EL SECRETARIO PRIVADO DEL SUMO PONTÍFICE ADMITIÓ QUE JUAN PABLO II ESTÁ EMPEORANDO
Horas de gran nerviosismo se viven en el Vaticano, donde el evidente deterioro de la salud del Papa que pudo verse el domingo último desató tantos rumores sobre un empeoramiento de su estado y una nueva hospitalización que el jefe de su equipo médico debió salir a tranquilizar las aguas y desmentir esta versión.
“No está prevista ninguna internación de Juan Pablo II”, dijo el doctor Rodolfo Proietti, al cabo de una jornada marcada por un estado de alerta general de los medios por un supuesto agravamiento de las condiciones del anciano y enfermo Juan Pablo II, un paciente de 84 años que sufre de mal de Parkinson y altibajos en su frágil estado.
La alarma fue fruto de su brevísima aparición del Domingo de Ramos, sumada al silencio del Vaticano, versiones de prensa alarmantes y una nueva cancelación de la audiencia general de los miércoles.
“El Papa estuvo mal todo el día del lunes y también durante la noche. Su malestar ha continuado este martes”, dijeron a la agencia AFP fuentes vaticanas bien informadas. El propio don Estanislao, el secretario privado del Santo Padre, le dijo a un sacerdote de su nacionalidad una frase más que elocuente: “Rece por el Papa, porque está empeorando”, según Il Messaggero.
El arzobispo Estanislao Dzivisz, junto a sor Tobiana, una monja polaca que cuida al Pontífice, es uno de los poquísimos que tienen acceso a Karol Wojtyla, que desde que regresó del Policlínico Gemelli, el 13 de este mes, está bajo atención médica permanente, vigilado durante las 24 horas por un equipo que incluye expertos en reanimación.
Al bendecir a los fieles desde su ventana del Palacio Apostólico, el primer Domingo de Ramos en el cual no celebró misa, al Papa se lo vio sufriente y demacrado, con una venda en la mano derecha y, según un medio italiano, hasta con un tubo de oxígeno que detrás de la espalda le entraba en la vestimenta a la altura de la cánula de la traqueotomía.
Si bien los rumores son lógicos en el clima de incertidumbre total que se vive aquí, mientras arrecia una psicosis mediática que incluye la competencia para ver quién logra dar antes la noticia del fin de este pontificado, se sabe que Juan Pablo II no ha estado nada bien en los últimos días.
En una nueva fase de este final de pontificado, Juan Pablo II vive como en una burbuja, altamente protegido, porque debido a la cánula que se le insertó en la tráquea para respirar mejor corre un alto riesgo de contraer infecciones. Por esto, se le están dando muchos antibióticos.
El Papa, que ya tenía problemas de deglución y respiración debido al Parkinson, también tiene dificultades para soportar la cánula, que le crea problemas de alimentación, según trascendió. “Se está alimentando cada vez menos. Para compensar esto le suministran hierro, pero eso le provoca fuertes dolores de cabeza y náuseas”, explicaron las mismas fuentes vaticanas bien informadas. Además, otro problema es la acumulación de catarro en la garganta.
Gianni Pezzoli, presidente de la Asociación de Enfermos de Parkinson italiana, en tanto, afirmó que la enfermedad del Papa “ha avanzado tanto” que los fármacos utilizados hasta ahora ya no son eficaces, por lo que el deterioro es irreversible, y es posible que le tengan que aplicar el denominado “Peg”. Es decir, una pequeña sonda que se conecta al estómago para poder alimentarlo, ya que no le alcanza con el suero.
Gesto de enojo
El domingo último, cuando apareció en la ventana de su estudio del Palacio Apostólico, al Papa se lo vio muy delgado, y llamó la atención cuando se llevó las manos a la cabeza, como sufriendo un gran dolor. Poco después, quizá frustrado por no poder responder a la multitud que lo aclamaba o porque sus colaboradores estaban retirándolo de la ventana, golpeó su puño sobre el atril, un gesto de enojo típico del Karol Wojtyla, un gran comunicador que ya no puede comunicar.
Ayer, luego de una noche en la que hasta corrieron versiones de que el Papa había vuelto al hospital -por lo que decenas de medios inmediatamente volvieron a instalar sus camiones satélite y generadores en el lugar indicado-, e incluso de que había fallecido, la ausencia del vocero del Papa, Joaquín Navarro Valls, en una conferencia de prensa en la que debía presentar un documental sobre el Pontífice (ver aparte) exacerbó aún más los ánimos.
El segundo de Navarro Valls en la sala de prensa del Vaticano, padre Ciro Benedittini, fue quien habló. Y tras confirmar que hoy el Papa no celebrará la audiencia general de los miércoles, no descartó que pueda asomarse a la ventana para bendecir a los fieles en la Plaza de San Pedro, como sucedió la semana última.
“El Papa está muy débil. Quizá salió del hospital antes de tiempo para no morir allí, sino en el Vaticano”, dijo a LA NACION un monseñor que prefirió el anonimato.
En un clima de creciente incertidumbre, se excluye que el Papa pueda participar en el Via Crucis en el Coliseo (ver aparte). “Su calvario será quedarse en su habitación del Vaticano”, escribió Orazio Petrosillo, del diario Il Messaggero, que destacó que la convalecencia del Pontífice “se está convirtiendo en un leve y continuo empeoramiento”.
Si bien algunos habían especulado con que el Pontífice podría estar presente en la tradicional procesión con antorchas del Coliseo, el Vaticano ya se está organizando para una presencia virtual del Papa, a través de una videoconferencia. El departamento de Juan Pablo II, de hecho, fue conectado por cable con el Centro Televisivo Vaticano. Pero como desde las dos hospitalizaciones sufridas en un mes -una de diez días, la otra de dieciocho- se vive al día, no se sabe si el Papa estará en condiciones de decir algunas palabras a los fieles antes y después del Vía Crucis a través de las pantallas gigantes.
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