Sabe de bichos y enseña a convivir con ellos
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Trabaja en el INTA Rafaela desde el año 1977. Se obsesionó con los insectos y se fue a EE.UU. a estudiar Entomología. Dice que hay que aprender a convivir con las plagas y trabaja por la concientización de este principio. Conoce muchos secretos de los bichos que nos rodean y tiene una mirada particular sobre la relación que debemos tener con ellos.
Hace unas semanas, el propietario de una vieja casona de la ciudad comenzó a realizar refacciones y al tumbar una antigua pared de barro del patio se encontró con una población de alacranes que lo alarmó. “Andá a mostrárselos al Jorge Frana -le dijeron- Seguro que a él le va a interesar”.
No es fácil que el pensamiento de la gente sobre un determinado tema se ligue al nombre de una persona. Es algo que demanda mucho tiempo. Sólo aquellos que dedican su vida a eso o que logran hacer cosas que nadie hizo, lo consiguen. Son, en definitiva, personas apasionadas.
Jorge Frana no sólo recibe alacranes (de hecho, la anécdota inicial es suya), sino que a lo largo de los años, la gente ha pensado en él al encontrar todo tipo de curiosidad que se arrastra, camina o vuela por estos pagos. Y él los ha recibido con gusto. Porque dice que nunca se deja de aprender.
Nació en Rafaela y se recibió en Esperanza, de Ingeniero Agrónomo. Su madre dice que nunca fue el consentido de su abuela, que tenía campo, porque le hacía acordar a su abuelo. Un hombre que se obsesionó con los animales, a tal punto de llevarlo a la muerte, después de la sequía del ’48. El abuelo nunca pudo asimilar que se le hayan enfermado y muerto tantos animales. Y se mató.
Con esta historia personal a cuestas, que muchos años después hilvanaría, Frana entró a trabajar en el INTA. Fue en el año 1977 y, rápidamente, el tema del control de plagas lo atrapó. Diez después, decidió hacer los estudios de posgrado en Entomología. Aunque para ello, debió dejar el país.
Se fue junto a su familia bien al norte del Continente, y se instaló junto al Lago Michigan, en un lugar llamado West Lafayette, en el Estado de Indiana, muy cerca de Indianápolis. Mónica, su mujer, no sólo tuvo que cuidar de sus tres hijos (Marina, Enrique y Jorgelina), sino también trabajar y se dedicó a dar clases de español. Estuvieron 6 años en Norteamérica. Allí aprendieron no sólo el idioma, sino también, entre otras cosas, a convivir con la nieve. El tema que eligió Frana para su doctorado en Estados Unidos estuvo vinculado a la principal plaga del maíz que tiene ese país: la diabrótica. Un escarabajo que presenta un poliformismo sexual y cuyo estudio dejó abierta una brecha de conocimiento para poder actuar sobre su control.
El ingeniero volvió al país con una especialidad aprobada y una consigna muy clara: el primer gran desafío de la Entomología es concientizar a la gente. Es por eso que desde el INTA, y también en forma particular, durante todos estos años promovió encuentros, charlas, clases en las escuelas y hasta fue columnista del diario La Opinión.
Sus palabras hacen docencia todo el tiempo. Sin embargo, nunca dio clases. Reconoce que siempre quiso “meter la pata en la Universidad” pero que hubo “limitantes del sistema” que, por una razón u otra, siempre le han negado esa posibilidad. Hizo la primaria, la secundaria y la universidad en escuelas públicas. “Siempre sentí que a mi país yo tengo que devolverle algo. Pero a veces siento que estoy desaprovechado”, expresó.
Habla de los insectos con mucha naturalidad, haciendo mención a denominaciones científicas que para él son de uso cotidiano. Y su postura general sobre las plagas es bastante clara: “no todos los bichos son malos. Al contrario, la mayoría son buenos. Las plagas son una cuestión de convivencia. No hay que exterminar a los bichos. Y, en lo posible, no hay que usar veneno, porque te terminás afectando vos”.
¿Este te parece que es el pensamiento que hoy rige en la producción agropecuaria?
No. Nos cuesta meter en el pensamiento de la gente el tema del manejo de plagas. Los productores han hecho un abuso del uso de plaguicidas. Pero tampoco soy extremista. No estoy de acuerdo con aquellos que quieren correr la línea agronómica. Yo pondría la línea en 0. Pero a los productores les exigiría que practiquen el manejo de plaga que nosotros pregonamos.
Históricamente, la langosta fue la gran plaga que tuvo esta región.
Exactamente. Desde el 1890 hasta el 1950, fue desastroso para la colonia. En esa época, los campos no estaban sembrados con soja como ahora. En el 1800, habrá habido unas pocas hectáreas de trigo. Y cuando borraban el trigo, borraban el pan de la colonia. Era muy fuerte el impacto de la langosta. Por eso le tenían terror. La última etapa fue del 1958 al 1962.
¿Y cómo se le ganó a la langosta?
