El Rusiagate ya tiene quien declare
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Jared Kushner, el yerno de Donald Trumpo, deberá responder ante el Senado sobre la posible injerencia del Kremlin en las últimas elecciones.
El Rusiagate volvió a golpear en la Casa Blanca. Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump y uno de los integrantes del círculo íntimo, será interrogado en el Senado sobre las reuniones que mantuvo con funcionarios rusos el año último y los vínculos de la campaña de Trump con el Kremlin.
Kushner será el primer miembro de la Casa Blanca -y el más cercano a Trump- que responderá preguntas de los senadores a cargo de una de las investigaciones por la injerencia del Kremlin en la última elección presidencial. Kushner se ofreció voluntariamente a testificar.
El Rusiagate ha dejado bajo sospecha al gobierno de Trump. Kushner, uno de los asesores más cercanos del presidente, un “diplomático en las sombras” involucrado en la política exterior de la Casa Blanca, decidió ir a testificar al Senado antes de ser llamado.
Esa novedad coincidió con otra revelación: el banco de desarrollo estatal ruso Vnesheconombank (VEB) informó que funcionarios de la entidad mantuvieron conversaciones con Kushner durante un road show bancario en 2016, cuando la entidad preparaba una nueva estrategia. Un vocero de Trump confirmó esas reuniones.
El escándalo ya ha golpeado la credibilidad de Trump. El presidente ha dicho, en reiteradas ocasiones, que todas las especulaciones sobre su campaña y el Kremlin son “noticias falsas” y que no tiene nada que ver con los rusos ni con Rusia.
Cada vez que un periodista preguntó sobre el tema, Trump dijo que era “un chiste” o una “artimaña”. Pero, sugestivamente, cuando le preguntaron si alguien de su campaña sí se había reunido con los rusos, Trump respondió que “al menos” en lo que a él le constaba nadie había tenido contactos con Moscú.
Kushner también se reunió con el embajador ruso en Washington, Sergey I. Kislyak, luego de la elección presidencial y antes de que Trump asumiera.
El Rusiagate dejó otra novedad. Devin Nunes, presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, admitió ayer que fue a la Casa Blanca para revisar información clasificada un día antes de que la hiciera pública y, luego, volviera a la Casa Blanca para compartirla con Trump y su equipo.
La revelación dejó -otra vez- furiosos a los demócratas. El líder de la oposición en el Senado, Chuck Schumer, pidió la renuncia de Nunes al comité, y reiteró el llamado a una investigación independiente, en manos de un fiscal especial, un giro que el oficialismo quiere impedir cueste lo que cueste.
El martes último, Nunes se reunió por la noche, en secreto, en el predio de la Casa Blanca, con una fuente que le mostró informes de inteligencia, confesó ayer su vocero. Un día después, Nunes se paró delante de los micrófonos en el Congreso y dijo que Trump y su equipo de transición pudieron haber sido “espiados incidentalmente” tras la elección presidencial.
Trump, quien había acusado sin brindar evidencia alguna a su antecesor Barack Obama de “pinchar los teléfonos” de la Torre Trump, dijo que se sentía reivindicado.
La revelación de Nunes fue criticada por demócratas, republicanos y expertos en inteligencia y seguridad nacional porque el republicano quebró varios protocolos. Nunes no compartió la información obtenida con el resto de los miembros del Comité de Inteligencia antes de hacerla pública ni de compartirla con la Casa Blanca.
El Congreso y el FBI investigan cuál fue el alcance de la interferencia del gobierno de Vladimir Putin en la última elección presidencial y si el Kremlin colaboró de manera directa con la campaña de Trump para ayudarlo a derrotar a la candidata demócrata Hillary Clinton.
El líder demócrata del Comité de Inteligencia, Adam Schiff, ha dicho públicamente que existe “más que evidencia circunstancial” sobre colusión entre el Kremlin y la campaña de Trump. El director del FBI, James Comey, confirmó ante el Congreso que la investigación busca dilucidar si hubo un pacto.
Dura advertencia de la prensa global
Los líderes de los grandes medios de comunicación internacionales agrupados en WAN-IFRA -de la que Adepa forma parte- señalaron su profunda preocupación por los persistentes ataques del gobierno estadounidense a la prensa. La organización le pidió en una carta al presidente Donald Trump que cese sus acusaciones de “falsificación informativa” y su discriminación contra ciertos medios. El texto rechaza la reiterada acusación de Trump, que califica a los medios de comunicación como “enemigos del pueblo estadounidense”. “Es contraproducente ver al presidente de Estados Unidos alimentando un antagonismo contra los medios de comunicación al etiquetarlos -engañosamente- como «noticias falsas»”, dice la carta de WAN-IFRA a presidente norteamericano.
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