"EL ROCK AND ROLL ES BASURA"
A la gente de todo el mundo le gustaría encontrar la manera de agradecerle a la música popular norteamericana por haber hecho que su vida y su música fueran más ricas y más hermosas. Muchos lo intentan. Yo también (Caetano Veloso, 2004, de un texto incluido en el sobre interno de A Foreign Sound)
La cantante gaúcha Adriana Calcanhotto tuvo la audacia de hacerse cargo del deseo de miles de mujeres y músicos populares y decidió titular una de sus canciones Vamos a comer Caetano. El comer aquí tiene el significado elocuente del canibalismo artístico que caracteriza a la música brasileña y, también, el más inquietante del placer sexual. Todos parecen querer comer a Caetano. El conserje del hotel, la chica de la discográfica, el taxista que exclama como recortado de un estereotipo: “¿Caetano Veloso? O mais grande…”. Caetano Veloso acaricia una lata de coca cola en una oficina destemplada del barrio carioca de Gávea y sonríe con esa sonrisa que a veces es una mueca vacía o un gesto diplomático y otras un repertorio de dientes blancos y perfectos instalados en una cara gomosa. Los pliegues de piel mulata deforman el rostro que hace un instante era circunspecto. “Cuando escuché por primera vez esa canción de Adriana Calcanhotto me dio un poco de miedo. Era… fuerte. Ahora me parece bien”, dice.
Cada movimiento de este bahiano nacido el 7 de agosto de 1942 en una casa pobre del pueblo Santo Amaro da Purificacao es aristocrático. Desde que irrumpió impactado por la figura de Joao Gilberto vivió cada una de sus etapas de un modo radicalizado, oblicuo y librepensante. Caetano profundizó en la bossa nova, atravesó la psicodelia, fue hippie, bisexual, incómodo políticamente, escritor, cineasta, provocador compulsivo. Lo sigue siendo.
Ahora provoca desde el corazón del Imperio: a diez años de ese gran homenaje a la canción hispanoamericana que es Fina estampa, sorprende con A Foreign Sound (Un sonido extranjero), basado en un repertorio angloamericano de compositores que van de Cole Porter, Gershwin, Irving Berlin y Ellington a Steve Wonder, Paul Anka, Bob Dylan y Kurt Cobain. Ese disco hoy es, además, un espectáculo que lo tiene girando por Brasil y que el 12, 13, 14 y 15 de agosto hará en el Gran Rex de Bueno Aires.
Resulta tentador tomar a “A Foreign Sound” como un “Fina estampa” norteamericano. ¿Es así?
Sí. Y mi proyecto es hacer otro disco más y cerrar una trilogía. Será un álbum de canciones lusoamericanas, es decir, americanas de origen portugués.
Brasileñas
Sí, brasileñas. Y así cerrar un mapa musical de toda América.
¿Cómo nació la idea de “A Foreign Sound”?
Es un proyecto viejo, viejísimo. De antes incluso que Fina estampa. Estaba decidido a no hacerlo.
¿Por qué?
Es misterioso por qué algunas cosas no se hacen. Hay muchos factores, algunos incontrolables. Creo que desistí porque me parecía fácil y no relevante hacer canciones norteamericanas. Me convenció Bob Hurwitz, el director de Nonesuch, el sello que distribuye mi música en los Estados Unidos. Me dijo palabras muy linda para convercerme: “Sos el único artista en el mundo que puede grabar en un mismo disco a Cole Porter y Bob Dylan y que quede consistente”.
¿Y finalmente te resultó “fácil y no relevante”?
No, no. Justamente por eso lo hice. Tuve que pensar muy bien el repertorio. Amo demasiadas canciones y no sabía cuáles dejar afuera. Además, muchos artistas de mi generación de lengua inglesa han grabado ese repertorio de standards, gente que ha crecido en una época post standards como Rod Stewart, Brian Ferry, George Michael, Elvis Costello. Es una generación que tiene que ver con el rock y que creció detestando la música respetable de sus padres.
¿Y vos? ¿Detestabas la música de tus padres?
