EL RECLAMO DE JUSTICIA CONTRA EL GATILLO FÁCIL DERIVÓ EN REFRIEGA
La protesta de amigos y familiares de dos jóvenes muertos por la policía en un caso de gatillo fácil, frente a los Tribunales provinciales, terminó con desórdenes y el enfrentamiento de medio centenar de personas y la policía. Los manifestantes, pertenecientes a la organización Barrios de Pie y Padres del Dolor, reclamaban justicia luego que el juez Juan José Pazos sobreseyera al oficial subayudante Claudio Kleiman y al cabo Mario Díaz, en la causa por la muerte de Andrés Velázquez, de 14 años, y Walter Caballero, de 19. Ambos chicos fueron asesinados la madrugada del 26 de setiembre de 1999 en Cepeda y Spiro, zona sur de Rosario, mientras conversaban en la calle. Los familiares de las víctimas denunciaron reiteradamente que la policía fraguó un tiroteo para encubrir el asesinato de las víctimas.
Julio López, de Barrios de Pie, relató que el origen de la refriega fue que “una de las chicas de 15 años fue detenida por la policía, y llevada por la fuerza a una oficina de Tribunales y golpeada, mientras a Andrea Velásquez, hermana del chico asesinado, la tiraron al piso a pesar de que gritaba que estaba embarazada”. Fue allí entonces que los jóvenes de Barrios de Pie reaccionaron y trataron de rescatarla, produciéndose la refriega en la puerta giratoria de avenida Pellegrini. López destacó que “esta era la marcha número 12 y en las anteriores nunca había pasado nada, y ahora con el sobreseimiento del juez a la policía, paso esto”.
Por su parte, Amado Velásquez -padre del menor de 14 años asesinado- explicó que los único que hicimos es “una marcha de protesta porque recién el miércoles pasado le notificaron a nuestro abogado el sobreseimiento de los dos policías, que ya estaba hecho desde el 18 de febrero. Y justo hoy (por ayer) se cumplen 4 años de la muerte de mi hijo”. El padre del menor muerto por la policía confesó que “le perdí la confianza absolutamente a la justicia porque en lugar de investigar a quienes mataron a mi hijo el juez Pazos me investigó a mi”. En ese sentido denunció que el magistrado lo cito en su despacho “para preguntarme quien me daba los afiches que pegábamos en el barrio con la foto de los dos chicos muertos”.
En igual sentido Velásquez agregó otra grave denuncia: hace menos de dos semanas la Brigada de Investigaciones allanó su vivienda ubicada en la zona de Grandoli al 3800 con la orden de un juez y le retiraron dos camperas, que decian iban a poder ser reconocidas por la víctima de un delito. Sin embargo revelo que el secretario del juzgado de instrucción de la 4º nominación, me confesó que la policía logro la orden de allanamiento con engaños, y me dijo concretamente que le habían vendido un paquete porque me querian cobrar una factura por que yo estaba haciendo todo este lío por mi hijo”, dijo Amado.
El doble homicidio fue la conclusión del robo al taxista Héctor Tomás Rondán, asaltado por dos ladrones que le dieron un golpe en la cabeza y le quitaron un portamonedas con 15 pesos y un atado de cigarrillos. Rondán denunció el robo al Comando Radioeléctrico y aproximadamente a las 4.20 del 26 de septiembre varios móviles llegaron a la zona de Cepeda y Spiro. En un pasillo de esa esquina conversaban Velásquez y su amigo Caballero, de 19, ambos “portaban” una lata de gaseosa y un paquete de galletitas en un quiosco. La Unidad Regional II informó que se había producido un enfrentamiento; Velásquez murió tras recibir un disparo en el tórax, mientras Caballero quedó herido de gravedad tras recibir dos impactos en el pecho y otro en la pierna. Caballero agonizó durante un día hasta que falleció en el Hospital de Emergencias.
El dermotest realizado en Caballero dio resultado negativo, lo que acreditó que no manejó ningún arma, ni siquiera la que apareció tirada al lado de su cuerpo. El examen de Velásquez no se pudo hacer porque su cuerpo fue lavado al llegar al hospital. Por otra parte, los jóvenes no fueron reconocidos fotográficamente por el taxista Rondán.
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