”. No, El peronismo es el hecho maldito del país. Porque los radicales ya sabemos lo que son, es más casi no existen, los conservadores lo mismo, pero el peronismo ha hecho mierda el país, ha destruido todas las potencias transformadoras, políticas y culturales de la Argentina. Alcanza ver el canal 7 actual, para encontrarse las mismas figuras del peronismo tradicional, las mismas caritas estúpidas en pleno régimen del seudo reformismo de Kirchnner.
_ Ahora, el peronismo puede hacer historia populista con Perón y Evita, puede hacer historia con Menem y puede hacer historia con Kirchnner, con un discurso en las antípodas del menemismo.
_Pero lo que no puede hacer es trasformar a la política argentina en una política realmente nacional, que no esté entregada a un poder exterior que la domine. Si vos me ponés entre la espada y la pared, y me preguntás si prefiero a Kirchnner o a Menem, o Macri, o al perro López Murphy. Evidentemente que prefiero a Kirchnner. Pero Kirchnner tiene todas las taras y las miserias del peronismo, no hay vuelta que darle. Del peronismo de izquierda, si te gusta más la denominación.
¿Y quien mató a la izquierda argentina?
Cuando hablamos de izquierda en Argentina, tenemos que dividirla en dos, entre la izquierda tradicional y la izquierda peronista. A la izquierda peronista la mató Perón. Al mismo tiempo que la exaltaba como el brazo armado, la mandó al muere. Y la otra izquierda se murió porque no pudo comprender nunca lo que significaba una revolución, más allá de los clásicos leídos de manera superficial. O en última instancia las fantasías heroicas y terribles del Che Guevara. Más allá de lo venerable que pueda resultar su figura, yo creo que la concepción de guerrilla que se desarrolló en Latinoamérica, a partir de Regis Debray, un francés que vino a bajarnos línea a nosotros, produjo el gran equívoco. Haber tenido que reemplazar un aborigen que elaborara la teoría a partir de su realidad y haber traído un señorito, que por más aguerrido que fuera nos trajo las fantasías de lo que no podía hacer en Europa para que las hagamos nosotros. Como si una revolución nos enseñara a nosotros, pero no al enemigo, estaba loco.
_ Hace algunos días en Página 12 usted firmó una nota que conmovió a los lectores, que tituló “¿Tenemos que seguir siendo judíos?”. En aquellas líneas puso el dedo en la llaga.
_ Yo no discuto la legitimidad de que los judíos tengan un estado. Yo en los 60’s, después de la guerra de los seis días, escribí un libro titulado “Ser judío”. En aquel libro me enfrenté a toda la izquierda que pedía la destrucción del estado de Israel porque yo sostenía lo contrario. Yo a lo que me opongo es a que sea este estado, que olvidó su propio origen. Porque es evidente que si los judíos sufrieron el horror y el aniquilamiento fue por obra de los cristianos, europeos, capitalistas y occidentales. Y si fueron a buscar un territorio nuevo, no pueden mantener en ese territorio, las mismas categorías, el mismo orden moral y la misma concepción humana que los había exterminado, y eso es lo que les reprocho. Al mismo tiempo hay que señalar también que del otro lado, los países árabes han utilizado esta situación para hacer su agosto. No olvidemos que a los palestinos, cuando fueron derrotados por los judíos, los países árabes no los ayudaron. Los árabes no se han caracterizados ni por ser muy democráticos, ni por ser muy amables entre ellos mismos.
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