EL REAL MADRID GANÓ Y CONSIGUIÓ UN POCO DE TRANQUILIDAD
Si el clima estaba cargadito en el Bernabeú, después de los últimos resultados, ni hablar lo que pasó cuando llegó el sorpresivo gol de apertura de la Roma. Tres minutos se jugaban, apenas, cuando los centrales del Real dudaron y De Rossi entró muy cómodo al área para poner el 1 a 0. Murmullo general, de esos que perforan en serio.
Ahí el equipo español salió disparado al ataque. Fue como pudo, sin ideas y con más empuje que fútbol. Los talentosos no agarraban la pelota y el traslado caía en Roberto Carlos. Todo dicho, entonces. Porque el brasileño es muy bueno en lo suyo, pero tampoco está para hacer jugar a sus compañeros. ¿Figo? Se durmió una linda siesta sobre el lateral derecho y de ahí no se movió. Con Zidane pasó algo parecido. Todos los intentos dependían de lo que hicieran individualmente Ronaldo y Raúl. Justamente, el brasileño tuvo el empate, con una de sus típicas entradas, pero el arquero le achicó bien y no pudo definir.
Para calentar más los ánimos, Cassano recibió en la medialuna, con la defensa del Real saliendo, y sorprendió con un remate bajo, muy esquinado, que terminó también adentro. Se jugaban 22 minutos y dos a cero.
Ahí fue puro nerviosismo. Adentro de la cancha y en las tribunas. Los jugadores hacían todo rápido y cometían errores, algunos infantiles. La gente protestaba. Hasta que Raúl apareció decidido y marcó el descuento.
Estaba claro que Real Madrid se iba a ir a quemar las naves. Salió decidido y en los minutos iniciales del segundo tiempo se vio otra actitud. Los creativos, llámese Figo y Zidane, se mostraron mucho más. Pedían la pelota y habilitaban a los de arriba. El gol estaba al caer, porque cada arranque de Ronaldo terminaba en una situación de peligro.
Vino un centro desde la derecha, sin peligro inminente. Raúl saltó con su marcador y el árbitro sospresivamente cobró penal. Las quejas no alcanzaron para que modificara su fallo y Figo marcó la igualdad.
A esa altura el cuadro de situación era: la Roma, ya sin fuerzas, aguantaba como podía. Y Real Madrid, a su manera, lo arrinconó. El tercero llegó después de un centro cruzado de Figo y Raúl, en el primer palo, la empujó. Nadie se sorprendió cuando Roberto Carlos marcó el cuarto, con uno de sus típicos bombazos. A esa altura, todo estaba resuelto.
El pitazo final trajo algo de tranquilidad para los locales, que viven días difíciles y una victoria como esta nunca viene mal.
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