El riesgo de las conclusiones facilistas
Los hechos son conocidos. Y están precedidos por un robo con destrucción incluida al C.O.D.E, supuestamente protagonizado por alumnos de una escuela técnica de la ciudad capital. Unos días antes, una maestra había relatado en llantos, un ataque a las 8:00 de la mañana, cuando se bajaba del colectivo y caminaba rumbo a su lugar de trabajo. Todo se mezcla, como en un cóctel, se sacude y se expone a la opinión pública.
La "opinión pública" -que suelen ser un grupo de ciudadanos asustados que llaman a los teléfonos de las radios locales o escriben mails o mensajes en facebook- lo "debate" en los medios. Y los medios preguntan a los actores -funcionarios, dirigentes gremiales, policías, docentes o alumnos- qué soluciones urgentes hay para este "asunto". Como si se tratara de un solo asunto. De una sola cosa. De un objeto sencillo. Y ahí se arrojan soluciones a la mesa: ¡Servicio Militar ya!; "Murallas inviolables rodeando las escuelas" ¿por qué no el Estado de Sitio? y ¿qué tal si probamos con el fusilamiento preventivo? No, mejor armemos "Escuadrones de la muerte", que ingresen con la fuerza de una Paragendarmería a los barrios marginales y secuestre las armas, seguramente robadas, y vacíe sus cargamentos sobre los cráneos de los potenciales ladrones del futuro. STOP
¿Cuán lejos estamos de esas horribles conclusiones, cuando quienes tienen la responsabilidad de poner paños fríos y calmar a la población, aprovechan cualquier circunstancia, incluso la dramática imagen de un docente baleado frente a sus alumnos, para promover un estado de confusión y desesperación?
Claro que al Estado, y por ende al gobierno, le caben dar respuestas. Es absolutamente exacto que deben exhibirse políticas sociales, educativas y de seguridad que -por lo menos- vayan morigerando la sensación de desbande que van sembrando estos hechos. Pero ¿cuáles son, exactamente las medidas que puede adoptar el Estado, si la realidad (entiéndase, por ejemplo, un supuesto ladrón de bicicletas que balea al docente en plena clase de educación física) resulta inasible a cualquier medida de seguridad preventiva?
¿Qué se reclama desde las conducciones gremiales, cuando se afirma mediante masivos mensajes de textos que las "Tizas no se manchan"? Está más que claro que los docentes, como todos los ciudadanos, merecen seguridad y dignidad en sus tareas. Pero no es admisible, que se flamee la bandera del combate en medio de una situación de compleja soluciones. Medrano no es un docente baleado por la represión policial. Es, como tantos otros ciudadanos no docentes, una víctima de una sociedad cruzada por las desigualdades y la muerte de valores centrales. No es un asunto de sectores determinados. Es una dolorosa realidad tan compleja de resolver, como la marginalidad de un 30% de la población. No en Santa Fe, sino en todo el país, aunque los números del Indec pretendan decir lo contrario.
Sin magia a la vista, una situación que demandará décadas resolver, si es que se adoptan medidas serias de inclusión.
Hay que ser cautelosos con el uso de algunas banderas de alto impacto, como lo constituye la dramática escena del docente baleado. El aprovechamiento de estas escenas, apenas alcanza para despertar pasiones irresistibles en la "opinión pública", e impiden y sesgan la posibilidad de reflexionar sobre el asunto.
¿Policía en todas las escuelas? ¿Ejército en la calle custodiando a todos los polideportivos? Un disparate.
Hay secuestros de armas. Hay políticas de inversión en educación. Hay más policías. Probablemente haya dificultades para resolver adecuadamente, en sede judicial, la situación de los menores que protagonizan los hechos, pero aunque se multipliquen las custodias, aunque se patrulle toda la ciudad, aunque se amurallen todas las escuelas… la escuela seguirá siendo una expresión más de una sociedad devastada por décadas de políticas de vaciamiento. Y la recuperación definitiva de la escuela, dependerá de la recuperación del resto del cuerpo social. Y eso demandará mucho tiempo, y paciencia. Aún frente al horror de un docente baleado en plena clase.
No debemos caer en la facilidad de las conclusiones urgentes. No se deben usar estas situaciones para "marcar la cancha" y falsear algunas consignas. Mucho menos para hacer política de bajo fondo.
Para eso están los que construyeron el país de los 90. Una década que ya empezó a cosechar hijos en la calle. Y algunos de ellos, disparan.
Este contenido no está abierto a comentarios

