EL PRESIDENTE LE DA LA ESPALDA A DAVOS, LA REGIÓN SUIZA QUE RINDE TRIBUTO AL APELLIDO KIRCHNER
No necesitará mostrarse en un ámbito fuertemente vinculado a la economía neoliberal de los 90 y salvará su imagen del riesgo de una fama prestada. Sucede que esa región europea adora el apellido Kirchner, aunque no por el mandatario.
El espíritu de Davos, una región alpina de paisajes subyugantes, mantiene un vínculo irrompible con Kirchner. No, no con Néstor. Con, quizás, el único homónimo ilustre que la historia le aporta al mandatario: el gran pintor expresionista Ernst Ludwig Kirchner.
Davos exhala referencias Kirchner (se reitera, el pintor) por todos sus poros. El Museo que lleva el nombre del artista (http://www.kirchnermuseum.ch/), fundado en 1989, es la atracción cultural más importante de la región. Las reproducciones inundan la ciudad, cada tour por la región intenta develar el misterio de la estadía del pintor en las montañas.
¿Quién fue este “otro” Kirchner?. Ernst Ludwig nació en Alemania, en 1880. Estudia arquitectura, se deja atrapar por la pintura y su talento explota. Primero son las escenas urbanas de Berlín los objetos de sus cuadros. En los primeros años del siglo XX sus trazos exaltados le dan prestigio en Europa, aunque la fama llegaría amargamente después, y marcan el camino de la corriente expresionista Die Brücke.
Como a casi todo por esos tiempos, la Primera Guerra lo quiebra en dos. Incorporado a las filas alemanas, no soporta demasiado la irracionalidad sin arte. En 1915 pasa a ser un internado crónico en los más variados sanatorios de su país, vencido por una postración tanto física como mental. Tres años después descubre Davos.
En esa región alpina su pincel se ablanda. La montaña y los ritos de un pueblo ajeno a la Europa desangrada pasan a ocupar todas sus telas. Prácticamente, no queda un rincón de la región sin ser retratado. Se convierte en el transmisor de la magia suiza al mundo hasta su suicidio, en 1938. El nazismo le había confiscado más de 600 obras y no pudo soportar una barbarie que ya había visto.
Desde entonces y hasta hoy, más de medio siglo después, Davos homenajea sin cesar al artista. En cada rincón, hasta hacer su presencia asfixiante. De esto se ahorrará Kirchner (el presidente) con su ausencia en el Foro Economico Mundial. Después de todo, sería engorroso que deba presentarse repitiendo todo el tiempo: “Soy Kirchner…el presidente, no el pintor”.
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