El polifacético Alan Pauls, de autor a "impostor"
Hasta La vida nueva, donde asume uno de los protagónicos, Alan Pauls había incursionado en el cine como crítico y guionista (El censor, Vidas privadas), y en alguna fugaz participación. Fue Pablo Trapero, productor del film dirigido por Santiago Palavecino, quien convocó a Pauls para el papel del veterinario, experiencia que al ensayista y escritor ahora le permite definirse como "un impostor".
"No creo haber actuado. Me dejé llevar; estaba bien rodeado. Confié en las ideas descabelladas que los demás se hacían de mí; decidí creer eso -sostiene con cierta ironía-. Fue como lo que los psicoanalistas llaman «transferencia»: les atribuí a todos ellos una gran autoridad sobre mí. Y parece que no me equivoqué, porque, si pude hacerlo, fue porque efectivamente tenían una gran autoridad sobre mí."
En cierto modo, la ficción es el territorio de Pauls; allí crea personajes. "Pero no encuentro ninguna relación con el hecho de actuar -explica-. Porque los personajes de mis libros son más bien abstractos, no tienen una silueta reconocible. Más bien, invento conciencias cuando escribo. Y en la película me dieron el contenido del personaje. Fue lo que me gustó: no ser autor de nada, por una vez en la vida; que los autores y quienes pusieran las palabras fueran los otros. Esa situación para mí fue un alivio. ¡Feliz total!" De todos modos, Alan Pauls es concluyente acerca de su flamante rol: "No quiero usurpar el título de actor, no me corresponde. A lo sumo, si alguien reincide en llamarme, veré. Pero si decido reincidir, será como impostor una vez más".
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