EL SUSPIRO, BOCA GANÓ EN LOS PENALES
Ganó en su ley. En los penales. Como en Tokio, San Pablo, la Bombonera o, como anoche, en Racing. Boca es semifinalista de la Copa Libertadores y espera a River, si esta noche se clasifica en Cali. Necesitó apelar a su mística y a las manos de Abbondanzieri para seguir en carrera ante un rival complicado que estuvo a punto de hacer historia ante el campeón de América y del Mundo.
¿Alguien puede imaginarse a la hinchada de Boca, tan fogosa como seguidora, en silencio? Pocos podrían creer esa situación. Sin embargo, durante varios pasajes del primer tiempo, un largo rato del segundo y en esa infartante definición desde los doce pasos, cuando fallaron infalibles como Barros Schelotto o Cascini, las gargantas estuvieron apagadas.
Es que, como pocas veces, el equipo no brindó en el campo de juego la seguridad de otras veces. Bianchi sabía que tenía enfrente un partido difícil, pero se encontró con un rival que impuso el control en el mediocampo, toque corto y manejo claro de la pelota, especialmente por los costados, con Gilberto y Mineiro. Y sufrió mucho porque no pudo sorprender y nunca encontró las marcas.
De entrada, Gilberto impactó un zurdazo —previo roce en las manos de Abbondanzieri— en el travesaño. Boca estaba desordenado y recién empezó a acomodarse a los diez minutos, cuando se soltó Matías Donnet por la derecha, jugando casi como un viejo puntero. Y de los pies del volante se generó la mejor chance: ejecutó un centro desde la derecha, Anderson Lima se la quiso bajar con el pecho a su arquero pero la dejó servida para Guillermo. Sin embargo, en la puerta del área chica, la volea del mellizo se perdió en el cielo.
No hubo mejores ocasiones para Boca frente al arco de Silvio Luiz en la primera etapa. Es que le costó mucho sorprender y tanto Guillermo como Tevez padecieron a los defensores visitantes, que no cedieron un centímetro.
La noche no era a pedir de Boca. Y Avellaneda enmudeció en una réplica letal de Sao Caetano, a los doce del complemento: taco de Euller a Gilberto, carrera larga del volante, enganche ante Burdisso y exquisita definición de derecha a un rincón. Uno a cero.
Pero Bianchi siempre parece tener un as en su manga. Y a los diecinueve ordenó el ingreso de Barijho por Cagna. Sesenta segundos más tarde, Boca recuperó la memoria del gol: Tevez dejó al Chipi cara a cara con Silvio Luiz, el goleador metió un puntazo y acabó con la sequía de 361 minutos. Uno a uno. Boca apostó a su garra, pero nunca tuvo claridad y quedó expuesto al contraataque. Hubo un cruce de Serginho al propio Barijho que cayó en el área y dejó muchas dudas. Sobre el final se lo perdió Gilberto en el corazón del área. Y llegaron los penales. Y las atajadas de Abbondanzieri, que además había hecho el gol que antecedió al último disparo, el que falló Mattos. Y por fin, después del silencio, el grito infinito de todo Boca…
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