EL PRESENTE DEL ROCK, AQUÍ Y AHORA
Anteanoche, el Luna Park parecía una versión local del Brixton Academy, ese teatro de lo más cool y rockero del sur londinense que consagra a “la última gran banda nueva” en el Reino Unido. No por el sonido, por cierto, pero sí por la posibilidad de presenciar el show de uno de aquellos grupos en alza de la escena británica en el preciso instante en que se sienten dueños del mundo (algo de lo más usual entre los británicos).
En este caso, fue Franz Ferdinand, la banda escocesa que acaba de editar su esperado segundo álbum, “You Could Have It So Much Better”, tras el suceso de su debut (ese que incluía el hit universal “Take Me Out”, apto tanto para el rockero medio como para las pistas de baile) y que aterrizó en el país acompañando el “Vertigo Tour”, de U2.
Una banda caliente, adolescente, de guitarras bien al frente (pero sin solos como los de Lolo), apoyada en esa peculiar forma de interpretar rock que se cultiva únicamente en la isla británica. Entre tanto regreso y rock hecho hace más de dos o tres décadas, el tal Alex Kapranos, voz y guitarra de Franz Ferdinand, le agregó un poco de frescura al verano porteño.
Tocan rápido, fuerte, tienen hits para bailar y un cantante con carisma que con sus elegantes movimientos y gestos recuerdan por momentos al David Byrne de los años 70 y, en otros, al David Bowie de siempre.
Más allá de algún derroche de adrenalina, la guitarra (Nicholas McCarthy), el bajo (Robert Hardy) y la batería (Paul Thomson) sonaron ajustadas durante la hora y media que se mantuvieron arriba del escenario y el concierto, que a los cuarenta minutos amagaba con disminuir la intensidad, siguió en ascenso hasta cerrar con una explícita versión de lo más encendida de “This Fire”.
En el medio, un puñado de canciones radiables con espíritu rocker y la imagen de tres jóvenes pegándole a la batería al mismo tiempo y sin cesar que dejó a más de un adolescente con los ojos bien abiertos.
A pesar de la abultada agenda de conciertos internacionales en Buenos Aires para este 2006, no hay allí hasta el momento un show comparable con el de Franz Ferdinand, ya no sea por su contenido musical, sino por la estimulante sensación de asistir al presente rockero de esa usina inagotable de jóvenes músicos llamada “escena británica”.
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