La langosta voladora, la que hace manga, sólo en la adultez tiene alas. El juvenil no tiene alas. Al principio, se le ponía una chapa barrera y se las iba moviendo, haciendo que las langostitas fueran saltando, en general, hacia un pozo donde después se las quemaba. Hasta que la ciencia determinó que donde había que actuar era en los sitios de crías, al pie de los montes de la zona árida (Catamarca, La Rioja, sur de Tucumán y Salta). Monitorear y controlar ahí. Eso se hizo a partir de 1960 y se tomó como ejemplo mundial, a punto tal que después Australia terminó implementando el mismo sistema. En esa zona, el SENASA se ocupa de hacer un monitoreo. Y en los últimos años no se hizo todo lo que se debía hacer. Por eso aparecieron langostas en el este de Santiago del Estero.
¿Cuántas especies de bichos tenemos a nuestro alrededor?
Nunca terminamos de conocerlos. El humano es estrecho de mente, duerme de noche y el mundo que vemos es de 1,80 metro para abajo. Y de día. Insectos, hay miles y miles.
Hace unas semanas, después de los días de lluvias, aparecieron en las casas unos mosquitos que eran enormes.
Son psoróphoros. Las larvas son acuáticas. Y cuando vos tenés mucha agua, se van a reproducir. Pero no todos son problemáticos. El problema del mosquito es cuando te transmite un virus complicado, como el dengue o el zika.
En otra época, lo que sorprendió fue la cantidad de grillos que hubo durante un verano.
Sí, son explosiones poblacionales en el campo, de especies que son atraídas a la ciudad por la luz. En general estas explosiones se dan porque se favorece la reproducción de la especie, o porque se elimina el control natural que existe, a partir de predadores o parasitoides.
En cambio, se ven cada vez menos sapos.
Con los sapos se da un fenómeno internacional. No es solamente en Argentina. Hay un decaimiento de la población de batracios. Por dos razones: el agujero de ozono, ya que la radiación violeta mata a los renacuajos; y la otra es un hongo que, por el mercado internacional, pasó de continente a continente y está arrasando con todo.
¿Por qué encontramos tantas chinches verdes en casa?
Porque vienen a invernar. Vienen del campo. Son una de las plagas principales de la soja. Pero en las zonas urbanas sufren menos el frío.
Y con los alacranes, ¿qué hay que hacer?
La realidad es que el alacrán vive en cualquier lado. En zonas secas y en zonas húmedas. Es predador. Es cierto que se alimenta de cucarachas. Pero las cucarachas también se alimentan del alacrán. Y a eso, nadie lo dice. Lo mismo que eso de que si encontrás a uno, tenés que seguir buscando al otro, a la pareja, porque se mueven de a dos. Y no es así, porque son todas hembras. De los que vemos por acá, no se conoce al macho. Entonces, primero hay que saber dónde se crían, para saber dónde hay que aplicar el veneno. Y a los venenos lo deben aplicar los tipos que saben. Sino, podés hacer un estrago en tu casa.
¿Alguna vez viste un bicho que no conocías o que te llamó la atención?
Siempre. Una vez, descubrí una abejita sin aguijón. O la araña diablo, que fue un artículo que escribí en el diario. Es rarísima. Me la mandó una señora de Lehmann.
¿Cuál es el bicho que más te gusta?
Hay muchos. Sobre todo los parasitoides. Tiene una vida fascinante. A diferencia del predador, que necesita de varios organismos en su vida para poder vivir, el parasitoide sólo necesita de un organismo en todo su vida.
¿Es cierto que tenés desde arañas hasta cucarachas congeladas en la heladera de tu casa?
Ahora no. Pero sí, hemos llegado a tener. Para un entomólogo es normal. Algunos tienen perdices para comer. Y si le preguntás a cualquiera del INTA, te va a decir que es normal. Mi hijo, las palomas que cazaba, las poníamos en el freezer.
¿Qué opinás sobre la caza?
Mi viejo siempre le tuvo pánico a las armas, así que nunca tuve rifle. Pero en Estados Unidos, cuando vi lo barato que era un rifle de aire comprimido, le compré uno a Enrique (su hijo). Pero ya veníamos con una conciencia ambiental. Lo que se caza, se come. Todo lo que se caza, es para comer. Si no te vas a comer un gorrión, no le tirés.
No hay que matar por matar a ningún bicho.
No.
Ni a las cucarachas.
La cucaracha está en el ambiente si se cumplen dos requisitos. Si hay humedad, y si hay disponibilidad de alimentos. Y la disponibilidad de alimentos está dada por la grasitud. El 5% de las cucarachas, se vino a acomodar a los ambientes urbanos. El resto está en el campo descomponiendo lignina de celulosa. O sea que, los residuos de la siembra directa, tendrían que descomponerlos las cucarachas. Entonces, si hay una cucaracha en tu casa, no es culpa de la cucaracha. Es que vos sos el mugriento.
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