EL PODER JUDICIAL FUNDIÓ 870 ARMAS
Una prolija e inofensiva pila de lingotes de acero. En eso quedaron convertidas las 870 armas de fuego que la Corte Suprema de Justicia de la provincia hizo fundir esta semana en un horno de altas temperaturas que funciona en la localidad de Alvear, al sur de Rosario. Esta fue la quinta fundición de armas que se realizó en menos de tres años y, en total, este mecanismo ya permitió la eliminación de casi 5.500 unidades que antes de correr esa suerte estaban almacenadas en los tribunales de la ciudad.
El secretario de Gobierno de la Corte, Eduardo Bordas, dijo a La Capital que en el futuro habrá más fundiciones. La idea del funcionario es que en la Oficina de Efectos Secuestrados del Poder Judicial sólo queden las armas secuestradas en el marco de causas que aún están en trámite. En cambio, las que forman parte de procesos ya cerrados tienen tres destinos posibles: ser devueltas a sus dueños si fueron robadas, pasar a engrosar el arsenal de la policía si pertenecieron a la fuerza y fueron recuperadas, o ser eliminadas si cayeron en manos de los jueces luego de ser incautadas a los delincuentes comunes.
“Creemos que con este mecanismo el Poder Judicial está haciendo una gran contribución para desarmar a la gente”, dijo Bordas a este diario.
Al horno
El miércoles pasado, cuando el día recién comenzaba, los encargados de la Oficina de Efectos Secuestrados de los tribunales locales ya tenían preparado un lote de 870 armas cuyo destino era el horno.
Antes de las 8, un grupo reducido de funcionarios subieron el cargamento a un vehículo blindado y lo transportaron hasta Alvear. Dos horas más tarde lo descargaron en una fundición y un rato después el proceso había concluído. De las armas sólo quedaban unos lingotes incapaces de intimidar o herir a nadie.
Entre las armas eliminadas había de todo, desde fusiles de alta precisión hasta tumberas, esas escopetas caseras que los delincuentes fabrican con caños galvanizados y tienen tanto poder destructivo como una de verdad. No faltaban ametralladoras de varios calibres y sobraban las pistolas y revólveres.
Todas habían sido secuestradas por la policía a lo largo de los últimos años y habían pasado meses depositadas en el subsuelo del Palacio de Justicia. Hasta hace tres años ni siquiera existía un registro sobre ellas, pero ahora todas están prolijamente guardadas y los responsables de la Oficina de Efectos Secuestrados llevan un detalle con el expediente judicial y el juez que tiene cada caso.
Las armas que se fundieron el miércoles formaban parte de procesos judiciales que ya están cerrados. Otras siguen guardadas en el subsuelo de los Tribunales y serán eliminadas gradualmente en los próximos meses. El objetivo de las autoridades judiciales es reducirlas al mínimo y guardar provisoriamente sólo aquellas involucradas en juicios penales que aún permanecen abiertos.
Eso sí, los responsables de su custodia aseguran que el acceso al depósito sólo es posible luego de sortear un celoso dispositivo de seguridad y descartan que puedan convertirse en el objetivo de algún aventurero interesado en ellas. Esas armas, garantizan, están muy bien guardadas.
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