No. A mí me salvó la bossa nova, que estaba inspirada en el cool jazz y en la canción de Broadway pasado por el samba. A mí me gustaba la buena canción norteamericana, la buena canción brasileña, la buena canción mexicana o cubana, el tango argentino. El rock and roll era regresivo, primario, de un comercialismo vulgar. El rock and roll es basura que fue resignificada por los ingleses. Los ingleses hicieron del rock una música respetable. Yo también trabajo con basura. Cuando Los Beatles trabajan con un repertorio vulgar para ofrecer una visión sofisticada se produce una revolución de criterios. Semejante a lo que ocurrió con el arte pop, que eligió íconos de la cultura de masas (como Elvis Presley y Marilyn Monroe) y hasta latas de sopa. O Jean Luc Godard, que ahora aparece como la antípoda de Hollywood, la resistencia europea al cine americano. Para mí es un cineasta pop, su cine es la recuperación crítica del legado de Hollywood. Lo más parecido a Almodóvar y Tarantino.
Caetano Veloso ama el cine. En 1986 dirigió O cinema falado, uno de cuyos personajes reflexiona en un momento: “El idioma inglés es un tema importante para aquellos que quieren dominar la música porque es el idioma de la dominación…” Este texto también lo incluyó en el sobre de su último disco. Al igual que unas virulentas declaraciones de Frank Sinatra (“El rock and roll suena falso. En su mayoría lo cantan, lo tocan y lo componen unos estúpidos cretinos y, a través de su reiteración imbécil y de las letras lascivas y sucias, logra ser la música marcial de todo delincuente patilludo en la faz de la tierra…”), estos párrafos junto con frases atribuidas a Chet Baker, Elvis Presley, Bob Dylan, Miles Davis y otros intentan amalgamar las ideas dispersas que definen A Foreing Sound.
Sí, Veloso ama el cine. Entonces comenta: “Vi La Ciénaga, de una mujer de Salta, ¿puede ser? Me encantó. También vi otra argentina, más liviana, pero divertida: El hijo de la novia Hay un gag muy gracioso, cuando el cura dice que Dios no es joven ni viejo, negro ni blanco, hombre ni mujer… Y el protagonista lo interrumpe y grita: ¡Ese es Michael Jackson!” Elogia Kill Bill de Tarantino y Perdidos en Tokio de Sofia Coppola y castiga Dogville de Lars von Triers (“una falsa película artística que finge ser experimental y es oportunista”).
¿Es cierto que tuviste problemas con el visado para entrar a los Estados Unidos?
Tuve un problema con la prensa brasileña, que publicó esa noticia falsa. Con la inmigración norteamericana, no.
¿Cómo es tu relación con los EE. UU.?
Es compleja. Me gusta el proyecto americano, me gusta la formación de la sociedad americana. Las ideas que vinieron de la revolución americana son, para mí, un tesoro de la humanidad.
¿Y los casos de torturas?
Yo odio a Bush. Uno puede pensar que los EE.UU. tienen la fuerza, que deben luchar por los valores de Occidente y que Bush es el encargado de hacer el trabajo sucio. Es un razonamiento. El mío es que Bush, que casi no fue elegido legítimamente por la gente, fue legitimado por el regalo que le hizo su colega Bin Laden, otro fundamentalista, con su gesto asesino. Esta gente es enemiga de la modernidad.
¿Cómo lo ves a Gilberto Gil como ministro de Cultura de tu país?
Lo veo feliz. Está luchando. Es un ministerio muy pobre. No hay plata.
¿Y a Chico Buarque?
¡Me encantó Budapeste! Es su última novela. También me había gustado Estorvo. Chico tiene una prosa tan elegante….
Una vez dijiste que “Chega de saudade” por Joao Gilberto te cambió la vida. ¿Te ponés a pensar el impacto que pueden tener tus canciones en alguna gente?
Caetano piensa, sonríe, deja arrugar su cara, juega con una lapicera y se para como terminando la entrevista. Dice que en A Foreign Sound faltaron temas de Marvin Gave, James Brown y Prince y, cuando ya parecía que había soslayado la pregunta, dice, de pie: “Quiero volver a filmar, pero me resulta muy complicado. Hacer canciones es sencillo. Y las hago apenas para entretener. “
Este contenido no está abierto a comentarios

