EL SOCIALISMO GOBERNARÁ GALICIA
La historia política se dio vuelta anoche en Galicia, donde el gobernante Partido Popular (PP), de Manuel Fraga Iribarne, quedó a una banca de la mayoría absoluta y, por lo tanto, del sueño de un quinto período consecutivo en la administración de esa región española.
Aunque no fue el más votado, la distribución proporcional de bancas hizo que el Partido Socialista Gallego (PSG) se haga de la llave para que su candidato, Emilio Pérez Touriño, negocie la formación de un gobierno. Para ello ya acordó una alianza con el Bloque Nacionalista Gallego (BNG), tercera fuerza en el mapa regional.
Así, por primera vez en 16 años el PP, de derecha, se aleja del gobierno regional, al que consideraba poco menos que territorio propio.
En la derrota de Fraga Iribarne fue determinante el conteo de los 120.000 votos de gallegos residentes en el exterior, de los cuales más del 12% fue impugnado, lo que podría derivar en procesos judiciales sobre el resultado. De ese total, más de la tercera parte procedía de la Argentina. Pero, en realidad, todo se redujo y concentró aún más, porque la clave estuvo en los 31.000 sobres validados en la provincia de Pontevedra, que aportó la banca en disputa para la formación de gobierno. En ese caso, de la Argentina llegó el 43% del total, o sea, 13.500 votos.
Pasada la medianoche, el cómputo oficial de ese enclave dio a los populares de Fraga el 49,7% de los votos correspondientes al censo de residentes ausentes (CERA), ventaja que resultaba insuficiente para conseguir el decisivo parlamentario número 38.
El Partido Socialista Gallego obtuvo el 43,6% de los sufragios de la diáspora, mientras que el BNG logró el 4,08 por ciento. Con este resultado, los populares se quedaron a un escaño de la mayoría absoluta.
Tan larga fue la espera que Pérez Touriño ni siquiera aguardó el resultado oficial para decretar su victoria sobre el veterano Fraga. “El voto de los emigrantes confirmó la decisión expresada por los gallegos hace una semana. Hay una clara mayoría electoral y parlamentaria por el cambio”, dijo. La sede de su partido era pura fiesta, mientras que la amargura y la preocupación eran evidentes en la sede popular.
Fraga fue el primer dirigente popular en aceptar la derrota. “Siempre dije que serviré a Galicia desde donde me toque”, dijo.
El socialista Pérez Touriño devolvió el gesto con la promesa de dedicar todas sus “energías” a cumplir con el “mandato de cambio y renovación” en el gobierno regional. “Un deseo de los gallegos, confirmado por el voto de los emigrantes”, insistió.
En el nivel nacional, el resultado significa oxígeno para el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero. Y la cuarta derrota consecutiva del opositor PP desde que el también gallego Mariano Rajoy asumió su liderazgo.
Durante todo el día, el recuento se vio envuelto en escándalos y sospechas de fraude que podrían derivar en una prolongada disputa judicial.
El elevado porcentaje de votos impugnados motivó duros planteos de los populares, que llegaron a pedir -aunque sin éxito- la suspensión de todo el proceso. De hecho, el PP fue el único partido que, agotada la validación de votos y antes de que iniciara su cómputo, pidió que el conteo se suspendiera. “Hay muchas irregularidades”, dijeron sus veedores.
PROTESTAS E INTERRUPCIONES
Nunca antes en Galicia se vieron tantos fiscales partidarios para seguir la apertura de las sacas blancas y celestes en las que se almacenaron los votos de la llamada “diáspora”. Más de setenta personas llegaron de todo el país para controlar la tarea.
Pese a que los votos por escrutar no eran muchos, las sucesivas protestas e interrupciones lo dilataron. Hubo que esperar hasta pasada la medianoche cuando, con el 80% de las papeletas contabilizadas, el panorama parecía difícil de revertir.
Los votos de gallegos emigrantes fueron así decisivos para completar el escrutinio gallego del pasado 19, en que el reñido resultado postergó un veredicto final hasta que se contabilizara el sufragio producido fuera del territorio. Y anoche mismo eso parecía estar en tela de juicio ante las protestas de fraude.
El PP reaccionó airadamente al comprobar que casi 5000 votos correspondientes a Pontevedra quedaban fuera de cómputo. Buena parte de ellos, aunque no hay un número exacto, procedía de Venezuela, donde hubo denuncias de manipulación por la demora en la remisión de las sacas.
“Algo extraño está pasando”, había dicho Fraga. Fuentes del partido deslizaron que la buena relación entre el venezolano Hugo Chávez y el presidente Rodríguez Zapatero tal vez podría tener algo que ver. “Eso es una infamia”, de-secharon desde el gobierno nacional.
La junta electoral pontevedresa rechazó todos los votos con fecha posterior al 18 de junio, así como los que no contaban con sello claro del día en el que fueron emitidos. “Eso es penalizar al votante por un error que no le corresponde”, protestó Federico Trillo, jefe de los veedores del PP.
El dirigente acusó mal la derrota. “Deja un sabor agridulce que el partido más votado no sea el que gobierne y que el futuro de Galicia quede en manos de una coalición de perdedores”, dijo.
Sus palabras parecían apuntar a la conocida posición de Rodríguez Zapatero, quien, cuando era candidato a la presidencia, sostenía abiertamente que el poder corresponde a quien resulte más votado y no a quien lo obtenga por alianzas posteriores al veredicto de las urnas.
El decisivo escrutinio también se vio entorpecido por sucesivas interrupciones. La más sorprendente fue la que, de pronto, motivó un “apagón” en las computadoras que utilizaba la audiencia provincial de Pontevedra. “Alguien metió el pie donde no debía y desenchufó un cable vital”, fue la llamativa explicación oficial.
Si bien anoche todo era cautela ante las posibles derivaciones judiciales del proceso, en la sede socialista el aire era claramente festivo. “La sociedad gallega ha votado por el cambio y eso está claro”, decían, dando a entender que cualquier recurso no podría ignorar la tendencia en una jornada que pasará a la historia.
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