EL SUIZO FEDERER, NUEVO 1 DEL MUNDO, SE QUEDÓ CON EL ABIERTO DE AUSTRALIA
La era Roger Federer está en marcha desde su título en Wimbledon el año pasado. Y aquí, en el mismísimo Rod Laver Arena y ante 16.057 mil espectadores hizo otra escala, pero sobre rebound ace. Por eso el suizo talentoso le imprimió su sello al festejo tras derrotar en la final al ruso Marat Safin por 7-6 (7-3), 6-4 y 6-2 tras dos horas y quince minutos de juego. Se puso de rodillas, levantó los brazos, miró al cielo y gritó por su segundo título de Gran Slam de la misma manera que lo había hecho días atrás cuando se convirtió en el nuevo número 1 del mundo.
Sin objeciones, este joven de la vincha y los sueños en grande, se quedó con el título 12 de su carrera profesional que comenzó en setiembre de 1998 con una derrota en Gastaad ante el argentino Lucas Arnold, y también con el liderazgo del ranking que había logrado ante el español Juan Carlos Ferrero, en las semifinales. Con la curiosidad de que ambas conquistas las consiguió sin entrenador.
De formidable saque, muy buena volea, un revés fenomenal que mejora día a día, mucha frialdad para resolver situaciones importantes y talento en cantidades, Federer está señalado por gran parte del mundo del tenis a ser el sucesor del gran Pete Sampras. Al menos en una estadística menor ya lo está imitando: Pistol ganó Wimbledon en 1993 y el Abierto de Australia en 1994. Aunque aún falta demasiado para que la comparación sea más consistente, ya que el norteamericano tiene el récord de 14 Grand Slam en el bolsillo.
Con el aliento del público, este joven de 22 años nacido en Basilea, salió a la cancha a seguir haciendo historia. El comienzo del partido fue irregular. Los dos, al contrario de lo que había sucedido en el torneo, no sacaron bien y se quebraron cuatro veces en los primeros siete games. Federer le jugaba sobre el revés para no darle participación al drive de Safin y lo pasaba cada vez que el ex 1 del planeta subía a la red. En el 5-6, Safin salvó dos set points y en el tie break, dos passings del primer suizo en ganar un torneo acá, abrieron el camino para ganar el set.
Safin venía de jugar casi 19 horas en todo el torneo, incluído partidos memorables contra los estadounidenses Andy Roddick y Andre Agassi. Entonces había que ver hasta dónde aguantaría su físico y su fuerza mental para aguantar a su rival. La respuesta no tardó en venir, porque cuando lo quebraron en el quinto game, se derrumbó. Justo él, que no había hecho doble faltas ante Agassi, cometió una en ese juego, perdió en el duelo de derechas luego y no pudo aguantar la presión de recibir golpes sobre su revés. Después se fastidió, rompió una raqueta en el séptimo juego, en el 3-5 e iguales se puso del lado equivocado para sacar y Federer no lo perdonó. Porque esa es otra virtud del campeón: como un gran cirujano da bien la puntada final, sin temblar, sin ponerse nervioso. Después fue anécdotico el resto del partido porque el gran Federer no soltó a su presa.
Este Abierto de Australia dejará la confirmación de que Federer, Roddick, Ferrero y David Nalbandian, más Guillermo Coria —pese a que se fue en primera ronda—, pertenecen a la generación que marcará el camino del triunfo en este nuevo milenio. Por suerte para el Mundo Tenis, este grupo recuperó a Safin (tiene sólo 24 años), quien llegó a este torneo como 86 del mundo y repitió “quiero volver a ser el número 1”. Talento no le falta y juego, por supuesto, tampoco. Quedó demostrado en el Melbourne Park durante dos semanas seguidas.
Un estadio a la medida del primer mundo del tenis. Un campeón de la talla de los grandes de la historia. Un torneo que cada vez más va ganando popularidad entre los Grand Slams. Se terminó el Abierto de Australia. Pero el show de la pelotita y los malabaristas de la raqueta continúa. Con Roger Federer, el nuevo rey, a la cabeza.
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