EL PROTAGONISMO DE LOS ENTRENADORES
Es muy factible que la relevancia que han ganado los entrenadores de fútbol en los últimos años tenga que ver con lo que propone cierto sector de la prensa deportiva, que ha revolucionado el juego desde el discurso, haciendo un culto a la tarea del director técnico e inventando un lenguaje bastante más difícil de entender que un partido en sí.
“Astrada le ganó a Bianchi”, se publicó en el verano, cuando los jugadores de River les ganaron a los jugadores de Boca. Y hablando de jugadores, éstos también tienen mucho que ver. Los muchachos de éstos tiempos, tienen gestos adustos y parecen hombrotes de más edad, pero son sumisos como si el DT fuera la maestra de pre escolar en el primer día de clase.
Hace tiempo, nadie sabía siquiera quien era el técnico de un equipo. Hoy es más importante el técnico que el jugador y que el fútbol mismo.
Vale entonces desmitificar el concepto desde lo que plantearon Colón y Unión en los últimos partidos. El cronista que tituló que “Astrada le ganó a Bianchi”, seguramente, si hubiera realizado la cobertura de Colón – Rafaela, hubiera colocado que Maturana le ganó a Piazza. Y, aceptando el juego de darle a los entrenadores la importancia que no tienen, aunque el resultado favoreció a los de Maturana, el que ganó la partida táctica fue Piazza. Después sus jugadores no acertaron, lo que prueba que los que deciden (pese a la sumisión que les impide salirse del libreto) son los futbolistas y no quienes les gritan desaforadamente desde afuera. ¿Cómo ganó Piazza la partida táctica si Colón ganó el partido? Sencillo. A Piazza se le ocurrieron más cosas que a Maturana. Piazza pensó mejor en como disponer sus jugadores y cómo cortar los circuitos del rival, a la vez que supo mejor por qué sector atacar a su adversario y cambió a tiempo cuando el resultado no lo favorecía. En cambio, Pacho no logró inventar recursos para virar hacia otra táctica, cuando la que pensó a priori no le servía para ganar el encuentro. Y hay un agravante. También Maturana perdió la partida táctica con Talleres y con Lanús, aún con resultados diferentes. O sea, los entrenadores de enfrente lo madrugaron, primero intuyéndole el libreto, luego anulándolo y, por último, él no supo cambiar por un Plan B. Ahora, ¿ésto le da la razón a los que dicen que el colombiano es un entrenador obsoleto? Nada más errado. Usted no haga caso. Esos son los mismos que inventaron el lenguaje difícil para hacer complicado algo tan sencillo como el fútbol. Maturana sigue siendo prestigioso, claro, pero no lo suficiente, porque ningún entrenador lo es, como para torcer el pulso de un equipo de individualides en bajo nivel. ¿O no es eso este Colón? Ahora el entrenador deberá buscar estímulos que generen la reacción, pero eso es más de la cabeza que de los pies.
Yendo ya a Unión, Cachín Blanco también probó, ante Ferro, que los entrenadores son menos importantes que lo que los hacen aparecer. Sin Brown, sin Raggio, sin Real, sin Antuña, los insustituibles del entrenador, Unión se las ingenió para ganarle a Ferro. Le ganó sufriendo, acaso sin merecerlo en el recuento general de situaciones, pero con un equipo absolutamente distinto al que Blanco había pensado cuando llegó. Muchos dirán que afloró la mística de los pibes (9 de los que terminaron jugando son de las inferiores), otros pensarán que Nereo tuvo mucho que ver (y acaso sean los más acertados) y habrá quienes crean que el cuadro mejoró. Quizás haya un poco de todo esto, quizás nada, pero lo que sí queda claro es que el Unión que le ganó a Ferro no era el que pergeñó Cachín. ¿Y por eso Cachín no sabe nada?. No señor, sabe lo de siempre. Pero no se puede contra los jugadores ajenos, si juegan mejor, y menos contra los propios, si no funcionan, aunque a veces el marcador final se empeñe en decir lo contrario.
Ta’ la próxima
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