EL TRÁNSITO CAUSA EL 90% DE LA POLUCIÓN
Es un día de semana de invierno en Buenos Aires. A las 7 empiezan a entrar en la ciudad unos 3 millones de personas, que se suman a sus 2,8 millones de habitantes. Durante 13 horas, esa enorme cantidad de gente se movilizará por la ciudad en diferentes medios de transporte. Al finalizar el día, aproximadamente 1,3 millones de litros de nafta y 93.000 m3 de GNC habrán sido cargados en diversos vehículos.
A los 700.000 automóviles porteños se sumarán, entonces, otros 700.000 que entraron en la ciudad y que, junto con las 134 líneas de colectivos, los 38.000 taxis y 5000 remises, emanarán gases contaminantes hacia la atmósfera.
Hoy, el 90% de la polución que se registra en Buenos Aires es provocado por los vehículos que la transitan.
A pesar de que desde hace décadas se promete un monitoreo para determinar el grado de contaminación que sufren los porteños como consecuencia de esa concentración de gases, éste todavía no se hizo.
En agosto del año pasado, la Legislatura porteña sancionó la ley que dispone un estricto monitoreo de la calidad del aire y la vigilancia epidemiológica, con el fin de controlar esas emisiones de gases nocivos para el ambiente y la salud. Pero el gobierno porteño todavía no la reglamentó.
Humo negro, hidrocarburos, dióxido de azufre, monóxido de carbono y óxidos de nitrógeno son algunos de los componentes que despiden los caños de escape. Las emanaciones de gases y su alta concentración son nocivas para la salud: las exposiciones crónicas traen aparejados problemas respiratorios y cutáneos.
Curiosamente, a pesar de la crítica situación que se observa en grandes urbes como Buenos Aires, la Argentina está mejor posicionada que países como Chile y Estados Unidos en un ranking internacional sobre niveles de contaminación. Y no ocurre ello por acciones que la Argentina adopte tendientes a procurar y mantener un aire puro, sino porque tiene vastos recursos naturales que le permiten compensar la falta de una política de protección, explican los expertos (ver aparte).
Un análisis del Grupo de Monitoreo Ambiental de la Comisión Nacional de Energía Atómica permite estimar que las emisiones de dióxido de carbono equivalente [se reducen todos los gases que provocan el efecto invernadero] totalizaron unos 247 millones de kg para la Capital en 2003. Este dato es el primero que se obtiene para el inventario de emisiones que debe realizar la Argentina en el Protocolo de Kyoto.
Marcelo Bormioli, especialista de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (UBA), que participa del Programa de Aire Limpio porteño, explicó que estos gases se emiten a la atmósfera, pero que su concentración depende de los factores climáticos, por lo que sólo un monitoreo sistemático permitiría determinar el grado de contaminación.
“En la ciudad de Buenos Aires falta hacer un modelo en el que se pueda calcular cuál es la real calidad de aire. La nueva ley -pendiente de aplicación, pues hace cuatro meses que espera ser reglamentada por el gobierno porteño- actualiza algunos parámetros como, por ejemplo, las mediciones del plomo, hoy ausente en las naftas”, dijo Bormioli.
El gobierno porteño no tiene jurisdicción sobre los colectivos. Sin embargo, la Dirección de Control de la Calidad Ambiental local verifica los caños de escape en las terminales de transporte público que están en la Capital. Hasta el 30 de junio se han realizado 4629 inspecciones: aproximadamente un 10% estaba en infracción.
Colectivos viejos
Diego Martínez, director de esa cartera, evaluó que “la falta de renovación de las unidades del transporte público y la necesidad de una mayor toma de conciencia y un mantenimiento y un manejo responsable” son las causas de la contaminación.
La ciudad cuenta con una sola estación de monitoreo, en Ortiz de Ocampo y avenida Las Heras, en Palermo, por lo que ha sido imposible, hasta el momento, la realización de un diagnóstico completo de la calidad del aire. Pero hay algunos datos interesantes: con respecto a las emanaciones de monóxido de carbono, en la Dirección de Control de la Calidad Ambiental se indicó que “los valores registrados no superan el máximo aconsejado por la OMS”. Sin embargo, se indicó que “se observa un aumento de las emanaciones de los óxidos de nitrógeno”. Según los especialistas, esas concentraciones altas provocan constricción bronquial, tanto en personas asmáticas como sanas.
Los controles del transporte automotor son responsabilidad de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT). A pesar de que no se brindó un detalle a LA NACION sobre las infracciones labradas, se informó que durante el primer semestre de 2005 se incrementaron los controles en un 104,8% respecto del mismo período de 2004 y en un 47% en cuanto a las infracciones por emisiones de gases tóxicos.
“Prácticamente todas las unidades son verificadas por los inspectores de la CNRT más de dos veces por semestre, además de los controles obligatorios en los centros de verificación”, dijeron en el organismo. Según el detalle, mientras que en 2004 se inspeccionaron 6070 unidades, en el primer semestre de este año fueron 12.431.
Sergio López Matheu, administrador de Transportes 68, de la línea homónima, a cargo del recorrido Plaza Miserere-Puente Saavedra, coincidió en que hay un mayor grado de inspecciones: “Yo diría que hasta exagerado, porque hacen multas sin sentido”, se quejó. “El problema es más que nada con los colectivos viejos, que echan mucho humo”, sostuvo Norberto, chofer de la línea 12.
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