EL PRESIDENTE FRANCÉS PIDE POR LA CONSTITUCIÓN EUROPEA
Sobre la Constitución europea sobrevuela el inoportuno cuervo de la catástrofe. Los sondeos que vaticinan un rechazo del proyecto en el referéndum de pasado mañana no hacen más que consolidarse, a tal punto de que el presidente Jacques Chirac hizo ayer un agónico llamado por la aprobación bajo el vaticinio de que en eso se juega “una parte del destino” de Francia.
Serio, como al borde del abismo, un Chirac de expresión cansada llamó a los franceses a comprender “la responsabilidad histórica” que implica su voto, y advirtió que el rechazo que todos pronostican para el tratado constitucional “abrirá un período de división, dudas e incertidumbre” en el continente.
“Esto no es acerca de decir sí o no al gobierno. Está en juego su futuro y el de sus niños, el futuro de Francia y el futuro de Europa”, dijo Chirac, en una intervención televisiva cargada de tono dramático, en la que hizo un intento de última hora para llamar al voto indeciso, el único que puede salvar la situación. Y, de paso, rescatar su liderazgo presidencial del pozo al que parece asomarse. Las cosas se le van de las manos. Si hasta hace 48 horas el “No” se ubicaba en el 54%, ayer trepó un punto más, hasta el 55%, según la medición de Sofres para el diario Le Monde.
“Lo que importa es que la tendencia sigue viva, creciendo”, dijeron analistas locales, para quienes parece ocurrir lo contrario con la intención de voto para el “No”, con signos de fatiga.
Hoy, el cierre final por el “Sí” será tan a toda orquesta como desesperado. Una vez más llegan los líderes de Alemania, Gerhard Schröder y de España, José Luís Rodríguez Zapatero, para sumarse a la campaña que, a esta altura del partido, tiene en ascuas a todo el continente.
La variopinta amalgama de fuerzas de derecha y de izquierda sobre la que cabalga el “No” se agranda y siente que está haciendo “historia”. A tal punto que, pese a que las urnas todavía no hablaron, ya recita su letanía para que rueden cabezas.
La del primer ministro Jean-Pierre Raffarin vale muy poco. “Y el presidente debe considerar la posibilidad de su renuncia”, señaló ayer el ultraderechista Jean-Marie Le Pen.
La Constitución europea fue ratificada por nueve países, entre ellos, Italia y España. Pero basta que uno de los 25 miembros la rechace para que quede sin efecto. Paradójicamente es Francia, uno de los socios fundadores y pilar del eje que impulsó el bloque, la que podría asestarle el peor golpe al medio siglo de andadura histórica que tiene la criatura política más extraordinaria del fin de milenio.
La sensación de que el agua llega al cuello es ya inocultable y se refleja hasta en escandalosos reproches dentro del equipo de gobierno. El líder del partido en el poder (y adversario secreto del presidente), el ambicioso Nicolas Sarkozy, se trenzó a gritos con Raffarin en un tenso desayuno. “Hace meses que dije que esto estaba perdido. Sólo nos queda enfrentar un No grande o un No chico, pero será un No”, dijo, según la prensa local.
El enorme error de cálculo es que pocos parecen haber pensado que esto podría ocurrir. Meses atrás, cuando Chirac decidió llamar al referéndum, no se estimó que el “No” podía crecer en la forma en que lo hizo. Los analistas coinciden en que eso ocurrió en buena medida porque se convirtió en un plebiscito sobre el gobierno de derecha, que atraviesa por su peor nivel de popularidad.
SIN PLAN B
Tan poco se imaginaron los líderes europeos esta situación en territorio galo que ni siquiera tienen un “plan B” para poner en marcha a partir del lunes en el probable caso de que prospere el “No”. “Sólo tenemos un plan A y es aprobarla”, dijo el presidente de la Comisión Europea, el portugués José Manuel Durão Barroso.
Pase lo que pase, un abismo parece abrirse a partir del lunes. Los líderes del “No”, a su vez, dicen que no hay “plan A ni plan B”, pero sí asustan al electorado con la supuesta existencia de un plan “C”, que no consistiría en otra cosa que “un terrible programa secreto de reformas para liberalizar nuestra economía y acercarla al modelo anglosajón”, según denunció el socialista y jefe espiritual del “No”, Laurent Fabius.
La falta de “plan B” es tan evidente que ayer el Financial Times conjeturaba, sarcásticamente, con la posibilidad de “sucesivos” llamados a votación “hasta que salga el resultado que el gobierno francés quiere”.
Con todo eso sobre la espalda, Chirac intentó mantener las cosas lejos de las conspiraciones y de los fantasmas con un llamado al realismo. “Es una ilusión creer que, en caso de que el tratado constitucional se rechace, Europa se pondría en marcha de nuevo con otro proyecto. No hay otro proyecto; sólo éste”, dijo.
Llamó, además, a expandir la mirada más allá de lo cotidiano. “Si no aprobamos la Constitución, Europa quedaría averiada, en busca de un consenso imposible, mientras que el mundo seguiría avanzando de forma acelerada”, dijo.
El mandatario agregó que la Constitución “es la respuesta a la mundialización que se acelera y hará frente a la competencia económica de Japón, China, Estados Unidos o India”.
Sí señaló el peligro de que, en vez de combatirlo -como pretenden los líderes del rechazo- el modelo ultraliberal “resulte fortalecido” con un eventual tropiezo del proyecto europeo.
“En el caso de que Francia quede debilitada, de que la pareja franco-alemana resulte afectada y de que Europa se divida, quienes tienen una concepción ultraliberal del continente se impondrán para llevarnos hacia un bloque sin ambición política, sin espíritu de independencia”, dijo, en obvia referencia a Gran Bretaña.
Lo que no está claro todavía es qué efecto puede tener esto en el electorado. Tal vez no mucho o hay quienes incluso vaticinan que puede ser hasta perjudicial. Quienes así opinan, recordaban anoche que ésta fue la tercera intervención en campaña de Chirac, en la que el rechazo al tratado no hizo sino fortalecerse.
SE VOTA EN LA ARGENTINA
Con motivo del referéndum sobre la Constitución europea, los franceses que viven en la Argentina fueron convocados para votar mañana, de 8 a 20, en la embajada de Francia (Cerrito 1399, Capital Federal), provistos de su documento nacional de identidad francés, pasaporte o credencial de matriculación (inscripción) consular.
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