EL PROYECTIL QUE MATÓ A MARÍA CRISTINA IBA DIRIGIDO A UN ADOLESCENTE
Una nueva víctima se cobró en nuestra ciudad la violencia callejera y una vez más, tocó pagar a un inocente. En un instante, un balazo acabó con la vida de María Cristina Morales, en Barranquitas Oeste.
Cristina, quien apenas tenía 8 años no conoció las mieles del “primer mundo menenista” y en su corta existencia padeció el naufragio del 2001, la inundación de 2003 y las infinitas penurias de una vida miserable a orillas del Salado.
Estaba en la calle a escasos metros de su casa cuando, al decir de su amiguita Celina: “Cristina se durmió en la vereda”. Beatriz López fue quien al escuchar esas palabras se acercó a la “durmiente” y advirtió con espanto que la criatura si no agonizaba, ya estaba muerta.
Pero en principio los otros vecinos imaginaron que Cristina había caído mal. Que se había desvanecido al golpear contra un bloque de cemento y que, de un modo u otro -se esperanzaban-, tendría que reaccionar.
Lamentablemente cuando llegaron con ella al hospital quedó claro que Beatriz López había acertado, la nena había muerto en el lugar o en el camino -les dijeron-, porque el balazo que le entró por un ojo le destrozó la cabeza.
Esta mañana, en medio de la más cruda intemperie social, Gladys Morales aguardaba bajo la lluvia -ante la puerta de su casa de calle Estrada al 4100-, que alguien le regresara el cuerpo de su única hija, mientras alrededor suyo los vecinos -chapaleando en un barro pestilente-, iban de un lado a otro gestionando un sitio y un cajón para que la familia pudiera velar a la niña dignamente.
La bala que mató a Cristina -alumna de la Escuela Falucho-, fue de las tantas que a cualquier hora del día o de la noche cruzan Estrada y otras calles que de sur a norte atraviesan barrios como Santa Rosa, Villa del Parque, Barranquitas, Villa Hipódromo o San Pantaleón.
Vale decir que el de anoche fue un tiro más entre los tantos que intercambian chicos, adolescentes y hasta hombres que peinan canas, en el marco de esa guerra de todos contra todos, conflicto que podría explicarse en oscuros negocios como la prostitución o el tráfico de drogas.
Pero, por si esto fuera poco, es terrible saber que ese proyectil que anoche terminó con los ocho años de Cristina iba dirigido a otro menor, un chico de 16 años que se salvó providencialmente.
A tiro limpio otro chico de su misma edad, andaba buscando el modo de arreglar algunas cuentas. La denuncia que en la Seccional 6a. hizo la madre del adolescente agredido permitió conocer quiénes y en qué circunstancias mataron a la pobre Cristina.
Luego, otra madre que se presentó más tarde en la misma sede policial, aportaría otras precisiones. Esta segunda mujer, con sus dichos, permitiría saber que de un tiempo a esta parte los adolescentes se buscaban para matarse -ambos con el entusiasta apoyo de sus mejores amigos-, en medio de tiroteos y amenazas constantes.
La policía, entre otras muchas diligencias ordenadas por la justicia, allanó esta madrugada una vivienda de calle Estrada al 4300 y allí detuvo a un joven de 19 años que, según resultaría de las primeras investigaciones, podría ser el responsable del disparo mortal.
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