EL PREMIO NOBEL DE LA PAZ FUE PARA UNA ACTIVISTA Y ECOLOGISTA DE KENYA
Wangari Maathai, una keniata que fundó un movimiento ecologista que plantó 30 millones de árboles en Africa e hizo campaña en su país natal por los derechos de las mujeres y la democracia, fue galardonada ayer con el Premio Nobel de la Paz 2004.
Maathai es la primera mujer africana en ganar este premio desde que se lo otorgó por primera vez en 1901. El año pasado, el premio había sido entregado a la abogada iraní Shirin Ebadi.
Al anunciar el premio, el presidente del comité de los Nobel, Ole Danbolt Mjoes, señaló que Maathai “representa un ejemplo y una fuente de inspiración para todos los que luchan en Africa por la paz, la democracia y un desarrollo sostenido”.
Preguntado si el comité había extendido los límites del premio, que abarca ya la defensa de los derechos humanos y la preservación de la paz, el profesor Mjoes, respondió: “Está claro que con este premio ampliamos el término paz para abarcar cuestiones ambientales relacionadas con nuestro querido planeta”.
Maathai, de 64 años, nació en Nyeri, Kenya. Fundó el movimiento Green Belt (Cinturón verde) en 1977, con el objetivo de organizar a las mujeres pobres de la zona rural de Kenya para que plantaran millones de árboles y combatieran así la deforestación. Está divorciada y tiene tres hijos.
Esta activista africana se graduó en Ciencia en el Mount St. Scholastica College de Kansas, la Universidad de Pittsburgh y la Universidad de Nairobi.
Como activista en su país fue golpeada y encarcelada durante el gobierno del presidente Daniel Arap Moi, por desafiar políticas de estado que ponían en peligro los bosques, fauna y parques de Kenya.
“Maathai se enfrentó de forma muy valiente al antiguo régimen opresor de Kenya. Sus originales formas de acción contribuyeron a llamar la atención respecto de la opresión política en su país” declaró el comité del Nobel.
En 1995, durante la Cuarta Conferencia Mundial sobre las Mujeres, que tuvo lugar en Beijing, Maathai se sumó a otras miles de mujeres para participar de una marcha que tenía el objetivo de concentrar la atención en el problema de la violencia contra la mujer en el mundo.
En medio de una multitud de mujeres vestidas de negro, Maathai se presentó en el lugar con un vestido amarillo fuerte. La reunión fue controlada de cerca por la policía china, que intentó evitar que llegara hasta la Plaza Tiananmen.
“Independientemente de cuánto fracasemos, es preciso reconocer que la esperanza existe. En especial en mi región, por las recientes matanzas en Ruanda. Aun allí, el sol sale y nosotros seguimos teniendo esperanzas de poder sobreponernos a nuestro sufrimiento”, dijo a un periodista en aquel momento.
En 1996, cuando una organización internacional de investigaciones agrícolas identificó a los granjeros pobres del mundo subdesarrollado como una amenaza importante para los bosques, Maathai dijo: “Es muy común que la gente que hace ese tipo de conclusiones culpe a la gente, pero los pobres son las víctimas y no la causa”.
Maathai cobrará el premio de 1,36 millón de dólares en la ceremonia en Oslo que tendrá lugar el próximo 10 de diciembre.
“Me siento profundamente conmovida”, admitió Maathai al canal TV2 de Noruega. “Es mucho dinero. Nunca tuve tanto dinero en mi vida. No sé qué voy a hacer con él. Pero sí sé que va a mejorar el trabajo que hacemos”.
Wangari Maathai es la décimo-segunda mujer en la historia en ganar este premio.
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