EL TAMBO TAMBIÉN FABRICA FERTILIZANTES
En el área de ordeño de los establecimientos lecheros, se generan —por vaca y por día—, aproximadamente 500 gramos de residuos constituidos por heces, restos de alimentos y barro. Lo que significa que se está ante todo un problema, si no se sabe qué hacer con ellos. Pero en el INTA Rafaela le encontraron la vuelta al asunto: una alternativa para facilitar su manejo es almacenarlos y utilizarlos como fertilizantes.
Fue en ese marco que la entidad realizó un ensayo sobre maíz destinado a forraje. Para ello comparó el efecto de 70 kilos por hectárea de nitrógeno (N) aportado por los residuos —en tres momentos diferentes: 137, 98 y 60 días antes de la siembra— con igual dosis de N provisto en forma de urea.
La producción de materia seca se incrementó entre el 7,93 por ciento y el 11,44 por ciento por acción del abono orgánico, y el 22 por ciento por efecto de la urea.
Asimismo, los investigadores encontraron que la proteína bruta aumentó entre el 1 y 1,3 por ciento en el caso de los abonos orgánicos y un 1,8 por ciento debido a la urea.
Si bien se requieren nuevos ensayos para mejorar la eficiencia, los especialistas concluyeron que el empleo de estos residuos es una alternativa conveniente para el logro sostenible de altos rendimientos de maíz forrajero.
Asimismo, mediante este sistema se elimina una fuente de contaminación ambiental.
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