EL PRESIDENTE LLEGA A EL CALAFATE PARA DISEÑAR SU NUEVO GABINETE
Principal Enriquez, buenas tardes… Una guardia discreta pero decidida recibe en Los Saucos, la casa de los Kirchner en El Calafate, y anticipa que, si de lo que se trata es hacer fotos, habrá que identificarse, dejar nombre y documento y, sobre todo, buenas razones. Lo que sigue es un largo lamento sobre los semanarios que no dejan de venir y preguntar por la vida de la familia. El Presidente está a 320 kilómetros, en Río Gallegos, con la intención de llegar hoy hasta aquí junto a su más estrecho equipo de colaboradores para un retiro de tres días. La agenda es vasta: su gobierno.
El Presidente no ha dicho una palabra sobre nada, pero se descuenta que aquí empezará a definir el rediseño de su Gabinete a partir de los cambios a los que se obligó en la elección de octubre. Se sabe, se alejarán en diciembre el canciller Rafael Bielsa, y los ministros de Defensa, José Pampuro y de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, electos diputado el primero y en el Senado los siguientes. Sin embargo, esto sólo sería el punto de apoyo de una reelaboración más amplia del Gabinete, en línea con sus objetivos para la segunda etapa de gobierno.
Habrá que dar crédito a quienes dicen que Kirchner recién ha puesto en los últimos días la cabeza sobre estos asuntos. Desde la elección del 23 de octubre, el Presidente casi no ha encontrado tiempo: primero las medidas de reducción del gasto público y creación de un fondo anticíclico para contener la inflación anunciadas por Roberto Lavagna; luego, la agitación de la Cumbre de las Américas en Mar del Plata y, finalmente ayer, más medidas contra la inflación a través de una importante reducción en los costos laborales y la reducción de la indemnización por despido como novedad.
Se ha visto que Kirchner está resuelto a retomar la gestión después de meses en campaña con señales fuertes. Lo han sido sin duda la confirmación de su ministro de Economía, la semana que siguió a la elección, y la aparente decisión de avanzar hacia otro año sin acuerdo con el FMI.
La designación del nuevo canciller ha de estar sin duda en línea con aquello. Kirchner ha dicho algunas veces en privado que le interesa un hombre con experiencia en el manejo del comercio internacional, con toda la intención de ganar mercados para las exportaciones argentinas. Si se revisa el mensaje del Presidente en Mar del Plata, una rigurosa pieza conceptual en defensa del libre comercio, se podrá encontrar algo de esto.
Una elección de esta naturaleza debería simplificar la tarea: un canciller de moderado perfil político, e incluso que no provenga del mundo de los economistas, sobre el que el Presidente es especialmente crítico. Una designación de este tipo podría resultar inmejorable para Lavagna.
Clarín apuntó hace quince días el nombre de Carlos Bettini, embajador en Madrid y de probada confianza de Kirchner. Se ha dicho en estos días en despachos oficiales, sin embargo, que Bettini tuvo que subir una cuesta muy dura para llegar a donde está hoy, lo que podría anticipar un camino igual o más difícil para su salto al Palacio San Martín.
Defensa supone un desafío menos difícil. Surgieron los nombres de Alberto Iribarne, ministro de Justicia, a quien podría suceder el secretario de Seguridad bonaerense, León Arslanian.
En Desarrollo Social el nombre más fuerte fue el de Hector Icazuriga, jefe de la SIDE. Aunque también se mencionó a Graciela Ocaña, titular del PAMI, Icazuriaga es pingüino puro, garantía para el manejo de la millonaria caja social. Aquí está “El Chango”, como se lo conoce al jefe de los espías, en Santa Cruz, entre el equipo de trabajo que viajó con el Presidente y que se agota apenas mencionando a Alberto Fernández y a Cristina Kirchner.
Ultimo dato: “No esperen demasiado”, buscó desalentar ayer el jefe de Gabinete.
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