EL PUEBLO QUE SE SALVÓ DEL REMATE AÚN ESPERA SER DUEÑO DE SUS TIERRAS
Desde el mismo umbral humilde donde hace dos años parecía una muchacha desilusionada, Angélica Brassart, que ahora tiene 68 años, doce hijos criados y varios nietos en crianza en Los Amores, parece ahora una muchacha ilusionada: “Esta vez sí estamos seguros de que el gobierno no nos va a fallar. Esta vez vamos a tener nuestras escrituras. Falta el último empujón. En estos dos años hemos pasado de todo ¿sabe?, de la alegría al desencanto, algunos se desanimaron mucho y otros se guimos con el ánimo en alto; a veces nos enojamos mucho con los políticos, pero de todo eso nos vamos a olvidar por la alegría de tener nuestras escrituras.”
Hace dos años la mitad de Los Amores, uno de los setenta pueblos santafesinos con menos de dos mil habitantes, clavado a pico en la cuña boscosa de la provincia, a 500 kilómetros de la ciudad capital, casi en el límite con el Chaco y donde alguna vez fue amo y señor “La Forestal” que explotó el quebracho durante sesenta años, estuvo a punto de ir a remate. Con gente incluida. Y cementerio incluido, donde reposan para siempre los ancestros de estos viejos luchadores que han vivido en Los Amores por más de medio siglo y sólo aspiran a ser dueños de sus tierras. Las compraron a un dueño anterior, pero jamás hubo escrituras. Fueron poco menos que estafados. Una historia vieja de la que nadie quiere acordarse ahora.
Cuando el desatino del remate se hizo público, el gobierno provincial prometió, y cumplió, frenar la subasta. Y se comprometió a entregar las tierras de sus sueños a los habitantes que las reclaman para sí. Eso todavía está en lista de espera, aunque el gobernador Jorge Obeid aseguró a Clarín que la entrega de esas tierras es inminente. (Ver: Obeid: En setiembre…”)
“Ya llevo cuarenta y dos años de casada y viviendo en Los Amores. En el 87 le compré el lote al anterior dueño, pero nunca tuve escritura aunque tengo boleto de compra venta.” Adela Miño prepara la ensalada que acompañará el asado a servirse en su mesa generosa, la misma mesa en la que el gobernador degustó, hace dos años cuando visitó el pueblo, unas tortas fritas descomunales preparadas por Angélica Brassart. “En estos años hemos recibido el apoyo de muchos grupos de pequeños agricultores, de gente sin tierra que pelea por ocupar tierras fiscales —evoca Miño— Pero nuestro caso es distinto porque aquí vivimos desde hace casi medio siglo. Tuvimos que capacitarnos para conocer nuestros derechos y hoy somos un grupo dentro de una ONG. Se llama “Nuestra Señora de la Merced” porque a esa virgen rezamos. Y así vamos a llamar a el barrio cuando lo hagamos.”
A la Virgen de la Merced rezan en Los Amores por la salud de don Medardo Ojeda, que hoy tiene 79 años. Hace dos, su voz cavernosa y su risa profunda evocaba sus días de lucha por ser dueño de un pedazo de esa tierra a la que le entregó la vida. Don Medardo está ahora internado en un hospital de Vera y pelea una batalla todavía más dura. En Los Amores creen injusto que tanta espera y esfuerzo se vean truncados. Y rezan. Las fe los salva.
¿En qué se han ido estos dos años? En trámites. Indispensables. Pero largos. Hubo que medir pueblo y lotes otra vez, acomodar las calles que pasaban por las casas y las casas que se cruzaban con las calles, agrimensores, peritos, funcionarios de todo calibre intentaron desenredar una maraña jurídica y legal donde los metros cuadrados se mezclaban con el Código Civil, con el Penal y con las ilusiones. Todavía hay un par de manzanas que no figuran en los planos definitivos. Y la maraña sigue.
“Hasta no ver las escrituras, nosotros no vamos a suspender ningún trámite judicial”, explican Gabriela Contepomi y Horacio Capurro, cabezas del Servicio Jurídico Solidario, una entidad vinculada al arzobispado de Reconquista que hace más de quince años lleva adelante las causas judiciales de los habitantes de Los Amores. “Los planos quedaron aprobados a finales de 2004. En enero de este año el expediente lo tomó la Fiscalía de Estado, antes estaba en la Escribanía de Gobierno. En febrero notamos que faltaban dos manzanas en esos planos, En abril volvieron a Los Amores los funcionarios de catastro de la provincia. Quedaba todavía un embargo de la AFIP sobre los bienes del anterior propietario y todavía faltaba levantar algunos otros embargos particulares sobre esas tierras. Nosotros tenemos fe en que, finalmente, esas tierras van a ir a parar a manos de la gente.”
El jefe comunal de Los Amores, Omar Walker, comparte esa esperanza. Hace dos años arriesgó ante Clarín: “Solucionar este problema es una decisión política”. Ahora, en el patio soleado de la casa de Adela Miño, predice: “La decisión ya se tomó. Se demora un poco, pero ya está.”
Desde el fondo de la siesta llega la voz de Angélica Brassart, como una canción: “Y si quedamos col gados otra vez, aquí nos va a encontrar, peleando. Y si no, serán nuestros hijos. Pero no vamos a dejar de luchar.”
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