EL TRISTE FINAL DE ZIDANE
Habían tenido varios encuentros durante el partido. Faltaban sólo diez para el final cuando Materazzi y Zidane se cruzaron una vez más en el área de Italia. Se alejaba el francés y algo le debe haber dicho el italiano: Zizou se dio vuelta y delante de la mirada de Darío García le pegó un descalificador cabezazo en el pecho.
Un triste final para una de las carreras más brillantes que tuvo el fútbol internacional en las últimas décadas. Porque hasta ahí, el hombre que supo encantar a propios y ajenos en tantas competencias hasta podía alzarse con el Balón de Oro. Había movido los hilos del equipo con la elegancia que lo caracteriza, arrastrando hasta la gran final en Berlín los elogios que supo ganarse en octavos, contra España, en cuartos, eliminando a Brasil y en la semifinal, contra Portugal.
Pero el “vivo” defensor italiano logró “sacarlo”. Reaccionó el francés como un inexperto veinteañero y tiró por la borda con una agresión digna de un cabaret de Marsella todos los merecimientos que había acumulado. Un triste final para una carrera brillante.
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